Kevin Johansen no es solo un cantautor que le falta “el respeto” a los géneros “con cariño”. Es también un “arqueólogo” que juega con las palabras y con el humor en las letras de sus canciones: “Para mí, la ironía es como un burka bajo el cual se pueden decir las verdades más tremendas”, asegura.

Con su último álbum, “Mis Américas, Vol. 1/2”, Johansen (Fairbanks, Estados Unidos, 1964) ha cumplido con las expectativas: hacer un viaje que va desde el folk norteamericano hasta el folclore sudamericano, “mantener fieles a los fieles” y despertar “a algún desprevenido”, señala en una entrevista con Efe.

Ahora, el cantante -de madre argentina y padre estadounidense-, está en medio de “un sandwich ibérico” junto a su banda, The Nada, ya que, después de actuar esta noche en Madrid y mañana en Barcelona, continuarán por ciudades como Roma, París y Londres hasta su regreso a España, donde se presentarán también en Valencia, Murcia y Sevilla.

En sus últimas canciones, en las que han participado sus hijos porque es algo “muy orgánico y natural”, hay cumbia, bachata, country, bolero y alguna balada en inglés; sonidos en los que la personal voz de Johansen deja su impronta.

“Hay que ser lo suficientemente creativo para faltarle el respeto a los géneros con cariño”, asegura el músico, que incide en esa idea mediante unas palabras que el escritor irlandés Samuel Beckett dijo a la coreógrafa franco-española Maguy Marin y que él comparte en redes sociales: “Con respeto no se logran cosas bellas”.

Eso, en cuanto a la forma de su música, pero sus letras dejan ver que, además de un cantautor, es “un arqueólogo de la palabra”, a quien gusta jugar con el lenguaje e inventar canciones llenas de humor.

“Para mí la ironía es como un burka o como un velo bajo el cual uno puede decir las verdades más tremendas”, afirma.

Si ese recurso no se utiliza más en las canciones es, dice, porque “uno corre el riesgo de no ser tomado en serio”, pero él defiende la acción de “machacar las pequeñeces o las miserias humanas desde el humor”, como hacen Joaquín Sabina o Marcos Mundstock (Les Luthiers).

A este último le pidió “socorro” el pasado año y juntos crearon “Bach-chata (Habladurías)”, un tema repleto de juegos de palabras, como el del propio título: “La calumnia los sostiene, los estructura, es su calumnia vertebral”, dice la canción.

También con humor se toma la “hipoacusia moderada” que le detectaron el pasado año, un problema auditivo que “solo” significa “que escucha más grave” con el oído izquierdo: “Más que oído absoluto, ahora tengo oído obsoleto”, bromea.

Y adopta un tono más serio para defender el que, cree, es el mensaje fundamental de su último álbum: “Celebrar las diferencias”

“Estamos en un mundo que está ‘torciendo’ muy en contra. La motivación parece provenir de lo negativo, con esos nazionalismos con ‘z’, los de ponerle la bandera al otro en la cara”, sostiene.

A sus 53 años, “cinco-tres”, el mismo que un día se definía (en broma) en una de sus canciones más famosas (“Desde que te perdí”) como “el Hugh Hefner aragonés” se siente “muy mayor y a la vez muy joven”: “Un tío mío que vive en Málaga (sur de España) me decía, a sus setenta años, que no se siente como el que ve reflejado en el espejo. Y yo me siento identificado”, revela.

Sin embargo, está en un momento “muy pleno” en el que disfruta más que nunca con su querida banda, The Nada, porque, después de 15 años, ya tienen “la maquinaria bien aceitada”.

A Johansen aún le esperan, dice ilusionado, muchas colaboraciones con otros artistas -porque es de lo que más aprende-, crecer en lo visual -pues tiene “un lado de director de cine frustrado”- y “ponerle el moño” a su último álbum.

“Será otra forma de decir que las Américas son tan enormes e inabarcables que en un solo disco no entran. Se podría llamar ‘Mis Américas volumen tres cuartos’, pero tengo que pensarlo. Soy muy titulero; no puedo con mi ingenio”, concluye bromeando.