¿Crees que esta elección reflejó de alguna manera la caída del viejo orden político?
No le pondría tanto, todavía hay tierra fértil para varias cosas. Creo que hay situaciones interesantes que no se esperaban porque la derecha venía muy triunfalista, pero tampoco diría que es el término.

Pero en la práctica ya no estará en el congreso Rossi, Andrade, Walker, Zaldívar y Escalona, políticos asociados a la old school.
En lo simbólico eso es súper importante, por algo no los eligieron, porque no estaban representando a un porcentaje importante de la población. Creo que efectivamente hay un cambio importante, un momento en que el proyecto concertacionista se desfondó en términos electorales. La apuesta de la DC por irse en un camino propio, conservador, evidentemente representa un fracaso electoral y eso los hará reflexionar respecto a su domicilio. Hay una crisis bien profunda ahí, pero tampoco podemos decir que ahora el parlamento es el lugar más representativo que hay. Creo que van a existir nuevos espacios de disputa y tensión.

Beatriz Sánchez habló del fin de las cocinas, ¿Es tan así?
Creo que esa es una señal potente, porque quienes simbolizaron mayormente el fuego amigo del oficialismo, fueron efectivamente Walker y Zaldívar, dos caras visibles de la amenaza constante de la DC a los intentos reformistas del gobierno de la Nueva Mayoría. Y que ellos hayan caído refleja que la tesis que planteaban, más que tener un asidero en la población, lo tuvo en sus círculos de poder ligados a la élite chilena económica, política y tecnocrática.

La respuesta electoral fue parecida a lo que le dijiste a Lagos en un twitt: “éntrese, tío”.
Una cosa así, un go to wash o anda a lavar, pero de una manera más coloquial, con un voto, una rayita.

Interpretas los resultados de la elección como un deseo de cambiar el modelo.
La gente que votó por nosotros, sin duda, pero todavía somos minoría.

Aunque pasaron a ser la tercera fuerza política del país…
Sí, somos la tercera fuerza política, superando todas las expectativas que nos habíamos puesto, pero tratando a su vez de poner bien los pies en la tierra. De los 13 millones que tenían derecho a voto, un millón 200 mil votaron por No Más AFP que era nuestra propuesta explícita. Entonces sí, es un porcentaje que se inclinó por las transformaciones. Y en eso no tuvimos complejos, dejamos de lado la ambigüedad en la que se está constantemente debatiendo la política chilena, manteniendo esa falsa calma que se armaba entre los conglomerados. Yo creo que efectivamente votaron por una transformación para cambiar de modelo.

¿Quiénes conforman ese 20% que votó por el Frente Amplio?
Te lo diré con puro olfato, porque no tengo ningún dato para interpretarlo. Hemos percibido que hay un electorado joven que se siente parte de lo que venimos construyendo desde el movimiento estudiantil con un fuerte cuestionamiento al marco político, discursivo y gramático de la política chilena de los últimos 25 años. Creo que fuimos capaces de transmitir un mensaje honesto, directo y sin complejos que representa la forma como hemos venido haciendo política de una manera más sencilla, austera, menos rimbombante, más frontal. Mucho más parecido a lo que hemos hecho en el activismo. También la capacidad de cuestionar los privilegios de la clase política, las reelecciones, la dieta parlamentaria, han sido factores que han influido en la composición de un electorado del Frente Amplio. Y obviamente algo fundamental en la votación que logramos fue el gran liderazgo de Beatriz Sánchez.

¿Llevó el Frente Amplio nueva gente a votar o crees que se redistribuyó el electorado de los votantes históricos de la izquierda?
La verdad es que no lo sé, porque no hay datos de trazabilidad para saber cuánta gente se quedó en la casa respecto de los que habían votado antes, pero mi sensación es que fue a votar mucha gente nueva. De hecho, se esperaba una catástrofe en términos de participación, pero creo que el Frente Amplio contribuyó a que más personas se volvieran a reencantar, no en el sentido cliché, superficial, si no en el compromiso y la corresponsabilidad de conducir el país. Y eso, al menos a mí, me entusiasma.

Da la impresión, además, que hay un grupo importante que antes votó por la Nueva Mayoría y ahora lo hizo por ustedes.
Yo diría que hay un sector desencantado por todas las confusiones y poca claridad que ha existido respecto a la mezcla de dinero y política en la coalición de gobierno, la falta de renovación interna y la mantención del poder dentro de los espacios cupulares de los partidos. Todo eso creo que fue mermando la capacidad de ellos en organizaciones sociales de base, quitándole el sentido a la propia militancia que fue encontrando, al menos en el proyecto del Frente Amplio, una alternativa más acorde a sus ideales. Ahí me atrevo a decir que hay buena parte de nuestro electorado.

¿Cuánto de estos votos son endosables a Beatriz Sánchez y cuántos a los candidatos que fueron elegidos? Porque hablamos de porcentajes distintos.
El Frente Amplio tiene menos, poco más de la mitad de los que sacó nuestra candidata, y eso es súper bueno para el proyecto frenteamplista. Ella fue importante para configurar una bancada parlamentaria, pero también me consta que todas esas candidaturas parlamentarias que estuvieron en terreno, transmitiendo el proyecto del Frente Amplio, también le sumaron a Beatriz Sánchez allí donde no la conocían. Sinceramente, creo que ambas cosas sumaron. Fue una sinergia mutua.

Amenaza al Statu Quo

¿Cuál va a ser el rol de Beatriz Sánchez en este nuevo escenario en el Frente Amplio?
Ha tenido un rol preponderante todo este tiempo, ella fue nuestra candidata presidencial, pero hoy día por supuesto está a la cabeza del Frente Amplio.

¿Desde dónde va actuar? ¿Cuál va a ser su lugar?
Creo que su liderazgo se proyecta tremendamente en política. Siento un orgullo gigantesco el poder estar al lado de ella. La vi muy contenta después de los resultados, con mucha emoción, pero me da la impresión que todavía no tiene claro todos los escenarios que se abren.

Pero habrá un lugar especial para ella, me imagino.
Habría que preguntarle a ella, no tengo una bola de cristal, lo que si se es que durante esta semana ella va a tener un rol preponderante en las definiciones que hagamos como Frente Amplio.

¿Qué piensas del clima que se generó con las encuestas y de los falsos oráculos que habló Beatriz Sánchez?
Comparto plenamente lo que dijo Beatriz, porque ella tuvo que cargar con una serie de cuestionamientos muy injustos. Con lo genuina que es, siendo lo transparente que es, luminosa, esa es la palabra, creo que convocó a muchas más personas de lo que los analistas creían, y cada vez que se la tildó de estar controlada o abandonada como si no tuviera un carácter o un liderazgo propio, siento que se equivocaron profundamente.

¿Hubo trampa en las encuestas?
Por parte de las encuestadoras hubo una incapacidad técnica brutal. Y por los medios, a veces también por algunas de estas encuestadoras y analistas, hubo una intencionalidad política de no saber asumir con humildad que las herramientas que ellos tienen, en el mundo del voto voluntario, generan tanta incertidumbre que no vale la pena ponerle tanto énfasis. El fenómeno del voto probable no tuvo ninguna cercanía con la realidad, lo que nos demuestra que hubo una intencionalidad política de darle ventaja a Sebastián Piñera y, por un lado, llevar a la irrelevancia el proyecto político frenteamplista porque se lee como una amenaza al statu quo.

No sólo eso, también se habló que detrás de ella había gente que le soplaba al oído y que tú eras uno de sus ventrílocuos.
En eso creo que hay mucho machismo. Desmerecer el liderazgo que ella tiene, que quizá es distinto al que se conoce, es no entender que la política no se trata sólo de cifras, de la experiencia política previa, sino sobre todo y fundamentalmente de como representar. Y esa capacidad de convocatoria se minimizó en un afán muy tecnocrático. Pero pese a todo ese ninguneo ella fue capaz de taparle la boca a muchas personas que la hostigaron durante la campaña.

¿Dudaron en algún momento de esas virtudes?
Es que los momentos más complejos nos tuvimos que apapachar mucho entre todos y Beatriz, con una sensibilidad que en política se mira en menos y se tiende a ver como algo negativo, por algo se dice que la política es sin llorar. Beatriz sin embargo llora, Beatriz acusa el golpe. No trata de hacerse la dura.

¿Lloró mucho?
Claro, es buena para la lágrima la compañera, tanto por emociones positivas como por rabia, y eso nos emociona a nosotros porque estamos ahí cerca. Es súper importante lo que ella hace porque en los momentos más difíciles nos devuelve las razones por las que estamos acá, nos aleja del cálculo, la cuña, del ámbito comunicacional y nos baja al tiro a la guata, a donde estamos, por qué estamos. Yo creo que eso es una inyección de energía todo el tiempo.

Me imagino que acusaron varios golpes en el camino. Después de Tolerancia Cero, por ejemplo.
Más que en Tolerancia Cero, en otros programas cuando le hacían una pregunta y ella se llevaba mal con la respuesta, nos decía que no se había sentido bien con la entrevista. O después del conflicto que hubo en la inscripción de listas parlamentarias, acusó el golpe y dijo que sentía que no lo habíamos hecho bien. También cuando salió la CEP nos comentó que esperábamos otro resultado y que teníamos que mejorar. Creo que es bien inédito lo que ella logra, porque parece ingenuidad, pero nos retrata mejor como somos. Somos seres humanos, nos equivocamos, pero más importante que fallar o no saber una respuesta, es cuál es la actitud que tú tienes para sobreponerte a eso.

¿Cuál es el valor de la ingenuidad en un territorio donde abundan los colmillos largos de la política?
Yo creo que la esperanza siempre es algo medio ingenuo, incierto, algo que no ha pasado pero podría pasar, y eso requiere de ciertos niveles de ingenuidad. La esperanza te permite soñar, la real politik no porque te dice lo que se puede hacer. Yo creo que la ingenuidad da paso a la esperanza. Esa es la señal que ella ha mandado a la ciudadanía, en distintas partes de Chile.

¿Se puede gobernar con toda esa carga emocional?
De hecho, creo que le falta eso a la política. Falta que nos mostremos más como somos. Si queremos vínculos de confianza con las personas para que se involucren en política, tenemos que partir mostrando que no somos superhéroes, superheroínas, sino personas de carne y hueso con las mismas emociones que tiene la gente en cualquier lado. Hay que transparentar nuestros miedos, nuestras inquietudes y de esa manera volver a tejer pequeños vínculos que permitan debatir sobre el fondo. Sin ese vínculo emocional es imposible debatir si queremos o no terminar con las pensiones. Yo creo que el Frente Amplio está contribuyendo con un granito de arena a tejer pequeños lazos de confianza que esperamos que se fortalezcan y crezcan en el tiempo.

Cuánto contribuyó Beatriz Sánchez en humanizar a un sector que parecía intransigente. Un tiempo, incluso, los trataron de puritanos.
Se nos ha caricaturizado harto que somos impolutos, puristas, todos los calificativos posibles, pero nosotros lo que tratamos es simplemente ser coherentes y ponernos como meta, como cable a tierra, saber si estamos haciendo lo que nos comprometimos a hacer. Ella sigue esa misma línea. La diferencia con nosotros es que somos más recelosos de cuidar nuestro espacio de construcción política. A ella le preocupa menos asumir derrotas, le cuesta menos mostrarse débil, porque ella es así.

Segunda vuelta

Hablar de segunda vuelta a estas alturas, me imagino, ya no es pisar el palito…
No, en absoluto. Todo el Frente Amplio está convocado esta semana a hablar de segunda vuelta. Nuestra candidata nos ha pedido que tengamos un debate abierto sobre cuál es la manera en la que el Frente Amplio debiese contribuir a las transformaciones por las que estamos luchando en este nuevo escenario. Asumimos la derrota, por cierto, sacamos 20% y la Nueva Mayoría hoy tiene la responsabilidad, a través de la candidatura de Alejandro Guillier, de convocar a una mayoría que derrote a Sebastián Piñera.

¿Qué responsabilidad les cabe a ustedes? ¿Se sienten o no dueños de los votos?
No somos dueños de los votos. Hay muchas personas que votaron por nosotros, otras que se sienten antipiñeristas y un porcentaje importante que no le tiene ni confianza ni simpatía al proyecto de la Nueva Mayoría y se han ido desencantando.

Pero ante este escenario es probable que se sumen y voten en contra de Piñera.
Hay de los dos grupos. Probablemente pese más el porcentaje de personas independientes, que igual va a decidir ir a votar, no sé si con tanta decisión a favor de Alejandro Guillier como en contra de Sebastián Piñera, que pienso sería un poco más preponderante. Todos esos escenarios son los que tenemos que dilucidar en estos días. Mi impresión es que tenemos que comunicarle al electorado que, a diferencia de lo que se ha hecho antes, nosotros no estamos por una negociación para integrar el gobierno, por una disputa de cargos y beneficios personales. Eso es súper importante transmitirlo y no nos alegraría ni por cerca, sino todo lo contrario, una victoria de Piñera

¿No habría, entonces, como en el periodo de Bachelet, una “participación crítica” de Revolución Democrática dentro del aparato público?
No, sacamos nuestro aprendizaje de ese proceso. Cuando uno no es gobierno e intenta empujar un carro al interior de él, se queda con el peor de los mundos porque al interior no tienes la fuerza necesaria para empujar una agenda con toda la fuerza que nos gustaría porque al final cortan los ministros, La Moneda y, por otro lado, te asignan toda la responsabilidad. Ese no es un escenario optimo, ni recomendable en ningún caso.

¿Fue un error?
Es que no hubiésemos aprendido de esto si es que no tomamos esa decisión. En su momento nos parecía lógico.

¿Y ahora?
Hubo algo de ingenuidad, un exceso de expectativas que tenía Bachelet con este ímpetu reformista, con mayoría en ambas cámaras, y uno decía este es el momento donde se van a concretar todas las cosas por las que estamos luchando, trataremos de incidir en eso. Aunque se pudo incidir en algunas cosas, no fue como nos hubiese gustado. Pero obtuvimos un aprendizaje. Por eso creo estar interpretando no solo a nuestro partido, sino también al Frente Amplio en un escenario que queda descartado si el próximo gobierno es de la Nueva Mayoría.

Pero en el Frente Amplio conviven distintas almas. ¿Dónde queda el discurso de la vieja política si en algún momento deciden negociar con la Nueva Mayoría?
Es súper importante entender cómo se han realizado las negociaciones políticas en el pasado. Escenarios donde existen transacciones en torno a intereses más bien individuales o corporativos de los partidos, y no en torno al país o al programa de gobierno. Ese modelo está en la crítica fundacional del Frente Amplio. Si hay algo que nos une es un rechazo a esa forma. No así hablar de un programa y de cosas que nos gustaría avanzar en los próximos años. Ahí hay un espacio para un diálogo abierto.

Por ahora, al parecer, las posiciones están distantes a nivel programático.
Es que hay elementos centrales que son súper determinantes para el proyecto frenteamplista que tiene que ver con los derechos sociales y con la institucionalidad política que no están en el programa de Guillier. Estamos hablando, por ejemplo, de no más AFP.

¿Qué cosas no transarían?
Yo no quiero hacer una lista de supermercado, creo que sería un error. Pero sin duda, en materia de seguridad social, entendida como la solidaridad intergeneracional hay que ser menos ambiguos, más claros y directos. Lo que realmente significa la solidaridad como concepto, para la redistribución social, para el progreso social, para la igualdad en todo su ámbito. En las pensiones, en la salud y la educación. Eso es parte de nuestro ADN, lo que nos hizo entrar en política, pero que está muy lejano al proyecto de Alejandro Guillier.

¿Y a nivel institucional?
Hay temas importantes, como tener una nueva constitución a través de una asamblea constituyente, la relación con los pueblos originarios o el hecho de que tengan militarizada la zona. Ahí también hay harta distancia. Ahora, en términos de afectos, el votante que nos apoyó y que no puedo hablar por él, pero sí lo he percibido, es alguien que no confía en el proyecto de la Nueva Mayoría y que en esta pasada puede que opere más fuerte su antipiñerismo. Por esa misma incertidumbre no podemos llamar a votar disciplinadamente. En ese gesto, que creo es de humildad, hay un espacio abierto para el debate. Y no para la negociación como se ha visto en años anteriores.

¿Para la repartija?
Sí, para la repartija. Porque acá no se está hablando en ningún caso de coalición, parafraseando a Jorge Sharp. Somos un proyecto distinto al de la Nueva Mayoría. Yo creo que eso quedó claro en la elección y estamos muy consolidados en esa línea. Aunque, obviamente, existe responsabilidad en una fuerza que saca 20%. Tenemos algún nivel de responsabilidad, pero la principal hoy día la tiene Alejandro Guillier y la Nueva Mayoría, en cómo y qué señales da a la población porque no somos dueños de sus votos. La duda está en si Alejandro Guillier va a ser capaz de convencer a esos indecisos. Que quizás se levantaron con nosotros pero que, si la elección fuera mañana, probablemente no se levantarían a votar por él. Y ahí, en ese porcentaje que puede ser determinante, está el trabajo que se pueda dar en estos días en el debate frenteamplista, que no va a ser fácil.

Javiera Parada dijo que estaría dispuesta a apoyar a Guillier.
Dijo que va a respetar 100% lo que se tome como definición, pero que en su caso el antipiñerismo es más fuerte. La invitación que hizo Beatriz ayer fue a no temerle a este debate. Hay otros que dicen que ambos proyectos son lo mismo. Todo eso vamos a tener que discutir. Y vamos a tener que llegar a una opinión mayoritaria que va a ser lo que el Frente Amplio debe proyectar hacia futuro.

¿Cómo vislumbras hoy el liderazgo de Sharp con en el único senador del Frente Amplio en su distrito?
Importantísimo, creo que Jorge Sharp es uno de los que abrió camino en este último tiempo. Sin el “sharpazo” hubiese sido muy difícil imaginarse la victoria de este año. Le asigno mucha responsabilidad al proceso que se vivió en Valparaíso, que partió con unas primarias ciudadanas. Ese proceso hay que cuidarlo mucho, porque es de las pocas experiencias que nos abren la esperanza de decir “se puede”.

Dijiste hace un tiempo que el conflicto con Mayol por la lista parlamentaria te iba a afectar en las elecciones. ¿Ganaste el gallito?
No creo que haya salido incólume. A mí me importan mucho los procesos. Creo que el Frente Amplio, en lo cualitativo, perdió con el episodio de disputa por la lista parlamentaria con el tema de Mayol. Lo conversé con él, me mandó felicitaciones por el triunfo y le dije que me gustaría que el escenario lo dejásemos atrás, que el Frente Amplio creció y que él había sido responsable de lo que estamos viviendo hoy día.