Mariam, al centro con sus hijos, en su llegada a Chile (Agencia Uno)

El pasado 12 de octubre, Abde AlKarim y su esposa Mariam bajaron junto a su familia del avión que los trajo desde El Líbano, tras 26 horas de vuelo. Ella usaba un vestido gris con una hiyab negra sobre su cabeza; él una camisa a cuadros negra y blanca. Tomando en brazos a sus cuatro hijos, la pareja sonrió ante las cámaras. Se veían felices.

Después de pasar meses en un asentamiento para desplazados por la guerra civil en Siria, estaban a punto de comenzar una nueva vida en Chile. Ese día, Abde, Mariam y el resto de los 64 refugiados sirios -14 familias en total- que llegaron a nuestro país fueron recibidos por la presidenta Michelle Bachelet. “Quiero darles la bienvenida a su nuevo hogar”, les dijo la mandataria en su discurso. “Queremos que encuentren una tierra que los reciba con amistad, con buena voluntad, para que puedan hacer crecer sus familias con seguridad”, agregó.

Poco más de un mes después, el día previo a las elecciones presidenciales, Mariam sufrió un ataque mientras caminaba con su familia por la comuna de Macul. Un desconocido intentó quitarle la hiyab, y luego la empujó al suelo. Tras denunciar el hecho a carabineros, la familia se retiró hasta su casa. Al día siguiente se dirigieron hasta el hospital Dr. Luis Tisné de Peñalolén, donde les informaron que Mariam había sufrido un aborto espontáneo. Había llegado a Chile con un embarazo de cuatro meses.

Denuncia por agresión

De acuerdo a la versión recogida desde la 46ª Comisaría de Macul, el ataque a Mariam ocurrió el sábado previo a las elecciones, en las cercanías de la población Santa Julia. “Un hombre vio a la familia siria e intentó quitarle el velo (hiyab) a la mujer, empujándola y no causándole mayores lesiones. De todas formas se hizo la denuncia en esta comisaría”, relató un oficial de la unidad policial.

Fuentes al interior del Hospital Luis Tisné confirmaron a The Clinic que Mariam llegó hasta el sector de maternidad el día de las elecciones, “en trabajo de aborto espontáneo”, y que “se le realizó el procedimiento de acuerdo a su cuadro”. Luego de pasar por el pabellón, Mariam fue derivada al segundo piso del hospital, a la Unidad de Ginecología, donde pasó la noche a la espera del alta médica.

Luego de enterarse del ataque sufrido por Mariam, parte de la comunidad de refugiados sirios en Chile se movilizó. Este martes, una veintena de ellos llegaron con sus familias hasta el frontis de la sede de Naciones Unidas, en la comuna de Vitacura, para exigir una reubicación.

“Cuando atacaron a Mariam le gritaron, ‘sirios no, sirios no’. Para nosotros fue un crimen de odio”, asegura Nabil Shehawi (35), residente de Villa Alemana y uno de los pocos refugiados que habla inglés. Aunque de forma rudimentaria, Nabil hace las veces de traductor para el resto del grupo.

A su lado, Hasar (19), quien viste jeans rasgados y un jockey negro, aseguró que tanto él como su familia han recibido insultos. “Mi familia, mis hermanas menores, han sido acosadas en la calle.

Incluso, hemos recibido escupitajos. No son todos los chilenos, sólo algunos, pero casi todos los días recibimos discriminación”, dice.

“Queremos irnos de Chile”, complementa Nabil.

Desde la subsecretaría de Interior indicaron a The Clinic que este miércoles se ingresará una denuncia a la Fiscalía Oriente por el delito de agresión, buscando esclarecer lo ocurrido con Mariam. “Como programa lamentamos el incidente, estamos investigando y todas las gestiones policiales y judiciales que corresponde”, indicó Aurelia Balcell, quien agregó que “preliminarmente, me parece que este hecho no corresponde a un ataque que tenga que ver con el origen o la religión de estas familias”.

Nabil Shehawi junto a su familia, refugiados en Villa Alemana.

Nabil Shehawi junto a su familia, refugiados en Villa Alemana.

“Queremos irnos de Chile”

“Nuestro principal problema es el Programa”, asegura Nabil, el traductor.

El Programa de Reasentamiento, al que hace referencia Nabil, fue una iniciativa presentada por el Ministerio del Interior en abril de este año. Siguiendo las recomendaciones de ACNUR, la ejecución del programa fue licitada y entregada por dos años a la Vicaría Pastoral Social, Caritas, período tras el cual se espera que las familias reasentadas cuenten con total autosuficiencia.

“Cada vez que llamamos para ir al médico o tener atención de algún tipo, ellos son muy lentos. Siempre nos dicen que no se puede hoy, que mejor mañana, que la próxima semana, y así”, denuncia Muhammad Alhamede (21), residente de Macul.

Alhamede acerca su celular para mostrar un video de su hija, de un año y medio, tendida en una cama con un grave cuadro de tos. De fondo, se escucha a una mujer hablando angustiosamente en árabe. “Mi hija estuvo enferma por días, pero no pude obtener asistencia, no sabía a dónde ir. Mis vecinos me ayudaron a llevarla a un hospital”, agrega.

Aurelia Balcell, Jefa de la sección de Refugio y Reasentamiento del departamento de Extranjería del Ministerio del Interior, desestimó esta versión, asegurando que durante el primer mes de residencia de los refugiados, se realizaron 67 atenciones médicas solo para las siete familias de Macul.

“En términos de atención médica, dental y de acompañamiento, el programa junto a la salud pública les ha dado particular atención a los temas médicos de estas familias”, afirma Balcell.

Delfina Lawson, jefa nacional del Alto Comicionado de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), indica que “en todo proceso de reasentamiento se producen complicaciones, en todo el mundo. Pero desde aquí estamos trabajando 24/7 para darle una solución a las demandas, urgentes o no, de la comunidad de refugiados en Chile”.

A pesar de ello, los refugiados reunidos fuera de Naciones Unidas insisten en ser trasladados del país. “Es cierto que el ataque de Mariam fue el primero, pero estamos acá afuera de Naciones Unidas porque ya no queremos estar más en Chile. En cualquier país, pero no aquí”, reflexiona Nabil.

Hasar (19), su padre, y sus hermanas, Yasmin, Asmaa y Hassen.