El Frente Amplio ha resuelto adoptar una posición conjunta frente al balotaje del 17 de diciembre, después de un proceso deliberativo al interior de los diferentes partidos y movimientos. Lo más importante en esta decisión es entender que los electores de Beatriz Sánchez, y de los 21 nuevos parlamentarios de esta coalición, expresaron su adhesión a quienes representaron proyectos transformadores que responden a demandas sociales urgentes. Nadie puede arrogarse la propiedad de esas conciencias y, si aquellos votantes deciden volver a las urnas, lo harán nuevamente para manifestar ideas; no por llamados partidarios.

Por lo tanto, más allá de la decisión de los integrantes de nuestra coalición, el resultado de la segunda vuelta dependerá de la voluntad política de Alejandro Guillier de hacerse cargo de aquella ética de la igualdad, que inspira demandas tan sentidas como el fin de las AFP´s . Y también de demostrar esa otra ética, la probidad en política, que obliga a los representantes populares a dar testimonio de decencia.

Escribir eso en un programa es muy fácil; lo sabemos. Prometerlo todo para luego excusarse en el bloqueo derechista del Congreso ha sido una trampa recurrente, primero de la Concertación y, luego, de la Nueva Mayoría. Por lo tanto, no basta con interpelar al Frente Amplio y formular compromisos de última hora. Quienes piden votos deben lograr que les crean y recuperar la confianza que perdieron cuando se dejaron capturar por el interés particular de los grandes grupos económicos.

Es evidente que la derecha está en las antípodas de los intereses de los postergados, pero no sabemos con certeza de qué lado están los partidarios de Guillier. ¿Cuál es el compromiso de quienes ampliaron la cobertura de la educación superior, pero transfirieron pingües ganancias al negocio de las universidades privadas? ¿De qué bando están los que crearon el Auge, pero pagan onerosos recursos públicos a las clínicas para que atiendan pacientes rezagados? ¿Qué intereses sirven los que conceden gratuidad en educación superior, incluyendo universidades que lucran? ¿A quién defienden los que votaron a favor de la Ley de Pesca? ¿Para quién trabajan los que legislan penas y plazos ridículos para los delitos de colusión … Suma y sigue.

Nuestras diferencias con el programa de Guillier se develan en el uso de las políticas sociales para proteger el millonario flujo de bienes públicos hacia los grandes grupos económicos, manteniendo así la concentración de su poder, a través, por ejemplo, del blindaje a las AFP´s.

En esta materia, el candidato oficialista promete un Fondo de Ahorro Colectivo, financiado con un incremento de las cotizaciones, al que contribuirán los empleadores con un 3%. Los ingresos actuales de las AFP´s se mantendrán intactos, hasta que, algún día, “elaboraremos los estudios para que los trabajadores puedan optar por administrar sus aportes en el sistema colectivo y no en las AFP”, dice el texto de Guillier.

Si el abanderado que se opone a la derecha es capaz de despejar las sospechas que se ciernen sobre su coalición, ni siquiera necesitará que las directivas del Frente Amplio lo respalden. En suma, su verdadero desafío no es hacer más gárgaras con la igualdad, sino dar genuinos testimonios de su voluntad de emprender transformaciones reales.

Eso significa conectarse con la ciudadanía, generar alianzas con el movimiento social y así adquirir una fuerza suficiente para enfrentar la resistencia conservadora a los cambios.

Andrés Dibán,Secretario Ejecutivo Nacional de Revolución Democrática