El pasado sábado 25 de noviembre, el escritor, guionista, crítico, cienasta y periodista francés, Emmanuel Carrère, recibió el premio de la Feria del Libro de Guadalajara en reconocimiento a su constante y exitoso tránsito entre la ficción y no ficción, desde donde ha levantado obras memorables, reportajes internacionalmente reconocidos y lo que él ha definido como “un tipo peculiar de libros de no ficción”, donde “lo que hay en común es que hablan de situaciones y personajes reales. No hay reglas. No ficcionalizo. Y están escritos en primera persona”.

Además, el autor de “El adversario” (2000), “Limónov” (2011) y “El reino” (2014), ejerce como periodista desde hace más de 30 años, y se encuentra en constante colaboración con medios franceses.

A través de una entrevista concedida a El País, Carrère dice que sentirse “feliz” por el galardón y profundizó en los efectos que tienen este tipo de recompensas: “Es una satisfacción narcisista, igual que puede serlo recibir una buena crítica o protagonizar un éxito en las librerías. Un premio te invita a seguir adelante. No creo que dejase de escribir si no me dieran ninguno, pero es algo que te da aliento para continuar. Cuando te encuentras en un momento difícil, los premios te ayudan psicológicamente, igual que puede hacerlo la carta de un lector que ha entendido tu obra como tú quisiste concebirla. Te indica que no estás trabajando en vano”.

“Cuando escribes un libro te encuentras extremadamente solo. Al establecer un contacto satisfactorio con los lectores, ya sean individuos anónimos, críticos profesionales o miembros de un jurado, logras salir de esa soledad. En realidad, uno siempre espera una respuesta. Aunque, más que ganar un premio, lo que me parece decisivo es ser publicado o no serlo”, complementa Carrère.

Si bien admite que su carrera ha sido positiva y ha contado con “la suerte” de “debutar con un gran éxito”, el escritor confiesa que actualmente atraviesa un proceso de parálisis creativa que lo tiene muy complicado: “En dos periodos distintos, me pasé siete años sin escribir y preguntándome seriamente si algún día volvería a conseguirlo. El primero fue entre Una semana en la nieve (1995) y El adversario. El segundo, entre El adversario y Una novela rusa (2007). No excluyo que este sea el tercero. No tengo ningún proyecto de libro desde que escribí El reino. Se lo cuento con ligereza, pero no es un momento ligero. Estoy pasando por un momento difícil…”.

Periodismo y ficción
En la misma línea de esta preocupación, Carrère sostiene que se siente “angustiado, aunque algo menos que las otras dos veces. Entonces podía pasarme días tumbado en el sofá mirando el techo”.

Sin embargo, en medio de esta crisis, revela que el periodismo le ha servido como un elemento distractor e igual de satisfactorio.

“Ahora no estoy inactivo: escribo guiones y reportajes. Para un escritor de no ficción, hacer un reportaje es el equivalente a escribir un cuento para un autor de ficción. El periodismo te permite salir al exterior y exponerte a lo inesperado”, afirma.

Su trabajo como reportero incluye un estilo novelesco que le ha valido múltiples loas, aunque acuda a elementos que no suelen ser utilizados en el periodismo, como la narración en primera persona e incluir percepciones personales.

“Ese es el tipo de periodismo que me gusta leer. Cuando leo un reportaje o una crítica, siempre disfruto más cuando logro entrever a la persona que se encuentra detrás. Para mí, la primera persona es un instrumento de honestidad. Es una forma de señalar que no estás revelando ni la verdad ni la realidad. Solo estás contando lo que tú has logrado descubrir o comprender de un tema determinado. Cuando me recriminan que es un síntoma de narcisismo, respondo que sí. Pero añado que ese narcisismo también suele estar presente cuando un escritor usa la tercera persona…”, ahonda el autor de Calais, un reportaje sobre esta zona portuaria de Francia, punto de encuentro de miles de migrantes y refugiados.

En este sentido, Carrère asevera que cada trabajo que ha efectuado como reportero, lo ha abordado desde una perspectiva cercana a la novela y sus características, sin perjuicio de la “verdad” que debe perseguir el ejercicio periodístico.

“En realidad yo escribo novelas, aunque sean novelas sin ficción. Si a partir de El adversario evité definirlas explícitamente como tales, fue solo por coquetería. Quise insistir en la dimensión documental de mis escritos. Pero la verdad es que mis libros recurren a todos los recursos propios de la novela. Nunca he creído ni por un segundo en la muerte de la novela. Es algo tan proteiforme y elástico… Una novela puede ser tantas cosas a la vez que me parece muy difícil que alguien pueda llegar a matarla”, sentencia.

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