José Antonio Kast entra a la Iglesia Pueblo de Dios entre aplausos. Está en la comuna de El Bosque. Lo acompaña su esposa, Pía Adriasola, y el pastor evangélico David Hormachea, un rockstar del mundo cristiano, el evangélico chileno más influyente en el mundo de habla hispana, como lo presentamos en este pasquín un tiempo atrás: autor de 16 libros y al que diariamente 800 estaciones de radio cristiana le retransmiten su programa.

Hormachea ha hecho un alto en sus actividades en California, donde vive, para viajar a Chile a apoyar a Kast, que sabe que esta noche –a dos días de la elección- se juega la posibilidad de conseguir varios puntos en su votación. En pocos minutos, un grupo de pastores –entre los que también se encuentra Hedito Espinoza y Julio Atenas-, le darán la bendición a su candidatura. El evento es transmitido por streaming a todo Chile a través de su cuenta de Facebook, donde los mensajes de apoyo caen por decenas en cada segundo de transmisión. El pueblo cristiano unge al candidato como si fuera un mesías.

-Padre, estamos haciendo historia, tu Espíritu Santo está en medio nuestro, gracias te damos porque sabemos que nos guiarás a tomar la mejor decisión… que este día domingo 19 de noviembre podamos Señor padre Dios, cuando vayamos a las elecciones, dejar allí estampado el nombre de nuestro amigo y hermano José Antonio Kast. Este hombre representa lo que nosotros creemos –arenga el pastor Julio Atenas.

Los más de 100 líderes religiosos congregados allí piensan que Kast llegará al 10% y que gran cantidad de ese voto pertenece a las gestiones que ellos han hecho en el pueblo evangélico. El candidato también lo intuye. No es casualidad que el cierre de su campaña sea un ritual cristiano. Dicen en el templo que esta es la elección donde más evangélicos se han puesto a disposición de un político que no es de su religión.

-No nos quedemos más callados, hablemos. Votemos por los candidatos que tienen nuestros principios. Voten por Kast –dice David Hormachea frente al púlpito, con los dedos de su mano haciendo el número dos, dígito que ocupa el candidato en la papeleta.

-Nos han dado una gran oportunidad y un gran regalo. Dios nos dio este lugar para hablar fuerte y claro, para decir que creemos en Dios, en nuestra patria, en nuestra bandera, y en el rol de la familia. Nos hemos parado en todas las tribunas a decir cosas simples que vienen del corazón. Estas no son coincidencias, son como dice mi señora ‘diosidencias’- agrega Kast.

Dos días después, los números le darán la razón: 522 mil votos, equivalentes al 7,93%.

David Hormachea se enteró de la inesperada votación mientras se bajaba de un avión en California: “no sé cuánto de ese voto sea evangélico, pero imagino que muchos estuvieron con él”, explica. Está sorprendido de la disciplina de los fieles, pero conseguir el apoyo no fue fácil. No habría sido posible, dicen en el comando del excandidato, sin un largo coqueteo que ha tenido varios canales de comunicación. Uno de ellos, por ejemplo, fue el rol que tuvo el ministerio Águilas de Chile en la recolección de firmas para inscribir la candidatura. Allí habría sido clave Antaris Varela, pastora del ministerio que en agosto de 2011 encaró a Sebastián Piñera por la firma del Acuerdo de Vida en Pareja, y que hoy trabaja para José Antonio Kast: “La gran mayoría de ellos tiene menos de 40 años, provienen de la Universidad de Concepción, y representan un mundo de derecha que no es habitual. Fueron ellos los que consiguieron una gran cantidad de firmas. Son muy organizados y responsables”, cuenta un cercano al excandidato.

Hormachea sintió lo mismo cuando vio el cariño que los evangélicos le tenían a Kast. Dice que al conocerlo se dio cuenta que “era un hombre que representaba lo que decía y que no andaba pensando solo en ganar votos. Muchos cristianos, luego de conocer sus propuestas, sintieron que por fin habían encontrado a alguien que pensara como ellos, con argumentos bíblicos”, agrega.

El pastor es de la idea de que los cristianos deben involucrarse más en política y escoger siempre entre quienes se acerquen a sus valores, marginándose de votar por aquellos con quienes no tienen ninguna coincidencia. Alinearlos detrás de Kast –explica- fue una decisión que implicó romper con el desprecio que los evangélicos sentían por las elecciones: “durante mucho tiempo hubo pastores que mal enseñaban a los cristianos diciéndoles que era mejor no votar porque la política estaba llena de gente mala”. Pero ahora que no está Kast –asegura- no le quedará otra que votar por Sebastián Piñera: “elegir el mal menor para preservar el bien mayor”, explica. “Él tiene puntos que son parte de la ética bíblica, como el no al aborto, o el no al matrimonio homosexual, cosas que son importantes para nosotros”.

Pese a esas coincidencias, Hormachea cree que el trasvasije de votos no será limpio. Su temor no es que los electores de Kast se traspasen a Alejandro Guillier, sino que algunos evangélicos simplemente dejen de ir a votar, que regresen a su antiguo estado porque a lo mejor Piñera no los convoca. Para evitar que eso suceda, está dispuesto a ocupar toda su red de comunicación: “No tengo la intención de que las personas hagan lo que yo diga, pero voy a apoyar a Piñera sin compromisos previos. Utilizaré mi influencia y la popularidad que la gente me ha dado, para que los cristianos voten con convicción, respetando los valores bíblicos”, concluye.

FAMILIA MILITAR

Donde no es tan claro qué sucederá en segunda vuelta, es en la denominada ‘familia militar’. Allí, la figura del expresidente Piñera no genera tanta adhesión espontánea como puede hacerlo entre los evangélicos. “Muchos de los votantes de Kast no nos sentimos representados por Piñera. No es la derecha que queremos”, explica Loreto Iturriaga, hija del mayor (r) Raúl Iturriaga y miembro de la agrupación Prisioneros de Guerra.

Loreto cuenta que desde hace seis meses que el grupo cercano al candidato de Chile Vamos ha intentado tirar puentes con ellos, pero ve muy difícil que puedan hacerlo: “me llamaron a través de María Angélica Cristi para decirme que Andrés Chadwick quería que nosotros votáramos en primera vuelta por Piñera, pero les dije que ni se les ocurriera”, agrega. Lo que más les duele –dice- es el recuerdo de la traición, luego que en la campaña de 2009 el candidato se comprometiera con los familiares a cumplir una serie de demandas, que luego fueron desconocidas cuando asumió la Presidencia. El punto de quiebre de aquella relación fue el cierre del Penal Cordillera en septiembre de 2013.

Después de la elección del domingo pasado, asegura Iturriaga, la discusión se ha acrecentado a través de los múltiples grupos de Whatsapp en los que participa y que congregan a diversas asociaciones relacionadas con militares detenidos por violaciones a los derechos humanos , como No están solos, Prisioneros de Guerra, Batallones Olvidados, y la Agrupación de hijos y nietos. “Está muy dividido el voto militar. Hay un grupo duro, que es con el que más me identifico, que no le va a dar el voto a Piñera por ningún motivo, que prefieren aguantar los cuatro años con Guillier”, dice.

Quienes sí votarán, cuenta Loreto, lo harán más por un voto de rechazo a la centroizquierda que por un apoyo a la candidatura de Piñera. Explica que entre ellos han infundido temor las declaraciones de algunas autoridades que ven en la elección de Guillier un caos: “Algunos votarán por Piñera porque tienen miedo que Chile se transforme en Venezuela”, agrega.

Con este último diagnóstico coincide el excomandante en jefe de la Armada, y exsenador de la UDI, Jorge Arancibia, quien a comienzos de este mes le dio el apoyo a José Antonio Kast, en conjunto con la Multigremial de las Fuerzas Armadas y la Confederación de las Fuerzas Armadas en retiro. Según Arancibia, un gran porcentaje de los casi 300 mil votos que representa la ‘familia militar’, y que eligieron a Kast, no tendrían problemas en votar por el candidato de Chile Vamos. “Es más fácil alinearse con Piñera que con Guillier, pese a la decepción histórica que se produjo en su gobierno anterior. Yo lo tengo decidido, voy a votar por Piñera”, confiesa.

Arancibia teme eso sí que el trasvasije no sea completo. Frente a ese grupo duro que pretende restarse responde en clave militar. “El mundo nuestro, que es especialista en hacer análisis de la situación, debe primero reflexionar. A esas personas que se van a cortar las venas antes que votar por Piñera, yo los llamaría a repensar su postura. Cuando estamos hablando del futuro del país, los sentimientos son elementos secundarios. La emocionalidad no puede estar en el centro del análisis”, explica.
Con esa misma posición coincide el concejal de la UDI por Vitacura Cristián Araya, que formó parte del equipo de Kast: “La gran mayoría debe sumarse de forma muy rápida por el temor de que Guillier profundice el desastre que ha dejado el gobierno de Bachelet, lo que invita por el bien de Chile a cuadrarnos todos con Sebastián Piñera. Él necesita del trabajo territorial que hemos hecho”.

El excomandante en jefe cree, sin embargo, que tal vez sea necesario hacer algunos gestos para retomar la confianza, que se podrían materializar en acuerdos escritos que eviten las situaciones ocurridas en el pasado. Un encuentro tripartito entre las organizaciones militares, Kast y Piñera: “A mí me interesaría que su compromiso estuviera en el programa. Sería bueno una reunión con él o trabajar con sus equipos”.

Pero hasta ahora, no hay nada sobre la mesa.


El partido de Kast: ¿popular y cristiano?

Aunque la idea de convertirse en movimiento o partido político estaba desde antes de la elección, la inesperada votación obtenida por José Antonio Kast en primera vuelta podría acelerar el proceso. Así al menos es el interés de algunos de los miembros cercanos al excandidato, donde ya han comenzado a circular ideas sobre cómo sería esa derecha a la que debería convocar: “debemos ser populares y cristianos, algo muy similar al partido chico e influyente que alguna vez había pensado Jaime Guzmán para la UDI, principios que ese partido abandonó en la candidatura de Joaquín Lavín del año 1999”, dice una fuente.

Entre los distintos ejemplos alrededor del mundo –agrega- han visto en la derecha evangélica brasileña un proyecto del cual sacar algunas ideas, país donde los parlamentarios evangélicos fueron determinantes, por ejemplo, en la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff. Tal proyección no parece incomodar al pastor David Hormachea, siempre y cuando se respete la separación entre iglesia y política: “por ahora no sería militante, pero sí me gustaría que hubiese una derecha cristiana representada”.

El pastor cree que la elección de dos diputados evangélicos, de los 22 que compitieron el domingo pasado –Francesca Muñoz y Eduardo Durán-, puede ayudar a profundizar la participación de los evangélicos en la política, el primer paso para una bancada de parlamentarios cristianos, que de alguna manera deberían estar representados en esa derecha liderada por Kast. Él mismo interés que ha despertado en la ‘familia militar’ el 8% obtenido el fin de semana: “la fuerza de Kast viene de los militares y los evangélicos, y lo más probable es que nosotros armemos un partido. No hay que desaprovechar ese porcentaje”, agrega Loreto Iturriaga.

Según cuenta Cristián Araya, concejal de Vitacura y miembro cercano a Kast, esa es una decisión que se analizará sólo después de la segunda vuelta: “quedó demostrado que hay fuerza para convocar a un movimiento que tiene muy claro el proyecto de sociedad que queremos. Hay evangélicos, católicos, militares, gente que no se levantaba a votar, votos de la UDI, y liberales que quieren achicar el Estado y no más apitutados. Una derecha social, de gente que valora el esfuerzo personal, la libertad religiosa, que cree en el emprendimiento y que exige orden de las autoridades”, explica.

Araya cree que esta nueva derecha podría disputarle incluso militantes a los partidos tradicionales, especialmente a la UDI, mismo partido del que él es miembro, y que a su juicio no ha logrado transmitir el mensaje: “El proyecto que hoy tiene el partido dista mucho del original. La lógica de buscar las cuotas de poder no va con lo que era la UDI. Necesitamos un movimiento que sea gravitante para defender lo que uno cree. Podemos ser menos, pero en la medida en que ponemos los temas sobre la mesa nos vamos posicionando”, concluye.