Pese a que has estado presente en los eventos culturales más importantes desde el retorno a la democracia, has preferido mantener un bajo perfil y dar escasas entrevistas.
-No encuentro que un gestor cultural, un promotor de eventos, un director de espectáculos, sea la persona que ocupe el espacio en los medios. Ese lugar es de los artistas.

Ahora has cambiado de opinión…
-Hoy, sí. Tengo un currículo que nadie tiene, difícil de igualar. No es porque sea yo, pero es muy complicado que alguien lleve 55 años vigente sin haber nunca parado, que haya tenido que hacer las transmisiones del cambio de mando, que haya recibido las llaves del Estado Nacional, que haya realizado el concierto de Amnistía o dirigido el Festival de Viña.

¿Cómo se llega a eso?
-Empiezo en esto cuando estudié en el colegio artístico Colegio Juan Martínez de Rozas, que quedaba en la plaza Mulato Gil, donde me enseñaron pintura, tocar el piano, hacer papel maché, títeres. Todas las semanas íbamos una o dos veces al Bellas Artes. Me crié en ese ambiente artístico. Cuando mis padres se separaron, me pusieron en el INBA y me metí a la academia de teatro con el director Fernando Cuadra. No recuerdo haber estado involucrado en algo que no sea cultural.

¿Pero gestionando ya?
-No. Yo quería ser actor, pero era pésimo. Viendo a mi compañero Ramón Núñez, que era excelente actor, ahora Premio Nacional, me di cuenta que no tenía pasta y nunca llegaría a ser como él. Y me fui tras bambalinas.

LA CREDENCIAL
Fuiste la primera persona en profesionalizar los eventos culturales en Chile.
-Antes se hacían al lote. Te cuento: a fines de los años 60, y comienzos de los 70, en Chile existía la revista Ritmo que le daba mucho espacio a la Nueva Ola. Por otro lado, estaba el folclor, ya sea el comprometido políticamente o el tradicional de los Huasos Quincheros, pero aquí al medio no había nada. No había un grupo de rock o de otro tipo de música. Y salí a buscarlos. Y me encontré con Los Blops, Aguaturbia, Escombro, Música de Jardín, Los Jaivas…

Con la psicodelia…
-Algunos psicodélicos, otros experimentales, otros rockeros, pero era un movimiento distinto y que llevaba mucho público con muy poca publicidad. Y nos fue muy bien durante muchos años. De hecho, en el que hoy es el Teatro Nescafé, cuando se llamaba Cine Arte Marconi, durante tres años realicé como 300 conciertos. Y en ese tiempo yo ya era muy profesional. Fui el primero en entregarles credenciales a los músicos en los conciertos. Los tipos me quedaban mirando raro. “Qué te pasó, qué es esto”, me decían. Todos andaban con el pelo largo y el olor a marihuana se sentía a dos cuadras, y yo poniéndoles una credencial, ja, ja, ja.

¿Por qué lo hacías?
-¡Orden, pues! En Brasil, donde estuve viviendo durante la dictadura de Pinochet, aprendí mucho del profesionalismo. Paralelo a trabajar con músicos brasileños, como Djavan y Milton Nascimento, trabajé ocho años con una empresa de eventos llamada IDM. Ellos tenían, lo que llamo yo, el manual de cortapalos que es cómo hay que hacer las cosas. Y eso lo inculqué acá.

Empezaste en la música, pero derivaste en la producción de eventos políticos de la Concertación. De hecho, fuiste el encargado de poner en escena el regreso a la democracia en el Estadio Nacional.
-Sí. Cuando regresé a Chile, tras el plebiscito, la gente creativa que había trabajado en la campaña del NO, era más o menos la misma que había trabajado en la campaña del señor Aylwin. Coincidió que venían las fiestas de fin de año y en marzo asumía el nuevo gobierno, y todos mis amigos creativos estaban felices en vacaciones, porque habían trabajado mucho. Y ahí aparezco en el mercado y se me encarga hacerme cargo de las transmisiones y escoger el evento masivo más grande que se podía hacer una vez que asumiera el nuevo presidente.

No era cualquier responsabilidad…
-Sí, claro. Siempre hay un instante en la vida que te marca. Así como a Lagos se le atribuye el dedo, o a Bachelet subirse al tanque, a mí se me puede atribuir poner la bandera chilena en la cancha, de punta a punta, del Estadio Nacional para el evento del regreso de la democracia.

¿Cómo fue planear ese evento?
-Me quedé a vivir dos o tres meses en el Estadio Nacional. Arrendamos dos casitas rodantes en las cuales vivimos. Eso se explica porque el estadio todavía estaba en manos de los militares y ellos no me facilitaban oficinas. La noche anterior al evento, el militar que estaba a cargo del estadio, con el que habíamos tenido harta tensión, en forma agresiva me tiró un manojo de llaves, un llavero que parecía el de San Pedro. Eran las llaves del Estadio Nacional y me las tiró como diciéndome “ahí están y me voy”. De alguna forma, simbólicamente, me sentí recibiendo el Estadio Nacional. No podía creer que ese lugar que había sido cárcel, que había sido un lugar de torturas, lo había recibido yo. Fue muy fuerte, me hizo llorar toda la noche. Hasta hoy se me paran los pelos de punta. Es uno de los pocos eventos que pasó a ser parte de nuestra historia. Ochenta mil personas celebraron la vuelta a la democracia, la libertad del país y esta alegría que para algunos llegó y otros no. En todo caso, yo creo que para todos llegó la alegría. Es una mentira que no haya llegado.

Hay jóvenes que critican lo que se hizo en transición…
-Porque no vivieron eso. Y aunque haya durado un día, la alegría llegó. Solo el hecho de haber sacado al dictador, llegó la alegría. Que después no se cumplieran una serie de cosas que le gente esperaba, es otra cosa.

Ricardo Lagos, de quien eres cercano, es uno de los blancos de las críticas.
-Me parece extremadamente injusto. Cuando había dictadura, la única persona que se atrevió en la televisión chilena a enfrentar al dictador se llama Ricardo Lagos. Después se puede criticar o no el gobierno que hizo. Pero de ahí a decir que Lagos poco menos es lo peor que hay, que es un viejo retrógrado, es falta de respeto. Es como lo que pasa hoy con la presidenta actual que es considerada una de las mujeres más importantes del mundo políticamente hablando. Y aquí en Chile las encuestas no lo hacen ver.

¿Cómo es que llegas a involucrarte en actos políticos culturales?
-Mi padre era bien político. Fue fundador de la Juventud Radical, socio de Raúl Rettig y masón. Entonces, a los siete años yo ya lo acompañaba a todas las campañas políticas en que participaba, hasta que entré a la Federación Juvenil Socialista, me separé un poco de mi padre, y trabajé en la campaña de Salvador Allende para presidente, en el año 64, la cual perdimos.

Para ti, ¿qué representaba Allende?
-Era una revolución en libertad, en un país al que íbamos a democratizar una serie de cosas, como los latifundios y el cobre iba a ser chileno. Se iba a repartir mejor la plata entre todos los chilenos y no en unos pocos como sigue siendo hasta hoy. Había una gran esperanza en que eso se concretara.

¿Cómo fue hacer campaña para Allende?
-Fabuloso. Yo era muy joven e idealista. Me había leído a Marx entero. Estaban los ideales antes que nada. Hoy, el ideal se llama “don dinero”. Piensa lo que sucedía en el mundo en el año 64. Estamos hablando de Fidel Castro, del Che Guevara, de la URSS, de Yugoslavia, de las protestas contra la Guerra de Vietnam, de las revoluciones universitarias en París, del movimiento jipi en San Francisco. Yo viví toda esa mezcla.

¿Eras jipi?
-Nunca. Siempre me he considerado una persona extremadamente seria. Te sigo contando: cuando trabajé en la campaña de Allende, no tenía ningún puesto importante, era uno más. Pintábamos plazas. Hacíamos murales. Trabajamos en los trenes de la cultura que iban al sur. Yo fui a cargo de un carro.

Ese tren cultural se transformó en un ícono de Allende
-Totalmente. En cada ciudad que paraba, había eventos culturales con presentaciones de artistas, en las cuales el candidato planteaba sus ideales.

Hoy cuesta imaginar a un candidato haciendo un viaje difundiendo cultura.
-Me parece un error fundamental. El tema principal de un país es la cultura. Y no hablo de las artes como tal. Cultura es toda expresión de identidad de una comunidad, un país, una región. Viví muchos años en Brasil donde las amistades son valiosas y valederas. A un amigo, no hay problema si le digo a la cara lo que pienso de él, aunque sea malo. Aquí le digo lo que pienso y es capaz de no hablarme en cuatro años. La forma en que nos relacionamos es por detrás, a escondidas. Aquí, por ejemplo, en estos últimos años han pillado empresas que han estafado piramidalmente. Y la gente que ponía el dinero, ¿es víctima, un fresco o care raja?

Rafael Garay no debería estar preso solo, dices…
-Me da lo mismo Rafael Garay. A mí me interesan las cinco, diez, quince mil personas que creyeron y pusieron la plata con él para pasarse de listos.

Cuando salió electo Allende, ¿qué hiciste?
-Yo fui político partidario solamente cuatro años, desde el 64 al 68, ni antes ni después. Tengo mis ideas, discuto, pero no más.

¿Qué pasó?
-Para mí, son muy complicados los partidos políticos y las religiones porque te dogmatizan. Tuve muchas dudas de entrar al PS o al PC cuando era muy joven. Los dos eran marxistas leninistas. Alguien me dijo: la diferencia entre el PC y el PS es que en el PC puedes discutir lo que quieras pero tienes que llegar a esta conclusión, y en el PS puedes discutir lo que quieras y llegar a cualquier conclusión.

¿Qué pasó contigo en dictadura?
-Me fui del país. Traté de buscar opciones en París, Milano, Barcelona, Madrid, Nueva York y Los Ángeles California. En ninguna parte conseguí quedarme. Hasta que me encontré con un país maravilloso llamado Brasil. Por esas casualidades, estando en el primer mes, me tocó acompañar a Mercedes Sosa en una gira por alrededor de veinte ciudades de Brasil. Y me encontré con un continente. Ahí tomé una decisión: de aquí nadie me mueve. No fue fácil. Estuve un año y medio, quizás dos, sin dinero ni siquiera para un colchón. Después comencé a montar escenografías e iluminación, y ahí me fui abriendo camino. Estuve casi doce años.

GUILLIERISTA
Siendo protagonista de la cultura, ¿cómo has visto culturalmente el gobierno de Bachelet?
-En el gobierno de Bachelet por primera vez Chile tiene un proyecto de tener un ministerio de las culturas y las artes. ¡O sea, primera vez en la historia de Chile! Eso es lo mejor.

¿Y el Fondart?
-Tiene que ser cambiado el Fondart. Yo trabajé como evaluador. Y nunca otorgué ni defendí ningún proyecto que fuera a alguna institución ya establecida. No es posible que CorpBanca haya recibido un Fondart hace dos o tres años para su teatro. Es muy malo que un artista esté llenando un Fondart, es muy malo nombrar a un artista como agregado cultural, es muy malo nombrar a un artista como ministro de Cultura. Porque le estás quitando la opción de crear. Quizás hace treinta años no. Cuando nombraban a Neruda, no. Porque era, más bien, para lucir el país. Eso ya cambió.

¿Eres guillierista?
-No. Pero creo que votaré en un 99,9% por Guillier. Me llamó hace poco para que me hiciera cargo de crear su programa cultural que está débil. Le mandé un boceto con mis propuestas y estoy esperando si las recibe bien o no.

¿Qué te parece el FA?
-Me fascina. El FA vino a airear, a sacar las telarañas, a mostrar rostros nuevos. Me encanta la gente joven. Me caen muy bien Jackson y Boric. Encuentro que tienen que ir para adelante. Tienen que tener más humildad y no prepotencia.

¿Qué representa para ti Piñera?
-Como el oeste americano cuando asaltaban los bancos. Tenemos un candidato que robó un banco, fue condenado, se arrancó y es candidato a la presidencia. Si falta que pongan su foto como “se busca”. Pero la derecha entera debiera estar presa. Desde el candidato en adelante. Él es un especulador.

Puede que salga reelecto…
-Tiene una opción súper real. Hoy no están las cosas decididas. No me gusta la prepotencia de su gente. Así como le pido al FA humildad, a la gente de Piñera le pido que no tengan prepotencia, porque la vez pasada cuando fue presidente la prepotencia fue una cosa salvaje.

¿Lo sientes en este teatro que está en una comuna de derecha con Evelyn Matthei a la cabeza?
-No. El público de aquí no es principalmente de Providencia. Y en un teatro para las artes no puedes ser discriminatorio. Esto es como tener un hospital. A una persona enferma no le voy a preguntar de qué partido es. Hay que conversar.

Eres bien amigo de Karol Cariola. Casi como su padre espiritual.
-Sí. Somos muy amigos con la Karol. Nos queremos muchísimo. A través de conversaciones, ella se fue encontrando con que había alguien en el cual podía confiar, y se produjo este acercamiento.

Me contaban que la aconsejabas hasta en el corte de pelo.
-Sí, pero ya no me hace caso, ja, ja.

SAN CHAYANNE
Fuiste también manager de Charly García, en el 87, cuando anduvo de gira por su disco Parte de la Religión.
-Sí. Un día me contactó, me miró a los ojos y me dijo en su estilo: quiero que trabajes conmigo. Era Charly García. No le podía decir que no y acepté. Trabajé un año con él y fue como un doctorado. Tenía que estar con él y su banda las 24 horas al día, los siete días de la semana, los treinta días al mes.

¿Por qué tanto?
-Porque era un grupo un poco alegre, ja, ja, ja.

Por no decir reventados.
-Claro. Y yo soy una persona súper seria, trabajadora, ordenada, cumplidora. Y esa alegría que tenían no era del fin de semana, ni del show, sino que desde que amanecía hasta acostarse.

Cansador…
-Intentaba poner el orden. Porque nadie le iba a decir a Charly que parara la fiesta. Al contrario, todos se subían al tren de la alegría. Llegó un momento en que en Paraguay, por cualquier circunstancia, me amenaza y me dice “no me aguanto más y me voy a tirar por la ventana” de un hotel en un piso diez. Yo fui, abrí las ventanas y le dije: “tírate de una vez y no me andes amenazando”. Yo tenía la certeza absoluta que no lo haría. Era una manera de decirle: aterriza, no me huevees. Naturalmente, recapacitó y no se tiró. Tiempo después se tiró a una piscina. Pero sabiendo que había seguridad en que no moriría. Él se portaba malito cuando se enojaba conmigo. Reconozco, indudablemente, su calidad musical. Es un capísimo. Aunque no la haya pasado tan bien durante la representación de él, fue un tremendo galardón haber sido manager de Charly García. Además de hacer la gira, yo le cuidé su casa, sus cuentas en el banco, le lavaba su ropa, todo. Si es igual que una guagua, descuidado, desordenado. Igual tenía límites. No era de andar todo el día rompiendo cosas o enojado. Pero una vez al día, sí, ja, ja, ja.

Del que tienes mejor impresión es de Chayanne.
-Sí. Esto fue porque dirigí el Festival de Viña en los años 91 y 92. El gobierno de Aylwin no confiaba del alcalde designado y querían que el festival tuviera otra onda. Y me llamaron. Como era muy difícil cambiar la estructura, entonces cambié a los artistas. El 90% de los que llevé no habían ido nunca, como Los Prisioneros o Juan Luis Guerra. A raíz de esos dos años que estuve, me relacioné mucho con todo el mundo de la música pop latina. Y además en ese tiempo en Chile todavía existían muchos programas de televisión que pagaban por traer artistas. Y, entonces, me tocó ser el primero en traer a Ricky Martin, Arjona, New Kids on the Block, Ana Gabriel. El 80% de los artistas que hoy funcionan en Chile los traje yo por primera vez, pero llegó un momento en que me aburrí de los artistas.

¿Por qué?
-Eran muy monótonos. Traer a un artista siempre es igual. Tienes que contratarlos, ver el avión y el hotel, poner a la venta las entradas, el sonido, la luz, la publicidad, el catering, siempre la misma cuestión. Uno de los primeros artistas que rechacé fue Arjona.

¿Por qué?
-No me di con él. En una oportunidad me quitó el teléfono de la mano cuando yo estaba hablando con mi señora. Fue suficiente para que no hablara nunca más ni quisiera trabajar con él en la vida. Punto. Siendo que es un buen negocio. Pero, al momento de quitarme el teléfono, para mí el gallo vale callampa. Se acabó, chao Arjona. En un momento me choreé mucho con este tema y dije no quiero trabajar con ningún artista. Por una cosa de egos, la exigencia, la rutina. Pero Chayanne no es nada de eso.

No es divo.
-Jamás vas a escuchar de la cantidad de toallas que quiere Chayanne, de la cantidad de comida que quiere Chayanne, de que se salió o entró en un clóset Chayanne, que si fue drogadicto, que si le pegó a una mujer. A Chayanne no le puedes sacar nada. Absolutamente nada. Entonces, fue escoger dentro de la música pop, que no era mi mundo, al que era sano, honrado y que nos lleváramos bien. Para qué quiero más. No quiero otro. Y de ahí que mantenemos una relación de 27 años. Chayanne es el artista en Chile de pop latino que ha hecho mayor cantidad de presentaciones, que ha vendido mayor cantidad de discos, que ha hecho más veces el Estadio Nacional, que ha hecho mayor cantidad de giras, etcétera. Chayanne es mi santo, ja, ja. San Chayanne. No, lo quiero mucho. Él viene a mi casa, yo voy a la suya. Conozco a la señora, nos conocemos los hijos. Y es extremadamente profesional.

¿Hay algun artista con el que te gustaría trabajar?
-No tengo deseos no cumplidos, pero me habría encantado Los Beatles que son de mi época. Yo he estado dos veces con Paul Mc Cartney. Intenté traerlo al Festival de Viña hace unos seis años. Era caro, pero independiente de eso, él solicitaba que ese día que tocara no actuara nadie más. Para mi gusto, error del festival de Viña no contratarlo. Qué importa. O sea, tener a Paul Mc Cartney dos horas en televisión igual iba a batir todos los récords. Si me preguntas, he llegado a cualquier artista. Tuve una cierta amistad con Mick Jagger. Lo conocí cuando vivía en Brasil y llegó a la casa de una amiga mía.

La media sorpresa…
-No. Él era amigo de ella. A mí no me pasa nada con los artistas. Puede venir Mick Jagger o Paul Mc Cartney o cualquier presidente y lo voy a tratar exactamente igual como cualquier persona.

Pero es Mick Jagger…
-Sí, pero tiene dos piernas, dos manos, como cualquiera. No me pasa nada. Lo entretenido es que trabajé un poquito indirectamente con él cuando grabó su primer video como solista en Rio de Janeiro. Estuvimos cuatro o cinco días grabando en un local de baile brasileño. Comíamos juntos… el tipo era lo más piola del mundo.