“El lenguaje se utiliza en estos días con escaso rigor, con toda clase de lugares comunes inaceptables. Cuando tal o cual personaje político de la Nueva Mayoría o del así llamado Frente Amplio, equivalente criollo del Podemos español, se presenta como encarnación del progreso, y argumenta que todos sus adversarios son representantes del retroceso, debería decirnos con claridad de qué retroceso nos habla, y de qué progreso”.

Así comienza una columna escrita en el diario El Mercurio por el escritor Jorge Edwards en la que habla sobre el falso progreso y las propuestas lanzadas “sin pensar”.

En ese sentido, Edwards apuntó a que “el progreso en la izquierdización del país no se identifica con el auténtico progreso. Son conceptos esencialmente diferentes. Desconocer esta noción esencial, analizada por los mejores pensadores modernos desde hace décadas, es ignorar la historia moderna”.

Añade que “los dirigentes comunistas chilenos fueron los primeros del mundo que aprobaron la invasión soviética de Checoslovaquia, que se encontraba en pleno proceso de apertura democrática, en octubre de 1968. No es historia antigua, es un proceso enteramente vigente. Fue un escandaloso retroceso histórico, aplaudido con entusiasmo por los dirigentes chilenos, ¿y saben ustedes por quién más?, por el comandante cubano Fidel Castro. Fue un retroceso brutal, un acto de barbarie, seguido de una represión bautizada con el nombre tramposo de ‘normalización'”.

En este sentido, el autor del escrito se pregunta “si los jóvenes de supuesta izquierda o de extrema izquierda que nos descalifican con tanta arrogancia, con tanto simplismo y, agreguemos otra idea clara, con tanta ignorancia, han comprendido algo de los dilemas profundos, desgarradores, de las sociedades contemporáneas”.

“Chile necesita pensar con honestidad intelectual, con amor a la verdad, sin propaganda ideologizada y barata”, advierte.

Al respecto, Edwards resalta que Piñera anunció 600 mil nuevos empleos diciéndolo “con cautela, seriedad y porque conoce el costo real de hacerlo”. En esta parte cuestiona a Guillier por asegurar que creará 900 mil puestos de trabajo “sin el menor cálculo”.

El escritor vuelve a preguntarse “si los chilenos habremos recaído en el simplismo de hace algunos años, en esa antigua idea del allendismo de ‘avanzar sin transar’, que consistía, en la práctica, en avanzar sin pensar, o si actuaremos con madurez, con mirada lúcida, con sentido del progreso verdadero, y no de un progresismo puramente ideológico, en el momento de depositar nuestro voto adentro de la urna”.

“Chile siempre ha sido un país de influencia superior a sus cifras, a su tamaño en el concierto internacional, a su número de habitantes. El único progreso chileno real consistirá en administrar el país en forma seria, con energía, con ideales, con ilusiones, pero con una conciencia debida, necesaria, de los límites; acercarse a los objetivos mejores, más humanos, más justos, pero, además de eso, posibles. No tirar cartas encima de una mesa verde. No creer que se nos puede impresionar con cuentas de vidrio”, sentenció.