Lamento que ningún programa político haya levantado las banderas del yoga como parte del desarrollo estratégico de la sociedad. Y no es voluntarismo, es política del cuerpo social y del otro, de la que el progresismo carece, porque siempre anda preocupado de la satisfacción de las necesidades de una población ávida y demandante por participar del mercado. En cambio, la derecha sí tiene políticas del cuerpo, aunque sea la del cuerpo sumiso que se pone a disposición del abusador, con toda la violencia institucional que ello implica. Y hay un país no menor dispuesto a ser abusado por la cerdo derecha, de eso no cabe duda.

Aún así, con la segunda vuelta no se juega nada radical, ningún cambio estructural. Y ese parece ser el “logro” de un orden de la política, a pesar de una cierta incertidumbre, manipulada por el enemigo principal.

Es lamentable que no haya propuestas con relación al tratamiento de la basura, sólo generalidades ambientalistas, pienso en algo potente que implique una clasificación efectiva de la misma y que se haga cargo, de una vez por todas, de la caca. Un elector responsable que caga tranquilamente en su baño, debe saber con toda claridad lo que pasa con sus deposiciones y con todos los desechos que su casa y su ciudad produce. Focalizo en este delirio, porque es ahí donde se juega la economía en sentido radical y con mayúscula.

Se echa de menos que no se discuta abiertamente lo que debiera invertir el país en investigación científico tecnológica, que es súper importante para un nuevo proyecto de desarrollo, creando una nueva generación de emprendedores en esta área. Y que en educación se invierta radicalmente en el mundo preescolar para sacar a los niños de las casas de mierda en que les toca nacer, incluyendo la clase media, recuperando el viejo anhelo socialista de que a los hijos los crie el Estado, que hoy es lo mejor para evitar el flaiterío táctico y el cisarrismo estratégico. En vez de eso, se sigue promoviendo la especulación política que sólo posibilita modelos inútiles de representación.

¿QUÉ HACER?

La vieja pregunta leninista debiera guiar nuestros pasos. La desesperación por evitar la persistencia de una imagen o el rostro de un personaje no nos debe enceguecer. El odio puro y simple es mal consejero. Los que hacen llamados histéricos a evitar una catástrofe política están más preocupados del acto escénico de la convocatoria que del contenido profundo de la derrota. Es casi deportivo el enfrentamiento electoral del 17 de diciembre, en este contexto, por eso no es demasiado importante, tácticamente sí, pero no a nivel de objetivo estratégico.

El FA debiera preocuparse de esas cosas, del ejercicio urbano de la política, en vez de politiquear como su vieja parentela que tanto daño le hizo al vecindario. Aquí intentamos hablar desde la ciudadanía, contra el partidismo hegemónico que sólo pretende la manipulación abusiva del deseo comunitario, como esos curitas que terminaban agarrándoles el paquete a los feligreses.

Que el resultadismo electorero no sea el exclusivo diseñador de políticas. Porque hoy, como están las cosas, es posible obtener logros programáticos sin necesidad de estar en el gobierno. Hay que ser prácticos y evitar los liderazgos mesiánicos pelotudos que focalizan la energía en el carisma de un poseído por la palabra redentora y no en el trabajo colectivo o en las comunidades. Uno debiera votar por un proyecto, no por una persona o por su investidura.

LO DOMÉSTICO

Aquí en la quinta, en el área chica, en la zona picante de la decisión doméstica, muchos de los que votamos en este terrón, sólo lo haremos por el candidato de la NM si la ex seremi de cultura renuncia a la dirección de Parque Cultural de Valpo o si se anula su proceso de designación, que parece seguir el modelo Javiera Blanco (por servicios prestados). Justo cuando los amalditados requieren de nuestro apoyo electoral, se mandan un numerito que le tributa al archivo de la corrupción o a las viejas prácticas, como si ese tipo de acción política fuera inevitable en su ADN político.

Nuestro alcalde, digo yo, debiera tomar cartas en el asunto y dirigir, como le corresponde, la demanda de la comunidad artística contra la agresión de uno de los poderes fácticos más perversos que han azotado a la región, en vez de andar floreándose como la niña linda de la política nacional. El Parque Cultural de Valpo no puede ser un bastión de un aparato político o de un poder fáctico. Haga gestión local, caballero. Porque a usted lo tuvimos que ir a buscar a su zona confortable; ya que estaba igual que Pinochet para el 73, en pampa. Ni siquiera sabía que había un proceso ciudadano en Valpo que estaba movilizando energía política para tomarse el municipio. No es un reproche, así se hace la historia política, que es más azarosa de lo que queremos creer.

Votar es un dato menor de la causa, hay que tener plena conciencia de eso.