¿La Nueva Mayoría acaba de morir o estaba muerta hace rato?
-Creo que la Nueva Mayoría terminó hace bastante tiempo, no necesitaba de esta sonada derrota para que se decretara su término. Incluso, en un escenario de triunfo de Alejandro Guillier, la NM tenía que dar paso a una coalición de nuevo tipo.

¿Un nuevo referente sin la DC o el PC, por ejemplo?
-El partido democratacristiano tiene que sacar las cuentas que le corresponden. Por otra parte, la izquierda, que es una constelación muy fragmentada y que representó casi al 50% del electorado de Chile en primera vuelta, tiene que rencontrarse consigo misma. Ahora habrá que ver que se hace con un Frente Amplio que también es muy importante, un actor que llegó para quedarse.

En ese escenario, ¿uno podría formar una coalición prescindiendo de la DC y acercándose a la izquierda que representa el FA?
-Creo que en Chile, hasta nuevo aviso, para hacer una mayoría que quiera hacer transformaciones profundas, se tiene que hacer una alianza entre el centro y la izquierda. Es cierto que el centro hoy, representado por la DC, está muy disminuido. Y habrá que ver si eso es una tendencia permanente o si es un accidente coyuntural. Pero tengo la sensación de que esa caída del partido democratacristiano refleja un fenómeno de fondo. En ese cuadro, la izquierda tiene que reencontrarse. Si uno suma lo que sacó Guillier, Beatriz Sánchez, Marco y Navarro, estamos hablando casi del 50%. Hay que ver como eso se transforma en una fuerza política importante desde la oposición; una constructiva, pero que debe ser dura si es que Piñera insiste en un programa que puede ser un retroceso importante para el país.

¿La derrota pudo pasar por la ambigüedad en el llamado de los dirigentes del Frente Amplio?
-Yo creo que es uno de los factores de pérdida. Pero la izquierda no puede rehuir el debate que dejó pendiente en 2009, con el primer triunfo de Piñera. En esa ocasión, se calmaron las aguas porque se pensó en un regreso de Bachelet y una pronta recuperación del poder. Hoy ese escenario no existe.
Ahora me parece que el principal factor es que Alejandro Guillier sacó el 22% de los votos en primera vuelta. Esa fue una votación extremadamente baja, muy difícil de remontar hasta el 50% más uno. Dicho eso, pienso que las vacilaciones del FA no ayudaron. Boric y Jackson no fueron lo mismo que Kast y Ossandón. Estos últimos hicieron la pega, y Boric y Jackson no la hicieron. Esa es la verdad. Y el hecho de que en el FA haya existido la idea de que en cierta medida les iba a convenir el triunfo de Piñera, es algo que van a tener que explicar. Van a recibir una sanción fuerte por ello.

Sobre el tema de los votos marcados y la difusión de “noticias falsas” ¿influyó la campaña del terror”?
-Si uno ve en televisión a la gente que celebró el triunfo de Piñera, había muchas personas que se sentían aliviadas de que no hubiera comunismo en Chile. Parece absurdo, pero fueron campañas que tuvieron mucha influencia. Creo, además, que la forma en que intervino el gobierno entre primera y segunda vuelta fue muy inadecuada. La elección parecía una entre Piñera y Bachelet. Y si bien el gobierno de Bachelet venía subiendo, tiene apenas un apoyo del 40%. Se dejó a Guillier en una posición bastante desmedrada. Era mucho más inteligente sacar a Bachelet del campo, y que esto fuese un plebiscito en torno a Piñera. La posibilidad de ganar ahí era mucho mayor.

Plantearlo de esa forma también hubiese disminuido la figura del candidato
-Creo que Guillier tenía que situarse en una continuidad de Bachelet, pero con cambios. Y en el último tiempo eso fue confuso. Y el protagonismo del gobierno no le hizo bien a la campaña. Encuentro que Alejandro hizo un tremendo esfuerzo. No hay que reprenderlas contra él, él tenía una muy linda biografía –más entretenida que la de Piñera, que por lo demás es conocida-, pero una biografía no basta. Hay que tener ideas. Creo que faltó audacia, y hubo también cierta soberbia. Tampoco se atendieron las demandas que, luego vimos, representaban a un sector mayoritario.

El comando, además, fue un poco lánguido
-Sí. Creo que la condición de independiente de Guillier era un activo en cierto ámbito, pero también faltó desplegar infantería, lo que no hizo este comando. Si Frei no pudo dar vuelta su 29% en primera vuelta en 2009, remontar un 22% era sumamente difícil. Eso requería de mucha audacia, de incorporación de gente, pero lo que uno vio fue un comando más bien cerrado.

¿Qué opina de la foto que veremos en marzo? La de Bachelet entregándole nuevamente la banda a Piñera
-La historia va a darle un buen lugar a Michelle Bachelet, pero en el largo plazo. En el corto, va a parecer como una presidenta que sufrió una derrota severa. El ponerle la banda a Sebastián Piñera por segunda vez va a ser un castigo. Pero su legado va a ser un bueno, uno que logró cosas interesantes durante la campaña: Piñera tuvo que hacer un giro frente a temas como la gratuidad, al pilar solidario, habló de una AFP estatal. Esos cambios me parecen que pueden evitar que su gobierno sea un retroceso, aunque algunos quisieran que sí lo fuera.