Transcurridas ya 72 horas de la derrota electoral del oficialismo en la segunda vuelta presidencial, el ex mandatario chileno, Ricardo Lagos, conversa con El País sobre el hecho. Así lo ve:

 

“Hoy la democracia en muchos lugares del mundo está puesta en cuestión. Hay problemas en la relación entre gobernantes y gobernados. No es la fluidez de ayer. Pero existe un segundo punto: el fenómeno de la globalización produce que unos se beneficien más y otros se beneficien menos. En el mundo desarrollado, los sectores medios sienten que están yéndose para abajo. Y en el mundo emergente –donde estamos orgullosos de nuestro per cápita– sienten que ellos han hecho un gran esfuerzo, se han superado, pero que la sociedad no escucha sus nuevas demandas. El resultado que esas nuevas demandas corresponden a una transformación muy profunda de la sociedad”, dice.

El expresidente también cree que la derecha, como pocas veces antes, se vio más compacta, más homogénea.

Aun así, aun más unida que la centroizquierda, aun cuando pudo haber leído mejor los anhelos de la clase media, la pregunta que aparece es que si los chilenos quieren cambios por qué elegir una coalición que precisamente no apunta en esa dirección. Como respuesta, Lagos ofrece lo siguiente: “yo creo que uno podría decir que una cosa es como usted quiere la transformación y otra es cómo la hace. No seré yo el que empiece a decir cómo se debieran haber hecho, porque después de la batalla somos todos generales. Pero obviamente que en la reforma tributaria hubo deficiencias. La educacional está ahí todavía sin poder salir del todo del Parlamento y, en consecuencia, la gente dice: “Han pasado cuatro años y seguimos discutiendo””.

Lagos también propone que el resultado del balotaje deja en evidencia que “estamos en presencia de un cambio de inmensa envergadura. Aprendimos en el siglo XX a responder las preguntas. Pero el problema es que en el siglo XXI nos cambiaron las preguntas y debemos encontrar las respuestas”.

Así, afirma que la derrota es dura, que es derrota y que como tal, “las sutilezas son buenas para una declaración”, pero no para la realidad. “Esta es una derrota muy profunda que obliga a un repensar muy profundo. Y claro, entiendo la frase tan manida que las derrotas no tienen dueños y que las victorias tienen muchos dueños. Sé lo que es eso. Lo he vivido”.

Siempre en el mismo tema, el exmandatario observa una cosa: “Yo no entiendo cómo el domingo pasado no hablaron los que tenían que hablar, pero esa es cuestión de cada uno”.

Para cerrar, en síntesis, contesta respecto de si está quebrado el eje entre el centro y la izquierda. “Me quedo con lo que dije en abril. Yo insinué en que no había un sentido de urgencia –y parece que no lo había– y bueno, está bien. Cada uno define sus cosas. No tengo más comentarios. Tendrán que analizarlo los partidos políticos. No es mi papel”.