A través de un escrito (ver carta íntegra que publica T13), la exministra e histórica de la DC, Mariana Aylwin, presentó sus descargos ante el Tribunal Supremo del partido luego de que un grupo de militantes pidiera su expulsión. Esto por decir públicamente que no votaría por Alejandro Guillier en la segunda vuelta presidencial, instancia en la que la carta del oficialismo sería finalmente derrotada por Sebastián Piñera.

“Soy nacida y criada en la Democracia Cristiana. Este es el partido que ha representado a la mayor parte de mi familia y el proyecto político que elegí para contribuir a impulsar con eficacia y por medios pacíficos, las transformaciones necesarias para la construcción de una sociedad democrática, justa y solidaria”, abre la hija de Patricio Aylwin.

Luego, Mariana Aylwin se refiere a la historia de la DC, a su participación en distintas instancias partidistas, y se lanza: “Por cierto NUNCA he votado por un candidato que no sea del partido o el que el partido haya acordado en una instancia legítima. Participé lealmente como encargada programática representando al partido en la campaña de Ricardo Lagos y luego cumplí la misma función en la campaña de Soledad Alvear en la primaria del año 2005, candidatura que se vio truncada por la falta de apoyo partidario. Lo mismo hice durante la campaña a primarias del 2013, apoyando a nuestro candidato Claudio Orrego, que – abandonado por quienes corrieron a refugiarse en
la popularidad de Michelle Bachelet- obtuvo un tercer lugar. Ahí no estuvieron muchos de los que hoy se arrogan una autoridad moral para acusarme. Finalmente, apoyé lealmente a Carolina Goic, tanto en su programa como en la
campaña territorial y a muchos candidatos al Congreso, en regiones y en Santiago, especialmente a jóvenes, lo que tampoco hicieron muchos de los que hoy me cuestionan”.

Mariana Aylwin también dice que ha “planteado opiniones políticas compartidas por muchos demócratas cristianos. Al respecto, cita que “manifesté mi discrepancia con la alianza con el Partido Comunista, porque tenemos una concepción radicalmente distinta respecto de la democracia y los derechos humanos. Pero la acepté, porque fue decisión de las instancias legítimas del partido. Manifesté mi discrepancia con el programa de Michelle Bachelet,
especialmente en educación, en el cual nuestros equipos tuvieron escasa participación. Lo percibí como el inicio del predominio y la imposición de la visión de una izquierda rupturista, aprovechando una mayoría circunstancial”.
Del mismo modo -recuerda- “manifesté mis críticas a la primera reforma educacional que, posteriormente, muchos han
aceptado (incluso dentro del gobierno). Lo hice leal y desinteresadamente, desde la experiencia que tengo en el tema. Participé en las comisiones de Educación del Congreso Nacional, envié minutas y conversé con parlamentarios y dirigentes, pero con poco éxito. Excepcionalmente recibí una respuesta, nunca fui convocada al partido a dar mi opinión. He sido crítica de la forma en que el gobierno intentó imponer su programa como si fuera un dogma, muchas veces con un voluntarismo ideológico alejado de la realidad. Hoy una mayoría – privada y públicamente, no sólo de oposición, también del gobierno – reconocen que las reformas fueron mal diagnosticadas, improvisadas y mal implementadas. He cuestionado el tono que se instaló en el debate público, dividiendo a los chilenos- incluso a quienes pertenecíamos a la NM- en progresistas y conservadores, o los defensores de los derechos sociales de las mayorías, versus los poderosos de siempre. Dirigentes y militantes de la Democracia Cristiana se prestaron para usar ese método, incluso haciendo campañas falsas- como instalar, en mi caso, que estaba defendiendo mi negocio educativo. Un invento que surgió dentro del partido. Puedo haber sido dura en juzgar el papel de la Democracia Cristiana en este gobierno que, teniendo una importante presencia en el Congreso, terminó siendo un actor irrelevante, sin voz propia en la mayoría de las reformas y acoplándose al tono maniqueo del gobierno. Pero jamás he sido irrespetuosa ni he descalificado a persona alguna”.

“Por lo demás, advertí (con otros y representando a muchos demócratas cristianos) que sin nuestra presencia activa, la NM terminaría entregándole el gobierno a la derecha. Desgraciadamente los hechos me dieron la razón”, afirma además.