¿Cómo ves la conformación de gabinete de Piñera?
-La clave del futuro gobierno es poder constituir un gobierno que tenga anclaje en causas sociales fundamentales. Probablemente la gran mayoría de quienes votaron por él, esperan que se recupere el empleo y los salarios, un elemento fundamental en cualquier sociedad. Pero a eso hay que agregarle una centro derecha que convenza a la gente de que sí quiere cambios, sobre todo en la matriz de oportunidades del país. Para que eso sea creíble, hay que jugársela a fondo con algunas causas.

¿Cuáles?
-La primera, y que marcó su discurso en el cierre de campaña es que la cuna marque el destino de los niños. Ponerlos en el primer lugar de la fila significa hacer una reforma estructural en materia de educación inicial, poder tener acceso universal a las salas cunas y jardines infantiles; un Sename de estándar mundial y no un lugar donde mueren y son abusados nuestros niños; ganarle la batalla a la droga en los barrios más vulnerables, asegurándose que cada uno pueda tocar un instrumento o pertenecer a un equipo. Todo este eje, poner en la agenda a los niños como elemento central del gobierno, para nosotros debería estar en el corazón del gobierno.
Hay otra causa adicional fundamental, una reforma política. Entonces, económicas, para que el país se levante; sociales, que tiene que ver con los niños; y una política que tienen que ver con una estructura de Estado más parecida al modelo neozelandés frente a algo más medieval que es lo que tenemos en Chile.

El tema económico está más claro. La apuesta es mejorar la inversión con una rebaja tributaria a las utilidades reinvertidas. En Educación, la agenda estuvo en la enseñanza universitaria, pero tú pones un énfasis distinto: la escolar. ¿Cómo vas a impulsar esas ideas?
-El tema de los niños fue el corazón de nuestra campaña presidencial. Nuestra mirada de justicia social se basa en la capacidad de igualar la cancha en esta temática. En el programa de gobierno de Sebastián Piñera, además de anunciar que el diez por ciento se destinará a políticas infantiles, algo inédito, va a articular la política social desde los niños. Eso significa que la escuela tiene que ser un gran vehículo para articular la oferta social del Estado. La forma más clara de graficar la deficiencia en esto, es que un estudiante de educación superior chilena tiene un estándar de resultado educacional parecido al de un español de educación media, y el de un neozelandés de educación básica. Hay que partir por construir el edificio por el primer piso, no el quinto. Todos los estudios demuestran que la desigualdad en Chile se genera en los primeros cinco años de vida. La tarea es que los recursos se inviertan. Si la Nueva Mayoría puso a la Confech y la educación superior como prioridad, nosotros podemos hacerlo con los niños. En el tema de gratuidad, nosotros compartimos el principio, pero creemos que hay una forma más justa de hacerlo, que es con un sistema solidario, donde tú no pagas nada mientras estudias, y si te va bien, al salir de la universidad le devuelves la mano al país.

¿Como un crédito costo cero?
-Es más parecido al impuesto de los graduados de Fernando Atria. En el fondo tienes un monto que te cobran cuando sales para devolverle la mano al país, con un tope de diez por ciento y diez años. Por lo tanto a los que les va mejor, devuelven más la mano en comparación a los que no les va tan bien, o estudian una carrera que no es tan rentable económicamente.

En rigor, propones mantener la gratuidad en la universidad, pero le agregas un foco impositivo.
-La gracia que tiene es que genera una solidaridad retributiva, entre el que le fue bien y el que está comenzando la carrea, algo intergeneracional. No es que haga un impuesto general, lo focalizo en el que le fue bien. A diferencia del de Atria, que es para toda la vida, nuestra lógica es devolverle la mano al país por diez años.

O sea tú no cuestionas la gratuidad por sí misma, sino cómo se financia.
-Es que en rigor no es gratuidad, sería mentirle a la gente, porque tiene que devolverle después la mano al país.

Pero la gratuidad siempre se paga, a través de impuestos generales, con el 19% del IVA, etc.
-Lo que te quiero decir es que nosotros queremos establecer un vínculo directo entre la persona que recibió una ayuda de parte del país y su posterior devolución. Es un concepto cultural importante, de reciprocidad y solidaridad. Donde no solo pido, sino también colaboro.

Y durante ese período, ¿se siguen pagando los otros impuestos como el del salario?
-Sí, es un adicional.

Respecto a la educación escolar, propusiste un modelo parecido al de “Machuca”.
-Sí, y es algo que creemos que va con la intención de construir una sociedad más inclusiva, donde también se tiene que incluir a los colegios particulares pagados. Colegios como el San Ignacio de Alonso Ovalle, que ha hecho un trabajo importante durante décadas, donde tienen en sus principios que un diez por ciento de la matrícula sea gratuita, puedan recibir apoyo del Estado. No tenemos que dejarlos fuera. Mi propuesta es bastante parecida a la de Mario Waisbluth, de Educación 2020, con la diferencia que él se opone a hacerlo de una sola vez, por un shock cultural. Yo tengo menos temor.

Cristián Leporati mencionó que fue parte del proyecto “Machuca”. Dijo que no recordaba nada más triste y discriminador en toda su infancia que sacar a alguien de su entorno para trasladarlo a uno que no conoce y que, además, suele ser hostil; además, Óscar Contardo hizo una crítica más bien al cariz ideológico: seguir viendo la educación pública como un castigo y un colegio particular como un premio.
-Todo eso significa que no leyeron la propuesta, se quedaron con los titulares. El proyecto en ningún caso busca hacer un experimento que obligue a alguien. Al contrario, quiere potenciar aquellas experiencias exitosas que ya funcionan en la actualidad. Invitaría a Contardo y Leporati que vayan a hablar con el colegio San Ignacio de Alonso Ovalle, para que conozcan lo bien que funciona. Los que no funcionan son aquellos proyectos que vulneran las libertades de las personas, donde tomas a una persona y la fuerzas a alguna conducta.

En una entrevista mencionaste el “derecho a pago” de los padres de los colegios. ¿Por qué te importa tanto que puedan pagar?
-Me interesa hacer la diferencia en defender el derecho de que tú puedas tener la subvención escolar en un colegio como el San Ignacio, donde pueda convivir hay alguien que aporta, que hace el diferenciado, con alguien que no paga nada. Comparto el principio que pueda tener alguien del Frente Amplio que la educación es un derecho, pero me gusta un modelo como el del San Ignacio donde hay gente que aporta, con gente que no, conviviendo juntos. Por eso dije que la subvención escolar se puede ocupar en un colegio particular pagado, siempre y cuando ese colegio no le cobre al que recibe la subvención escolar, por eso es una lógica el arancel diferenciado: algunos no pagan nada y otros aportan.

La polémica es porque esos recursos se van a un colegio que tiene dinero y no se destina a otros que tienen menos recursos y que atienden a una población más vulnerable.
-Eso es no entender el modelo, porque al contrario, estás promoviendo que esos colegios con sus recursos se hagan cargo de trabajar con la inclusión. Claramente la subvención escolar no te va a cubrir la matrícula del San Ignacio, por lo tanto estás invitando a esos colegios particulares pagados a que ellos subvencionen, con sus aportes, a que se hagan parte a su proyecto de mayor inclusión en el país. Estás pidiéndole a los colegios particulares que ellos también se pongan, no que ellos reciban. De hecho para ellos es mucho más fácil y cómodo no tener una política como esta.

Tal vez la desconfianza de tu idea choca con el lucro que ha existido permanentemente en la educación en este país, donde colegios subvencionados no necesariamente entregan mejor educación, y universidades, a través de inmobiliarias, se enriquecían.
-Por lo mismo la clave en esto, y lo planteé y siempre exigí, es tener mucha calidad. El problema de nuestro diseño escolar es que nos preocupamos demasiado por la cobertura y no de calidad. Cuando estaba en la Comisión de Educación, con Camila, Giorgio, Yasna Provoste, les decía “bueno, si efectivamente tenemos heterogeneidad -porque si mirabas el gráfico de calidad en los colegios, lucro no lucro, había una heterogeneidad enorme- ¿por qué no cerramos los colegios malos? Si lo que realmente nos importa es que nadie saque plata para perjudicar la calidad de la educación, bueno, démosle tres años para mejorar y si no lo hacen cerrémoslo”, pero no estuvieron disponibles. Era más su convicción ideológica. Tenemos colegios sin fines de lucro que de alguna manera hacen mala educación, como tenemos colegios con fines de lucro que también hacen mala educación tal vez por lo que dice el Frente Amplio, que sacan plata de forma ilegítima. Por lo mismo, creo que la gracia en cualquier sistema, ya sea con los colegios particulares pagados participando o no participando de esto, es que siempre tengamos una exigencia de calidad tremenda. Es la única forma que tenemos de emparejar la cancha. Si yo volviera a los años noventa y pudiera hacer algo distinto, permitiría que efectivamente tengamos libertad de elección de los apoderados y del sistema de vouchers, pero con un nivel de exigencia mucho más grande. Hoy día es más fácil abrir un colegio que un quiosco en la esquina. Y eso claramente no ocurre con los bancos. Eso no es entender la relevancia que tiene la educación, sobre todo en los primeros doce años de vida, en la construcción de la matriz de oportunidades en el país.

DERECHA LIBERAL

Se ha instalado la discusión respecto de que tú representas la derecha liberal y Ossandón la derecha social. ¿Cómo te tomas ese debate?
-Primero, me parece muy positivo que estemos discutiendo sobre elementos ideológicos…

Y no personales.
-Que no estemos hablando de la señora ya es un gran avance, ja ja.

¿Por qué crees que Ossandón personifica en ti todos los males de la derecha?
-No sé. Es parte de la competencia, por lo tanto no me lo tomo muy en serio.

¿Pero hay algo que te haya dolido en particular?
-No, en realidad no engancho mucho. No he hablado con él y no me interesa, sería envenenarme. Disfruto de mi vida política en Evópoli, y creo que si hay algo que hace mal es transformar la política en algo personal. Ahora, hay una discusión interesante, porque para nosotros lo liberal no se reduce a la libertad en los denominados temas personales, sino que también tiene que ver con un componente muy social. Tenemos un programa de gobierno hecho por más de cien profesionales, y por eso ahora estamos focalizados en que esas causas, más que los cargos, estén en el corazón del gobierno de Sebastián Piñera. Obviamente tenemos diferencias legítimas en temas como el matrimonio igualitario, o el derecho de cada persona en avanzar en su vida sin hacerle daño a un tercero, que es el principio básico de la libertad. El ciclo político que ahora empieza debe aprender de lo que fue la Concertación, que fue inclusivo en distintas miradas, donde había ciertos mínimos comunes en lo que fue el retorno a la democracia y la construcción de una institucionalidad. Hoy día, la clave de Chile Vamos es poder construir un ciclo político que no solamente le muestre a Chile una centro derecha que quiere cambios, sino una que le permita a esos huérfanos de la Concertación sentirse parte de algo nuevo, que los incluya y haga parte. Estamos convencidos que nosotros tenemos que construir el segundo piso de la casa, el primero ya lo construyó la Concertación.

Cuando hablamos de derecha liberal, tú mencionas dos fases. Una con énfasis en lo social y en los niños, y otra en las libertades personales. Ustedes en Evópoli son el techo de lo que se podría aspirar en libertades personales en el gobierno de Piñera, pero tú, por ejemplo, votaste contra el aborto en tres causales.
-Me tocó dar una discusión dentro de Chile Vamos cuando hicimos las primeras reuniones. Se generó una polémica porque yo era partidario de que aquellas personas que estuvieran a favor del aborto, pudieran estar en Chile Vamos, que no sea un elemento discriminador. Por lo tanto, tenemos que ir mucho más lejos. Yo estoy a favor del matrimonio igualitario, de la adopción homoparental, en contra del aborto, pero no tengo ningún problema en que alguien más cercano a la visión de Ricardo Lagos pueda ser parte de la coalición. Si en la mesa nos sentáramos con él y tuviéramos una conversación seria sobre cómo construir ese segundo piso, a pesar de nuestras miradas, este sueño de construir una sociedad justa basada en igualdad en los niños agarraría fuerza. Eso significa decirle que no a otras promesas, aquí hay que elegir. No puedo avanzar en gratuidad universal en educación superior, si es que no resuelvo lo otro primero. La lógica de incluir a personas con otra mirada en libertades personales, tiene que ser piedra angular de esta nueva coalición más parecida a la Concertación.

¿Cómo dialoga esta derecha con la que representa tu tío José Antonio Kast?
-Los liberales y los conservadores han trabajado en los últimos siglos de forma bastante recurrente. Hay elementos en los cuales podemos coincidir y en otros tener diferencias sustantivas, y eso tiene que enriquecer a esta coalición. Como nosotros estamos conscientes que tenemos que convivir con esa derecha, también tenemos que convivir con la centro izquierda de Ricardo Lagos. Esa es la visión que tiene Evópoli. Sebastián Piñera tiene una responsabilidad importante en esto.

En generar esos encuentros.
-En generar esa coalición que va mucho más allá de un gobierno. Hay que generar una nueva Concertación, con otro nombre. Hoy día se llama Chile Vamos, aunque si se logran integrar otros actores podrá tener otro. Lo relevante es que haya un mínimo común. Este nuevo ciclo nos obliga a cambiar la geografía política. Si antes era Pinochet y Allende lo que ordenaba el naipe, hoy día tiene que ser, ojalá, esa visión de justicia. La lección que dejó esta elección presidencial es que esto no se puede lograr sin trabajo ni crecimiento económico. Es imposible, porque cuando tú le haces daño a la economía, la ciudadanía, sobre todo la clase media, se siente atacada.

Hablas de una derecha más racional en una serie de temas. ¿No te da vergüenza o pudor al menos cuando tu tío sale a decir que Krassnoff se ve una buena persona? ¿Cómo reaccionas frente a algo así, cuando se habla de un criminal?
-Con José Antonio tengo coincidencias en algunas materias y otras en que no, y eso es parte de nuestra riqueza. Ahora, hay una coincidencia curiosa en que tengamos el mismo apellido, seamos familiares y tengamos aprecio en el plano personal. Pero claramente él representa algo que la UDI dejó de ser, y que él pretende que vuelva, y nosotros un camino distinto, que busca una centro derecha más liberal y republicana.

Sí, pero estamos hablando de asumir una bandera que dice que la gente de Punta Peuco está presa por motivos de venganza y no de justicia.
-Si es que entramos en el tema de Derechos Humanos, nosotros hemos sido muy claro. Creemos que la violación sistemática a ellos en Chile es de los dolores más grandes que tenemos, sobre todo en las últimas décadas. La gracia que tiene nuestra generación es mirar el pasado con luces y sombras. En aquellos que vivieron la época, hay una tendencia a comprarse el todo o nada. Esa es la herencia que recibimos. Yo tenía doce años para el Plebiscito. Además me tocó una situación muy extraña, ya que tuve un padre al que quiero mucho pero fue ministro de Pinochet, y después a un padrastro que también quiero mucho que fue ministro de Lagos. Él llegó a comer todos los días a la casa a contarme todo lo que ocurría en Chile, cosas que yo nunca había escuchado. Entonces tenemos que ser capaces de mirar el pasado con mucha nitidez, sin caer en comprarse el todo o nada.

La pregunta es si compartes eso de que “los viejitos” que están presos en Punta Peuco lo están injustamente.
-No, hay personas que cometieron crímenes y tiene que existir justicia. Eso no quita que toda persona merece morir en paz si es que está con una enfermedad grave. Por lo tanto, el hacer justicia jamás debe ir encontra de un mínimo criterio humanitario. Por lo tanto, si me toca votar una ley a favor de que la gente de Punta Peuco, incluyendo a toda la población carcelaria en Chile, pueda pasar sus últimos días de enfermedad en su casa, lo hago de todas maneras.