Corría el 2012 cuando el abogado limachino Patricio Bravo leyó por primera vez la palabra Bitcoin. Como casi todos los chilenos que llegaron a ella por esos años, Bravo en realidad buscaba otra cosa.

“En conversaciones de curado, siempre discutía con mis amigos la necesidad de crear dineros locales, para evitar que el trabajo de uno terminara en una oficina en Santiago”, rememora. Navegando en internet, dio con las primeras páginas en español que hablaban de la moneda virtual que se tomó el 2017: con un documental en Netflix dedicado a ella y candidata a palabra del año por la Fundéu BBVA, sólo en los últimos 12 meses, el Bitcoin aumentó su valor en 1.200%, volviendo millonarios –o “criptomagnates”- a jóvenes que habían apostado por ella cuando costaba menos de un dólar.

Una divisa virtual cuyo origen se remonta a 2008, cuando el internauta Satoshi Nakamoto publicó un paper en el que aseguraba haber dado con la fórmula para prescindir de los bancos. “Una versión puramente electrónica de efectivo permitiría que los pagos en línea fuesen enviados directamente, de un ente a otro, sin tener que pasar por medio de una institución financiera” rezaba el trabajo, publicado pocos meses después de la crisis subprime.

La teoría de Satoshi, basada en el uso de blockchains. o cadenas de bloques -los cuales contienen información encriptada de todas las transacciones-, buscaba crear una forma de asignar e intercambiar valor, en un año marcado por la desconfianza hacia los banqueros.
La idea caló en Bravo. “El problema en las crisis económicas es el dinero. Porque la gente no deja de producir riquezas, tú sigues produciendo servicios que valen y yo igual. Si yo hago mermelada en la casa, puedo seguir haciéndola, el problema es que no puedo plasmarla en riqueza, porque no hay dinero. ¿Y cómo se soluciona entonces? Creándolo”, explica.

Pronto comenzaría a reunirse con personas que pensaban como él. Ese año, el Bitcoin alcanzó la cifra récord de ocho dólares.

FIESTAS, DROGAS, Y DEEP WEB
Yerko Pincheira es oriundo de Maipú, y a sus 36 años se define como un “desarrollador tecnológico, anarquista, y filósofo”. Además, fue uno de los primeros chilenos en hacerse de bitcoins, poco después de que estos fueran creados en 2009. Según sus registros, no muchos años atrás llegó a contar con 1.450 unidades de la criptodivisa, una fortuna que hoy equivaldría a algo así como catorce mil millones de pesos.

Pero él, asegura, no entró por el dinero. “Lo que a mí me gusta de esto, es poder echarle la choreada a los bancos. Decirles que nosotros podemos hacer transacciones financieras, y que no los necesitamos”.

Durante el día, trabaja de manera casi anónima reparando servidores en empresas del centro de Santiago. Durante el resto del tiempo, y especialmente en el mundo virtual, es conocido como Yerkobits.

Como todos los que se iniciaron en las criptomonedas a comienzos de esta década, Yerko hizo sus primeros bitcoins “minando”, es decir, procesando transacciones de personas alrededor del mundo –cuyas identidades permanecen anónimas- y agregándolas a la blockchain. Cada diez minutos, el programa “premia” a un minero con 12,5 bitcoins. Si en un sistema monetario tradicional los gobiernos imprimen dinero, en el mundo Bitcoin este no se crea, sino que se descubre.

En sus inicios, el Bitcoin se usaba principalmente en la deep web, ese mítico lugar del internet al que se cree que sólo programadores pueden ingresar –en realidad, cualquiera puede hacerlo- y donde, entre otras cosas, se comercian drogas y pornografía infantil. “Como sus transacciones se producen en total anonimato, era perfecto para el narcotráfico o la compra de armas”, explica Pincheira, quien, en Chile, vivió algo similar.

“Me empezó a contactar gente para comprar bitcoins, particularmente extranjeros que asistían a fiestas electrónicas acá”, recuerda. Pronto, Yerko, de vida social más bien tranquila, comenzó a recibir invitaciones para fiestas por todo Chile.

— Yo les vendía mis bitcoins e iba, pero siempre intuí que la usaban para comprar drogas sintéticas. Como había tantas fiestas, incluso llegué a sospechar que se hacían nada más que para hacer transacciones de droga, ja ja.

Hacia 2014, Pincheira comenzó a aportar parte de su reserva de bitcoins en diferentes proyectos tecnológicos que comenzaron a recibirlos: Wikileaks, Mozilla y proyectos de nuevas criptomonedas. “En ese tiempo yo me desencanté de los bitcoins por lo que llegué a ver de la ambición humana, que comenzó a verlo como una especulación antes que su aporte. En realidad, nunca me interesó su valor monetario”, asegura.

De su patrimonio original, Pincheira reconoce escuetamente conservar “algo más que un bitcoin”. Actualmente, se dedica a enseñar acerca de criptomonedas y anarquismo. Junto a un amigo crearon su propio juego de cartas –al estilo Magic-, llamado “Anarkópolis”, con el que enseña a niños sobre Bakunin, los mitines y Noam Chomsky.

El año en que Yerko se deshizo de casi todo su patrimonio, el Bitcoin alcanzó un peak de 300 dólares.

ESPECULACIÓN Y CRIPTOMAGNATES
Son las 18 horas del viernes previo al año nuevo. Mientras todo Chile se prepara para salir del último día hábil del año, en esta oficina con vista al cerro Manquehue, en Las Condes, nadie parece querer irse.

Hace poco más de un año, Martín Jofré (33), y Rafael Meruane –abogado PUC e ingeniero informático de la Chile, respectivamente- trabajaban en su proyecto personal, Cryptomkt, en un sótano cercano. Hoy, ambos dirigen un despacho lleno de profesionales millenials en uno de los barrios más exclusivos de Santiago.

Cryptomkt es una empresa cuyo fin es “transferir valor” utilizando Etherium, una criptodivisa creada por Vitalim Buterin, un joven ruso de sólo 23 años. “La idea”, afirma Jofré, “es que, ayudados por la tecnología blockchain, tú puedas transferir valor a cualquier lugar del mundo, en un instante y con el mínimo costo”. Y no les ha ido mal: si en el primer mes contaban con 37 clientes, hoy tienen más de 30 mil, quienes han transferido el equivalente a 1.600 millones de pesos en moneda virtual.

La suya es sólo una de las múltiples empresas que han surgido al alero de las criptomonedas en Chile en el último año. Algo que ha preocupado al sector financiero. En noviembre, el Banco de Chile emitió un comunicado a sus trabajadores, donde se les pedía “abstenerse” de invertir en Bitcoin, cuando este bordeaba los 13 mil dólares, mientras que el Banco Central señaló que “las denominadas monedas virtuales, tales como el Bitcoin o Ethereum, no cuentan a la fecha con un reconocimiento legal o reglamentario específico en nuestro país”.

Y no sólo en Chile: la semana pasada, Corea del Sur –país donde casi un tercio de sus ciudadanos cotiza en criptomonedas- anunció que buscarán cerrar las bolsas que transan estas divisas, aduciendo que el gobierno “no puede permitir esta especulación irracional”.

“Es normal que esto sea mirado con reticencia, porque ningún organismo regulador estaba preparado para que se ‘uberizara’ el área financiera. Fue demasiado rápido”, responde Jofré.

Aunque Jofré asegura que Cryptomkt está sujeta a la Unidad de Análisis Financiero, -“utilizamos los mismos protocolos que previenen el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo”- sí asegura que esta actividad debiese ser supervisada por la Ley de Mercado de Valores. “Casi por definición, esta actividad puede prestarse a la especulación, es necesario que un organismo se haga responsable de potenciales estafas”, dice.

Actualmente, se estima que existen entre 1300 y 1400 criptomonedas en el mercado, muchas de las cuales esperan su oportunidad de “reventar”. El caso de la moneda chilena “Chaucha” es ilustrativo. Luego de que Bloomberg la destacara en un artículo, esta subió su valor en 11.000% en sólo un mes, para luego desplomarse. Aunque no se refiere a ningún caso en particular, Jofré sostiene que el “ofrecer rentabilidad asegurada es más cercano a los quesitos que a un sistema sofisticado basado en una tecnología informática”.
El año en que Martín y Rafael fundaron su empresa, el Bitcoin llegó a un peak de 430 dólares.

BITCOINS BOLIVARIANOS
“A toda la comunidad de criptomonedas: hay que diferenciar entre movilizar cientos de miles de millones de dólares de riqueza en papel digital y realmente lograr algo significativo para la sociedad (…) Si lo único que logramos son memes de Lamborghinis y bromas inmaduras, voy a irme”.

La frase pertenece a Vitalim Buterin, el joven criptomagnate ruso creador del Etherium. Su molestia es compartida por Martín Jofré, quien dice estar cansado de que “sólo se hable del precio, y no de los usos de esta tecnología”.

Desde que se desató la “fiebre” de las criptomonedas en Chile, tanto Yerko Pincheira como Patricio Bravo reciben constantes mensajes y llamados de personas que quieren “invertir fuerte” en divisas virtuales. Ambos pertenecen a la Asociación Bitcoin Chile -quienes hace pocas semanas instalaron el primer cajero Bitcoin de Chile en Providencia-, una agrupación que se propuso educar respecto a las divisas virtuales.

En el lobby del cajero Bitcoin, Robert (42) llega con una carpeta bajo el brazo. Arribó desde Venezuela para buscar trabajo en Santiago, precisamente el día en que se inauguró el cajero. “Pensé que era algo único, tenía que venir a conocerlo”, dice mientras juega con las opciones de compra virtual en la pantalla.

Venezuela es, de hecho, uno de los países con mayor presencia de “mineros” en el mundo. Un reportaje de la BBC ubicó decenas de centros clandestinos repartidos por barrios residenciales en Maracaibo, San Cristóbal y Caracas. “El férreo control de la moneda local y las restricciones de compra en dólares formaron un improbable negocio en el minado de Bitcoins”, explica Robert, quien suma otro factor: la electricidad en Venezuela está subsidiada por el Estado. “Actualmente, hay poco lugares donde es tan lucrativo minar Bitcoins como en Venezuela”.

A comienzos de diciembre, el presidente Nicolás Maduro anunció la creación de una criptomoneda bolivariana, llamada “petro”. Durante su programa semana –“Los domingos de Maduro”- explicó que la medida apuntaba a “avanzar en la soberanía monetaria y vencer el bloqueo financiero”. Además, Venezuela comenzó a hacer un catastro de los mineros del país: la idea es obtener sus nombres, direcciones, y saber qué clase de equipos usan para minar.

“Allá, el Bitcoin es una preocupación de Estado”, resume Robert, segundos después de realizar su primera transacción en el cajero. Antes de salir, se fija en el valor del Bitcoin en su ticket, y lo compara con el de la pantalla.
En menos de dos minutos, este bajó dos millones de pesos.