“¿Qué es el Frente Amplio?” se pregunta Eugenio Tironi en una columna que escribe para El Mercurio. Ante la interrogante que pone sobre la mesa, primero ofrece una contextualización de los hechos. Así lo ve:

“La visión dicotómica según la cual de un lado está la modernización, y con ella la razón, los intereses, el consumo, el capitalismo y la globalización”; o sea Piñera, y “del otro el comunitarismo con su estela de creencias, pasiones, religiosidad, socialismo y proteccionismo, me temo responde más a las condiciones de los siglos 19 y 20 que a las del siglo 21. Es la lección que nos dejan fenómenos que no encajan en esa dicotomía, como el fundamentalismo religioso, los triunfos del Brexit y de Trump, o la debacle de las corrientes políticas que marcaron el rumbo del mundo en el último medio siglo. El surgimiento del FA hay que entenderlo desde este registro”.

Entonces dice que si bien en el FA hay grupos y figuras que llevan muchos años cambiando de domicilio político con cierta asiduidad, “el tronco y el liderazgo” de éste “está constituido por jóvenes -o mejor dicho, estudiantes y nuevos profesionales- que adquirieron protagonismo con el movimiento de 2011”.

Así -propone- “esa dimensión generacional es clave para intentar comprender el FA. En gran medida, este expresa el hastío de los jóvenes educados hacia la parsimonia de la generación precedente, marcada por un temor al caos y la incertidumbre que viene de las crisis que le tocó vivir, y una visión lineal, no disruptiva, del progreso humano”.

Para Tironi, “la generación del FA no conoce el mundo de sus antepasados, aquel dominado por el temor a la escasez, y no tiene por qué hacerlo. Ella teme más bien a la abundancia, que de seguir como está llevaría a la destrucción del planeta”.

El FA- dice- desconfía por igual del capitalismo y el socialismo. “Los líderes del FA no creen en la noción del bien común, ni que este sea dominio del Estado. Apuestan, más bien, a la energía creativa que surge del conflicto, y en este sentido están más cerca de los ” animals spirits ” del liberalismo que del centralismo socialista”.

En síntesis, sostiene Tironi, “el FA es un movimiento que nace de una sociedad de clase media, no de pobres. No reclama por la exclusión, pues es parte de la modernidad: se rebela, sí, contra sus rasgos oligárquicos”.

“El FA abraza la globalización, no el aislacionismo, con líderes e intelectuales que han sido formados no en las oscuras estructuras de los partidos políticos, sino en las luminosas aulas de las mejores universidades del mundo (…) en suma, apelando a un cliché, diría que el FA no es antimoderno: es más bien posmoderno”.