Rodman Serrano, de origen salvadoreño y miembro de “Se hace camino Nueva York”, escribe un artículo en The New York Times que se titulaDonald Trump quiere separar a mi familia”. En este texto, Serrano no hace otra cosa que ponerle rostro al drama de los cientos de miles de personas que podrían perder el Estatus de Protección Temporal (TPS, por su sigla en inglés) tras el anuncio del mandatario gringo.

Textualmente dice que “el día que más orgulloso me he sentido fue cuando me aceptaron en la Universidad Stony Brook: la escuela de mis sueños. No abrí la carta de inmediato, sino que estuve sopesando el sobre en las manos. Cuando por fin lo abrí y leí la carta, sentí alivio y euforia. Estaba solo a un paso de que mi sueño de ser maestro de bachillerato de Literatura se hiciera realidad. Mi mamá fue la primera persona a la que le conté y la primera en felicitarme. Celebramos con una lasaña que preparó para la ocasión. Fue algo muy importante para nosotros: soy el primero de la familia en ir a la universidad”.

Pero entonces el sueño de Rodman Serrano podría truncarse. “De manera abrupta, nos quitaron la seguridad que alguna vez sintió mi familia y cerca de otros 200.000 salvadoreños como nosotros”.

 

Reseña Serrano que tanto él como sus hermanas tienen ciudadanía estadounidense. “La primera vez que me percaté de que mis padres inmigrantes podrían ser atacados fue durante la campaña electoral del presidente Trump. Antes de eso, había dado por hecho que mis padres iban a seguir protegidos. Después de todo, su familia está aquí. Sus trabajos están aquí. Sus amigos están aquí”, dice.

Después, prosigue, que “me di cuenta de que Trump usaba su campaña para convertir a todo tipo de inmigrantes y refugiados en chivos expiatorios, y me di cuenta de que también podría venir en nuestra contra”. “Nuestras familias son tan estadounidenses como cualquier otra. Es momento de ser tratados de ese modo”, exclama.

“Ahora que el TPS se canceló, nuestra familia debe pensar muy bien qué sucederá si nuestros padres son enviados de regreso a El Salvador. Mi preocupación principal es la supervivencia de mis padres (…) Temo por mis hermanas pequeñas. De 18 y 20 años, ambas siguen necesitando a mis padres. Después de enterarse de las noticias de esta semana y darse cuenta de que podríamos necesitar ahorros si queríamos superar estos tiempos difíciles, en especial si mis padres se ven obligados a reubicarse, una de mis hermanas ofreció dejar la escuela un semestre para trabajar y ganar dinero para la familia. Mi madre respondió con el mismo aplomo y la misma determinación con la que ha actuado desde que llegó a este país: “No, mi hija, debes seguir estudiando. Lo que más importa es tu futuro”. Mientras crecía, me enseñaron qué significa ser parte de una familia, parte de una comunidad. Mis hermanas también necesitan eso”, afirma.

Como para sintetizar, sostiene que “nuestro futuro no debería depender de los caprichos de una gestión que quiera utilizarnos como peones políticos. Los titulares del TPS, como mis padres, están integrados de manera profunda en el tejido de las comunidades estadounidenses. El Congreso de Estados Unidos debe dar la cara y ofrecer una solución que ofrezca un estatus permanente a cientos de miles de beneficiarios del TPS, como mi mamá y mi papá”.