Corría el minuto 86 del partido entre Real Madrid y el Deportivo La Coruña en el Santiago Bernabéu. La Casa Blanca goleaba con holgura, como hace mucho no acontecía. Y entonces vino la escena de la tarde. Aquella que repiten y repiten los noticiarios y que los diarios cuelgan como portada los lunes. Después de un fin de semana de fútbol. Cristiano Ronaldo, tras centro de Casemiro, anota de cabeza el 6-1 y cae el suelo. Se agarra la cara. Se nota desesperado. No halla nada mejor que, ahí mismo en la cancha, pedir un celular. Se mira la mejilla, gesticula con desaprobación. De su cara brota sangre, mucha sangre. Pero nada grave. Una herida superficial al fin y al cabo. Aunque aun así,  la imagen de la jornada, por sobre incluso la goleada del monarca de Europa.

P