Sobran razones para celebrar el primer aniversario del Frente Amplio, pero en lugar de la complacencia, hemos preferido propiciar una reflexión acerca de las nuevas metas que enfrenta esta fuerza política y social, en su propósito de empujar las transformaciones que el país necesita. Dimos un gran paso al constituirnos y levantar una candidatura presidencial exitosa, con un programa de gobierno sustentable y conseguir la elección de 21 parlamentarios; pero tenemos que hacernos cargo de al menos tres grandes desafíos si queremos seguir creciendo como alternativa de Gobierno para el 2021.
 
El primero es asumir que somos una coalición de partidos y movimientos muy diversos, cuya unidad de propósito no es suficiente para alcanzar una mayoría. Necesitamos desarrollar una cultura de coalición y una capacidad orgánica que nos convierta en un polo de atracción para otras organizaciones, movimientos y fuerzas emergentes o tradicionales.
 
El Frente Amplio no será una alternativa de gobierno si no es capaz de crecer en la sociedad civil, los gobiernos locales, regionales y el Congreso Nacional. No podremos aspirar a ser el motor de las transformaciones si no estamos en cada territorio y en cada comunidad, integrando a estudiantes, trabajadores/as, empresarios/as, dueñas de casa, intelectuales, artistas, entre otros. Porque la mayoría social y política no es una cuestión de votos, sino de presencia, incidencia y representación en todos los ámbitos de la convivencia social.  
 
El segundo desafío es hacernos cargo de un debate pendiente en el espacio político de la centroizquierda. No basta la agrupación de una amplia gama de organizaciones, con idearios que abarcan desde el pensamiento socialista, pasando por corrientes socialdemócratas, humanistas laicas, social cristianas, ecologistas y liberal progresistas. Hace falta una revisión aguda de las principales tradiciones del pensamiento progresista, que nos permita actualizar la ideología y generar una cosmovisión creativa para el presente y el futuro.
 
Las ideas de cambio están vivas y son mayoritarias, pero requieren mayor profundidad teórica y capacidad analítica para decodificar los problemas y las necesidades del futuro, en clave de transformación. El Frente Amplio debe darle mayor densidad a ese conjunto de ideas de centroizquierda que hoy transitan entre la nostalgia obrerista y el reformismo liberal, para reorientarlas hacia una oferta de cambio estructural, basada en principios de igualdad y libertad.      
 
Un tercer reto para nuestra consolidación consiste en ampliar la oferta programática de la izquierda hacia los tres ámbitos de la esfera pública: el Estado, el Mercado y la Sociedad Civil. Si queremos reconstruir los puentes entre la política y la ciudadanía, tenemos que dotarnos de una plataforma programática sin cojeras, muy bien estibada en todas las dimensiones del interés general, movilizando a las organizaciones sociales, ocupando posiciones en el Estado y ofreciendo alternativas de desarrollo para un mercado que tiene que ser democrático.
 
Hasta ahora Chile no ha logrado un desarrollo económico compatible con el bienestar de todos y todas, porque  no hemos sabido conciliar mercado y democracia, lo que nos ha llevado a dejar la hegemonía económica a la derecha. Como resultado, el crecimiento beneficia a unos pocos y la desigualdad campea en la educación, la salud, la vivienda y hasta en la seguridad pública. Por eso, no podemos dejarle a las fuerzas conservadoras la tarea de gobernar el mercado, mientras la centroizquierda sólo aspira ocupar el Estado.
 
Estos tres desafíos nos ponen un peso gigantesco sobre las espaldas, pero si apenas en un año pudimos llegar a donde estamos, somos capaces de alcanzar el sitial de mayoría para hacer de Chile un país más amable y justo.
 
 
Paula Poblete,
Secretaria General de Revolución Democrática