Nadie quedó indiferente a la composición del gabinete anunciado por Sebastián Piñera el pasado martes.

Por lejos, uno de los nombres que más llamó la atención fue Alfredo Moreno y su designación como titular en el Ministerio de Desarrollo Social, materia de análisis de Carlos Peña en su última columna de opinión, publicada este domingo en El Mercurio.

“De todos los miembros del gabinete del futuro gobierno, hay uno especialmente significativo: Alfredo Moreno. ¿Cómo entender que un dirigente empresarial -uno de los más relevantes- sea el encargado del Ministerio de Desarrollo Social? A primera vista es difícil de entender, pero a poco que se reflexione salta a la vista su sentido”, parte diciendo el rector de la UDP.

“Alfredo Moreno es un empresario preocupado de lo que suele llamarse “iniciativas sociales”. Junto al tiempo que dedica a la obtención de su renta y a los caballos que cría con esmero en Melipilla (y alguno de los cuales regala a la realeza británica empleando la misma sonrisa amable con que ayuda a los desvalidos), presidió la Fundación Teletón y participa de varias iniciativas de ayuda a sectores maltratados por la desigualdad o la mala fortuna (…) Y es que Alfredo Moreno es un representante -quizá involuntario, porque este tipo de personas no eligen su identidad, sino que la llevan- de lo que pudiera llamarse la derecha compasiva”, complementa.

¿Qué es la derecha compasiva? El abogado lo define como una corriente “consciente de las desigualdades inmerecidas; pero en vez de detenerse en las causas que las configuran y que las acentúan, prefiere detenerse en la actitud benevolente que hacia ellas deben poseer los favorecidos por la fortuna. La derecha compasiva se detiene nada más que en el presente (en este sufrimiento, este tropiezo, esta desigualdad lacerante, estas cataratas), pero descuida el futuro (cómo evitar que cosas semejantes se repitan) y, desde luego, no le interesa el pasado (cuáles son las causas de que este tipo de cosas ocurran)”.

“La preocupación estructural por el futuro le parece utópica y la atención al pasado, inútil. La derecha compasiva, cuyo espíritu es el de Moreno, combina la sensibilidad aprendida en el Colegio San Ignacio con la sagacidad empresarial que le enseñó Chicago. Este tipo de derecha combina un credo conservador conforme al cual las injusticias son el precipitado de procesos que no es dado a la voluntad humana controlar del todo, con una actitud benevolente hacia el sufrimiento humano. Es probable que su frase preferida sea esa del evangelio que afirma que siempre habrá pobres entre vosotros. Y la que prefiere saltarse sea aquella que invita a despojarse de todo para seguir el mandato evangélico”, añade.

Después de este análisis, Peña se pregunta si Moreno -a quien define como “un derechista compasivo que atesora con igual fuerza las enseñanzas de Alberto Hurtado con las de M. Friedman”- podrá sintonizar con la ciudadanía y, especialmente, con los grupos medios que Piñera abordó durante su camapaña.

“Lo más probable es que no”, sindica Peña, aunque repara en que “no se trata de talento, sino de comprensión. La derecha compasiva arriesga malentender el Chile contemporáneo”.

“La designación de Alfredo Moreno es el primer síntoma de que Sebastián Piñera se ha dejado llevar por su pragmatismo de lo inmediato más que por la mirada de largo plazo (…) La sonrisa de Moreno funciona bien con la realeza británica que recibe caballos de regalo o con los ancianos necesitados de ayuda para ver la luz; pero es difícil que con esa actitud se gane la confianza de los grupos medios que en estos años han hecho la experiencia de la autonomía y que anhelan no benevolencia, sino reconocimiento”, concluye.