Catalina Parra, primogénita de Nicanor, e Isabel Soler, su hija, cuentan a Ya que fue a petición de ellas que el velorio del antipoeta se hizo en la Catedral. Tenía que ser público, dicen. Porque “hubiera sido muy triste. Muy triste para todos, porque él es parte de este pueblo”.

Pero Catalina e Isabel no sólo hablan de aquello y de la relación que sobre todo tenía la primera con el Premio Cervantes. “Una conexión inalámbrica, como hija mayor y por haber vivido muchas cosas juntos”, describe. Sino que se refieren además a lo que ha pasado con la casona de La Reina y la vida hippie y antisistema de quienes habitan el lugar. Y con las disputas con Colombina, Barraco y Tololo por las cosas, por el inventario.

“Teníamos una vida muy organizada. Con loza inglesa, servicios de plata, con lindos objetos. En ese momento, yo estaba casada con Ronald Kay y vivíamos con mis tres hijos en una casa muy linda. Cuando yo gané la Beca Guggenheim, decidimos irnos con mis hijos a Nueva York. Y entonces, quedaron todas las pertenencias nuestras, de nuestra casa, en La Reina, guardadas. Yo se las dejé a mi papá, mis niños eran chicos todavía. Eso fue en 1980, todo eso desapareció. No existe nada (…) cuando vinimos en 2012, estaba todo en un estado de deterioro y abandono. Puertas sin chapas, vidrios rotos, yo hice unos videos. Estaba todo abierto, se podían llevar lo que quisieran. Yo quise en ese momento que hiciéramos un inventario. Y se negaron a hacer inventario”, afirma.

Consultada entonces por quiénes son las personas que se oponen, responde que “la Colombina y el Barraco, realmente. Y el Tololo”.

De aquel episodio queda el registro de Catalina acusada de entrar a la casa y llevarse unos cuadros de su tía Violeta. Al respecto defiende que “fue un salvataje”.

“Nadie entró furtivamente. Llegamos en la mañana con mi hija Isabel, quien me acompañó a Chile. Nos abrió el portón un sobrino, hijo de Colombina. (…) Sacamos los cuadros con mi hija porque consideré que ahí no estaban a salvo (…). Hoy están a salvo en las manos de su dueño legítimo”, diría la propia Catalina a la misma publicación en 2012.

Una vida hippie

Isabel Soler cuenta que en el terreno de la parcela de La Reina se hicieron tres casas y es en éstas que hoy viven sus primos y sobrinos. “Son hippies y punk y rockers y toda esa cosa anti-establishment. Son anti el trabajo de nueve a cinco. Entonces, a esa casa llega la gente a enfiestarse. Hacen fiestas, carretes, como dicen acá. Te estoy hablando desde siempre, desde que ellos llegaron a los 19 años. Ese es el estilo de vida que había en esa casa, y mi abuelo vivía en Las Cruces. Pero la casa de La Reina quedó con todas las pertenencias de nosotros cuando nos fuimos a Estados Unidos. Con todas las obras de arte de mi mamá, nuestros libros, nuestros muebles, todo. (…) Existe la colección de arte que quedó en esa casa, donde hay obras de Dittborn, donde hay obras de Kikai, que quedaron de nuestra colección. Y eso ha sido uno de los temas difíciles con la familia porque nosotros queremos nuestras cosas de vuelta”.

Catalina interviene en ese punto de la conversación y admite que le parece muy bien que hoy se esté haciendo la recuperación de esas cosas, un inventario. Pero, a renglón seguido acota que quienes tiene el mérito de salvaguardar esos objetos son quienes precisamente propiciaron “que esa situación se produzca”.

“Hay un tema aquí que tiene que ver también con que nosotros nos fuimos a los Estados Unidos. Nosotros hemos siempre trabajado, siempre nos esforzamos para estudiar, nos hemos esforzado para tener nuestro propio dinero, para hacer una vida, ¿ya? Y los hermanos de mi mamá, el Barraco, la Colombina, el Tololo y toda esa gente ha vivido de mi abuelo. Esa gente realmente no tiene una industria o trabaja. Ellos han vivido de la casa familiar, han vivido de la plata que mi abuelo hacía. O sea, hay un tema ahí, me entiendes tú, de dependencia económica. Entonces ese estilo hippie tiene que haber sido financiado por alguien y fue financiado por mi abuelo. Un abuelo y un papá muy viejo”, subraya Isabel.

La tarea de la herencia parece entonces un asunto complejo dentro de este escenario familiar. Así lo ve Isabel: “Es un tema difícil para nosotros porque nosotros también vamos a tener que cruzar ese puente. Ojalá que no tuviera que gastarse una fortuna en abogados y que terminemos con esto en un show terrible. Son seis hermanos. (…) Y diferentes ramas de la familia, va a ser delicada la tarea”.