Robert Angell diría años atrás que Gardner Botsford, quien fuera editor de The New Yoker, “cogía algo que habías escrito y lo mejoraba, y resultaba muy difícil averiguar cómo lo había hecho. Eso le encantaba”.

Pero alguna vez Botsford, fallecido a los 87 años en 2004, revelaría lo que para él eran algo así como las cinco reglas de oro para editar un texto. Y para editarlo bien.

Número 1: Un texto para ser bueno requiere la inversión de una cantidad determinada de tiempo, por parte del escritor o del editor.

Número 2: Los buenos escritores se apoyan en los editores; no se les ocurriría publicar algo que nadie ha leído. Los malos escritores hablan del inviolable ritmo de su prosa.

Número 3: Puedes identificar a un mal escritor antes de haber visto una palabra que haya escrito si utiliza la expresión ‘nosotros, los escritores’.

Número 4: Al editar, la primera lectura de un manuscrito es la más importante. En la segunda lectura, los pasajes pantanosos que viste en la primera parecerán más firmes y menos tediosos, y en la cuarta o quinta lectura te parecerán perfectos. Eso es porque ahora estás en armonía con el escritor, no con el lector. Pero el lector, que sólo leerá el texto una vez, lo juzgará tan pantanoso y aburrido como tú en la primera lectura. En resumen, si te parece que algo está mal en la primera lectura, está mal, y lo que se necesita es un cambio, no una segunda lectura.

Número 5: Uno nunca debe olvidar que editar y escribir son artes, o artesanías, totalmente diferentes. La buena edición ha salvado la mala escritura con más frecuencia de lo que la mala edición ha dañado la buena escritura. Eso se debe a que un mal editor no conservará su trabajo mucho tiempo, mientras que un mal escritor puede continuar para siempre, y lo hará. La buena escritura existe al margen de la ayuda de cualquier editor. Por eso un buen editor es un mecánico, o un artesano, mientras que un buen escritor es un artista.