Este texto es de Clara Triana, se publica en Soho Colombia y se titula “Mi primera vez con un amante”. Parte así:

“Llevo tres años con mi novio y hace una semana le fui infiel. No planteo justificarme diciendo que me pegaba, me trataba mal o era mal polvo. Ninguna de las tres. De hecho la pasamos muy bien pero a veces siento que nuestra relación es más de amigos y ya. El sexo con él no es malo, pero tampoco es el mejor. El problema de durar tanto con una persona a tan corta edad (tengo 23) es que la rutina carcome por dentro”.

La autora del relato sitúa el momento cuatro meses atrás de contarlo, cuando en un nuevo trabajo conoce a Jorge. Lo describe como alto, negro y fornido. De 27 años.

Cuenta que advierte el interés de Jorge cuando lo sorprende mirando un foto de ella en Instagram. Entonces le da follow y el juego comienza.

Al principio -escribe- sólo besos y algunos manoseos que describe como calientes.

Pero luego todo de va al carajo. Tras un caminata luego de una salida de martes por la noche terminan en la casa de Jorge. Ahí bailaron, y mucho, dice, cuando el manoseo se hizo más intenso.

“Ahí me puse a pensar en mi supuesta moralidad. Es decir, no, yo nunca había puesto cachos pero siempre me pregunté cómo se sentiría. Entonces empecé a justificarme de a poquitos: yo soy de las que se ve todos los santos días con el novio, así que era una señal del destino porque justo ese día Andrés había viajado a Tunja donde unos parientes. Justo ese día, también, Jorge había salido temprano del trabajo -normalmente salía después de las 10 de la noche-. Bonus track: tenía puesto mi mejor brassier y estaba -se podría decir- linda. Y mientras yo pensaba en todas esas estupideces, Jorge se había encargado de quitarme la blusa delgadita y rosada que tenía ese día y ya… a lo que íbamos”.

Según Clara, si no es el mejor polvo que se pegó en su vida, se ubica en el podio. “Lo hicimos por lo menos tres veces en múltiples posiciones. Lento y rápido. Fuerte y suave. Hasta me bañé con Jorge. Calculen. Además, el man duraba mucho y me hizo venirme por lo menos cinco veces. Todo el edificio se enteró que él había traído a su conquista y no me importó. Yo había disfrutado y ni vivía por la zona. Al fin y al cabo, yo tenía novio ¿no?”

Para cerrar, dice lo siguiente: “no he sentido culpa, no le he contado nada a mi novio y hace tres días tuve sexo con él. Me vine rapidísimo porque solo podía pensar en el torso negro, musculoso y grande de Jorge”.