El extenista argentino Gastón Gaudio reveló sabrosas anécdotas de sus carretes extremos junto al Chino Ríos cuando ambos aún estaban vigentes en la ATP.

Según revela una nota de La Tercera, el trasandino manifestó que “lLas noches con el Chino Ríos son muy buenas diez años después, cuando las contás, pero la pasás como la montaña rusa: cuando llegás, decís: ‘para qué m… estoy acá, pero un poco te gusta”.

En este sentido el argentino señaló al programa “Perros de la Calle” de radio Metro que “todas las noches que salís con el Chino la pasás… O sea, en un punto te gusta, porque estás siempre al límite, pero él no tiene límites”.

Gaudio precisó que “una vez salimos en Suiza a bailar. Habíamos perdido, era ya casi de los últimos torneos del año, en Basel, cuando ya estás frito de la cabeza, que ya no podés más”.

El relato sigue señalando que “Yo jugaba tipo 7 de la tarde en Basel, pierdo aproximadamente en ocho minutos, 6-1 y 6-2 (risas)… Vuelvo al hotel, entro al lobby y veo al Chino en las mesas del bar -ya eran como las 10 de la noche- vestido de tenis, como había terminado a las 3 de la tarde, que había perdido también. Lo veo con short, con el bolso de las raquetas, y en la mesa había 17 cervezas”.

El retirado tenista manifestó que “Yo llego y lo veo al Chino. Y le digo: ‘¿Pero me estás jodiendo? No subiste ni a cambiarte’. Y él me dice: ‘Hoy se sale, Gato'”.

Siempre con el “Chino” como protagonista, Gaudio declara que “Ya no se podía mantener en pie. Yo ya lo veía venir”, comentando qu e”Yo por dentro decía: ‘¿Lo estoy haciendo bien o lo estoy haciendo mal? Porque no hay manera de que esto termine bien”.

Gaudio relata en La Tercera que “Vamos a un lugar, que era lo único que había, un bolichito, entramos. Todo un lugar muy bar, boliche, pero muy fino. Todo de vidrio, seguridad, todos inmaculados”.

En este sentido, el deportista añade que “tres de la mañana, yo no podía más. Ya el Chino había hecho todos los escándalos que podés hacer en un lugar, pero nunca era suficiente”.

El carrete continúa añadiendo que “A último momento, yo le digo: “Chino, ya no puedo más, me voy’. Y me dice: ‘No, no, no, espera un poco, acompáñame’. Lo sigo y se mete en el baño de mujeres, directo”. Gaudio agrega que “No sé si se confundió, yo creo que sabía bién adónde iba (…) Yo lo veo y le digo: ‘¿Qué hacés, estás loco?’. Me dice: ‘No, no, no, que por acá entró una amiga, que la quiero ver’”.

El trasandino agrega que “Me quedo esperando afuera. Y a los siete minutos lo veo: un gigante agarrándolo de la colita al Chino Ríos, y lo empuja de patitas a la calle, pero tirándolo así como una basura, como en las películas”.

Ya en la parte final de la historia, el argentino cuenta que el Chino “Cae y se queda mirando frente al boliche. Yo adentro y él afuera. Voy caminando, salgo, cruzo la calle y estaba el Chino tirado. Le digo: ‘¿Pero estás enfermo de la cabeza? ¿Cómo haces eso? Es obvio que te iban a echar. Y me dice: ‘Estos tipos no entienden nada (…) Espérame acá’. Toma carrera, le digo: ‘Chino, por favor, me voy’. Va corriendo, le pega una patada y estalla el vidrio del lugar. Vuelve corriendo y dice: ‘Vamos, vamos, vamos'”.

El argentino declara al final de su cuento que “Cada vez saliendo, era eso”.