“No tenemos derecho al fracaso, a mostrar cobardía e indecisión. Debemos ser iguales en nuestras acciones a los logros de nuestros padres y abuelos”. Así hablaba el pasado 2 de febrero el Presidente ruso Vladimir Putin durante su discurso conmemorativo de la Batalla de Stalingrado, una celebración muy seria en la Federación Rusa.

Hace 75 años se luchó esta batalla, “la más sangrienta y brutal de nuestra historia moderna”. Murieron 3,5 millones de personas y fue decisiva en la avanzada de la Armada Roja hacia Berlín, un punto crucial de flexión en la guerra, considerado por muchos como el mayor error militar y sobretodo político de Adolf Hitler. De hecho, tras esta derrota, empieza la retirada de los alemanes, que seguirá desde 1943 a 1945, momento de la derrota final.

El evento estuvo marcado por un desfile militar en la actual Volgogrado, con fuegos artificiales, un espectáculo aéreo y una ofrenda floral en honor a los caídos en la lucha contra el nazismo y el fascismo.

Asistieron también 200 exponentes de diversos países, entre los cuales todos aquellos que hoy representan Estados no reconocidos por la Comunidad Internacional como la República de Donbass, la República de Siria entre otros.

“Los soldados soviéticos parecían haber echado raíces en la tierra herida; convirtieron cada calle, trinchera, casa o puesto de tiro en una fortaleza inexpugnable” (Putin)