He tomado todas las drogas del mercado tradicional. Todas. Son tan buenas que te cagan la vida, por eso hay que limitar el consumo al singular evento: cumpleaños de alguien importante, Año Nuevo, Navidad, 18 de Septiembre, Solsticio de primavera. Es importante este límite porque hay que mantener el control siempre, sobre tu conciencia, tus deseos, tus perspectivas. Me mantengo con un régimen de drogas apropiado para mantener la mente lo suficientemente flexible, es lo que una persona consciente debe hacer. Hay que ser modestos cuando se toman drogas, hay que ser responsables.

El alcohol es una de las drogas más fuertes del mercado, sus efectos son casi inmediatos, sus consecuencias muy relevantes. Es divertido, social, sexual. No lo amo particularmente, no tomo porque me gustan los pitos y no me gusta mezclar.

El tabaco es otra gran droga, pero no vuela y es cara, mata a sus consumidores como el alcohol pero no deja la mente en estados demasiado alterados. Mala la weá. Pero dependo de los cigarros.

Los celulares son drogas para descuidados, matan mucha gente pero lo hace de manera sutil, elegante, te puedes morir capturando un Charmander.

La marihuana no ha matado a nadie en la historia de la humanidad, no directamente por lo menos. Eso creo. He leído que hacen faltas varios kilogramos, consumidos de una, como para tener una sobredosis. Eso no quiere decir que no sea droga, de hecho es mi favorita, la consumo casi a diario.

La cocaína es simple y compleja. Conozco personas que llevan 30 años consumiéndola y aparte efectos colaterales definitivos por su alto consumo, estas personas llevan una vida relativamente estable. Es como un trago más fuerte y lúcido, una droga para auto exaltarse, una manera de ser “alguien” mientras que no lo seas aún. Una droga Hollywood, para pendejos con ganas de hacerse los choros.

El popper es muy, pero muy fome, no vale mucho la pena.

La ketamina es una droga poco común en Chile. Como todas las drogas del mercado tradicional empezó siendo un remedio de uso común. Las experiencias (han sido varias) siempre bastante distintas, dependiendo de la dosis. Una pequeña dosis te deja como si estuvieras hecho de goma. Te mueves flotando y todo parece moverse como tú. La dosis alta te permite tener una experiencia similar a la muerte y a renacer. No dura más de 3 horas y la caña es bastante liviana. Impactante y estimulante en un sentido muy raro.

La heroína es una cosa rara. No me la inyecté pero si la fumé. Es como fumar unos 500 pitos juntos, te deja una caña absurda y en realidad no sentí mucho placer, quizás si me inyecto tendría resultados mejores. Eso si, esta da dependencia a nivel celular, por lo cual la desaconsejo.

El éxtasis es fantástico y lo tomaría todos los días si no te dejara como un vegetal en tiempo breve. El placer fisiológico que da tiene que ver con cómo el cerebro suelta un líquido placentero que se desata en tu conciencia. El placer es casi ilimitado en los momentos cruciales (a las 2/3 horas de haberlo tomado). Hacer el amor es una experiencia increíble; en realidad en extásis toda experiencia resultará increíble. El consumo de esta droga debe ser limitado, el cerebro sufre mucho al pasar el efecto.

El Speed es lo que más se parece a la meta-anfetamina que he probado. Desagradable sabor, horrible experiencia. No puedes parar de hacer weas estúpidas, hasta que se te pasa, pero tienes siempre la impresión de nunca acabar. Imposible quedarse dormido, es la única droga que me obligó a estar despierto, espantoso.

Los hongos alucinógenos son la raja. Son prácticamente hongos venenosos, que matan a sus depredadores naturales y a nosotros nos conceden una experiencia extrasensorial única, de esas cosas que son difíciles de olvidar. La mejor experiencia la tuve en Amsterdam. Éramos seis amigos, nos sentamos en Vondelpark a mirar el lago, los patos. La gente que pasaba se reía de nosotros y nos decía “Mushrooooooooooms” y se reían. Iban con sus familias al parque, eran las 10 de la mañana. Estuvimos ahí hasta las 6 de la tarde más o menos. Eran muy sensoriales, poco visuales. Buenísimos.

El LSD es la más cercana forma de ser Dios que tuve. Es muy peligrosa si tomada con la gente equivocada en el lugar equivocado. En los momentos más intensos floté sobre la neblina del pasto y movía la realidad a mi gusto. Con sólo ver los árboles estos se movían en la dirección que yo quería, puedes ver, sentir, vivir lo que tu quieras. Esto, siempre y cuando tengas el control absoluto. Pero eso es muy relativo. Mi segunda y última vez no tuve siempre el control. Estábamos en un gran parque, que tenía salida a una calle muy pequeña y traficada. Caminamos 9 horas seguidas, pero al ver la salida y las luces de los autos tuve el impulso, por un segundo, de lanzarme hacia la luz, como una polilla a una lámpara. Pedí que volviéramos al parque y así fue, por suerte.

El opio, de las drogas pesadas, es mi favorita en absoluto. Fumar esa maravilla es indescriptible. Digo sólo que la primera vez (he fumado opio 3 veces en la vida, es muy difícil de conseguir) me quedé dormido tras fumar un 0,2 gramos. Soñé horas, de manera muy lúcida, y desperté después de 10 minutos.