La introducción de sondas en el cuerpo humano suele estar ligada al ámbito de la medicina tradicional. Hospital, doctores, camillas.

Su utilización puede incomodar a los pacientes e incluso causarles dolor. Después de todo, sentir la lenta invasión de un tubo plástico por el cuerpo no es una experiencia grata desde el punto de vista sensorial.

¿O sí?

Porque existe una práctica sexual -con pocos adeptos reconocidos en Chile- que contradice esta premisa.

Se nombre es “sounding”, y consiste en introducir objetos por el canal uretral con fines netamente placenteros.

A pesar de que su traducción literal es “sondar”, los implementos que se pueden utilizar son variados. Básicamente, cualquier cosa que tenga un tamaño adecuado para ingresar por la uretra sin dañarla.

Un foro dedicado al tema, por ejemplo, recomienda que los principiantes experimenten con materiales caseros y blandos: cables, hisopos, pulseras luminosas, lápices –prohibido meterlo con la punta afilada- , pinceles y termómetros.

El paso siguiente contempla destornilladores, agujas de coser y palillos chinos lacados o barnizados, ya que los más baratos podrían astillar.

Y cuando se es un perito en la materia, dar rienda suelta a la imaginación. Antenas, balas, baquetas de batería, brocas, velas, cepillo de dientes, cigarros, cucharas, dardos y un largo etcétera.

“Es kinky, hardcore y sadomasoquista”
Pero hay que tener cuidado. Un movimiento agresivo o una herramienta más filuda de lo recomendado pueden generar serios daños internos.

Por eso lo ideal, según el dueño de la tienda online Fetish Store, Leonardo Saavedra (48), es “invertir en seguridad y minimizar los riesgos”.

“Lo mejor es comprar un juguete de acero inoxidable o una sonda plástica, e introducirlo con previa lubricación”, aconseja.

Su juguetería para adultos cumplió ocho años de existencia, y durante este período, ha podido constatar que el sounding aún no penetra de forma exitosa en el mercado chileno.

Los números no mienten: aunque es una de las pocas tiendas que ofrece productos ad-hoc, vende una o dos sondas de silicona por mes.

“Todavía no es frecuente su venta, es un público poco reconocido. Además sigue estando muy limitado al ámbito casero. Algunos llegan contando que se meten lápices pasta o crochets”, cuenta Leonardo, quien define como “una responsabilidad social empresarial” modificar este escenario y promover el uso de implementos más seguros, como las sondas de cinco a nueve milímetros de diámetro que ofrece Fetish Store.

Misma opinión tiene Jane Morgan, la gringa rockstar de los negocios eróticos en Chile.

De hecho Japi Jane, sex shop de su autoría, no ha incursionado en la comercialización de elementos propios del sounding.

“He escuchado de esto desde hace un tiempo, pero solo en charlas internacionales. Chile no está muy abierto para recibirlo todavía. Yo creo que en un par de años se hará más usual”, vaticina Jane, quien no descarta traer sondas y juguetes de acero para estos fines a corto plazo, porque “sin duda va para allá la cosa”.


Productos de penetración uretral (Tienda Erótica)

Aunque por el momento escasa, la práctica del sounding revela una apertura progresiva hacia el cariz más kinky de la sexualidad chilena, donde se rompe lo convencional y se experimentan sensaciones placenteras y, en este caso, contiguas al dolor.

Antes de inaugurar su versión online, Fetish Store estuvo ubicada en Providencia por un lustro. Allí, Leonardo conoció directamente a los clientes que preguntaban por sondas o varas de acero.

Por lo mismo, asevera que el perfil de practicantes está compuesto –mayoritariamente- por hombres mayores de 30 años, más avezados que el común de su público y con largo recorrido y exploración sexual.

La puerta de entrada al sounding suelen ser películas porno que muestran esta experiencia, o al menos eso le explicaban sus clientes. Y su práctica puede ser solitaria, en pareja o acompañada de más personas.

“Puede que cause dolor, por eso es de lo más kinky y hardcore que por ahora se practique. También es medio sado, porque cuando se hace en pareja puede haber todo un juego de roles de dominio sobre el otro”, apunta Leonardo.

A esta altura cabe preguntarse qué es lo placentero de la experiencia.

“Puede ser la dilatación del canal uretral como también la sensación de llenado, ya que se trata de una parte del organismo que naturalmente está hecha para expulsar y no para introducir”, explica.

Por eso, al igual que para las demás prácticas de esta índole que son poco convencionales, Leonardo aconseja cumplir “la regla de oro” de la sexualidad.

“Sin apuro. Si duele y no era la intención, parar”.