En una especie de caza de brujas ha devenido el movimiento #MeToo (Yo también), cuestiona el cineasta austriaco, Michael Haneke, sumándose así a las voces que en algo disienten sobre el hecho.

“Me preocupa este nuevo puritanismo, impregnado de odio hacia los hombres, que nos llega en la estela del movimiento #MeToo”, dice en la entrevista concedida a Kurier.

“Como artista, uno empieza a estar confrontado al miedo ante esta cruzada contra cualquier forma de erotismo”, sostiene.  A modo de ejemplo, Haneke postula que “el imperio de los sentidos, de Oshima, una de las películas más profundas sobre la sexualidad, no podría filmarse hoy”.

Haneke resalta que si bien no hay dos miradas, que “cualquier forma de violación o abuso sexual debe ser sancionado”, “esta histeria y las condenas sin proceso a las que asistimos hoy me parecen repugnantes”.

Como para sintetizar su posición, plantea que “cada aluvión de críticas que generan estas revelaciones, incluso en los foros Internet de diarios serios, envenena el clima en el seno de la sociedad”.

Cabe recordar que #MeToo nace en octubre de 2017 cuando comienza a aparecer una serie de denuncias contra el productor de Hollywood, Harvey Weinstein. Ashley Judd, Mira Sorvino, Angelina Jolie o Gwyneth Paltrow eran algunas de las actrices hablando de los hechos.

Como contraparte, en Francia, un colectivo de mujeres, entre éstas la actriz Catherine Deneuve, la escritora Catherine Millet, la cantante Ingrid Caven, la editora Joëlle Losfeld, la cineasta Brigitte Sy, la artista Gloria Friedmann o la ilustradora Stéphanie Blake, ideó una manifiesto en que se condenaba lo que calificaron como clima de puritanismo sexual.