Dicen que en todos los pueblos del país hay una cantina frente al camposanto. Suelen llamarse “quitapenas”. En Santiago, frente al Cementerio General, en calle Recoleta, está el Bar-Restaurant Quita Penas. Un local con más de 100 años de historia, por el que han pasado miles de deudos para dejar de lado la amargura. Este negocio sólo ha tenido tres dueños. Primero, un señor Degellini, italiano, que se lo vendió luego a don Enrique Burroni, quien estuvo al mando por más de 70 años, hasta que pasó a manos de los actuales encargados, Don José Miguel Mendoza y María Salomé Rojas (71).

Desde su fundación, en 1909, han pasado grandes cosas en esta picá. Un domingo de 1925, por ejemplo, llegaron David Arellano y Clemente Acuña al Quita Penas, dos futbolistas disidentes del Club Magallanes. Tras abandonar su equipo original, acudieron al lugar para comer y beber y sanar su despecho. Sentados en una mesa del mítico restorán, ambos acordaron fundar una nueva institución, a la que llamaron Colo-Colo. A la fecha, el equipo sigue siendo el santo patrono del lugar. “Soy católica, republicana y colocolina”, afirma con orgullo María.

Con 109 años de historia, debe haber varias anécdotas
-Antes, la gente llegaba en carroza al cementerio y los de medio pelo venían caminando. Se cuenta que a las seis cierra el cementerio y llegaron tarde a dejar a un difunto, así que lo tuvieron que trasladar al Quita Penas, el dueño de aquel entonces lo prestó. Aquí terminaron la fiesta con el muertito.

¿Cómo llegaron acá ustedes?
-Cuando se murió el segundo dueño italiano, el local quedó a cargo de la hija, ella decidió vender, a fines de los 90. Nosotros antes teníamos un negocio en el Mapocho. Yo siempre fui comerciante, porque mis papás lo eran, mi mamá trabajaba en la feria y mi esposo, Miguel, sus papás tenían fábrica de ataúd, así que andábamos cerca. Vivíamos por el sector, nos enteramos que estaba en venta, venía en baja en ese momento y lo compramos. Nos ha ido bien desde entonces, no vamos a ser millonarios, pero nos mantenemos bien.

¿Le alcanza para darse unos gustitos?
-Si, gracias al esfuerzo me puedo dar unos gustitos. Me gusta mucho el Caribe, con una amiga viajamos una vez al año al extranjero, en temporada baja por supuesto, hemos ido a Colombia, Cuba, Argentina, República Dominicana. Este año vamos a repetir Cuba, que es maravilloso porque tiene detenido el tiempo, admiro mucho que gente con tantas necesidades sea tan linda, tan alegre y tan feliz.

¿La gente sigue viniendo a pasar las penas luego de los entierros?
-Sí, por supuesto. Esta es la primera picá de Santiago, después le sigue La Piojera, El Hoyo. Aquí vienen a quitar las penas y se van contentos, señor contento. También pasa la gente cuando viene a dejar flores, los primeros meses cada quince días y luego, poco a poco, se van desapegando.


María Salomé, dueña del Quita Penas.

¿Y llegan visitas ilustres de vez en cuando?
-Para nosotros todos son importantes. Vinieron Los Jaivas, cuando murió el Gato Alquinta. Ese día yo fui a despedirlo al Mapocho. La fila era tan inmensa… cuando llego acá, estaban todos enfiestados, completamente lleno. También vino Piñera, con el Nobel peruano, Mario Vargas Llosa, esto fue como cuatro meses antes de que saliera presidente por primera vez. Esa vez estaba repleto, de gente y periodistas, yo quedé impactada. Piñera se sirvió su empanadita y tomó terremoto, estaba en el Quita Penas, así que tenía que probarlo. Ahí me di cuenta que ustedes sacan un poquito de contexto, porque cuando yo estaba dando las gracias, alguien me grita “¿y por qué está este señor aquí?”, entonces yo le digo “¿y por qué no? Aquí el Quita Penas se enorgullece de todos, del que vende flores, del marmolero, de todos nuestros vecinos y de las visitas importantes y no tan importantes”. En el diario salió solamente que yo había dicho “¿Y por qué no?, entonces olvídate, me llegaron muchos reclamos de mi familia, de que me había cambiado de bando. Cualquiera que venga aquí va a ser bienvenido.

¿Y le gusta la presidenta Bachelet?
-Sí, me gusta. Fue una pena lo que le pasó, pero como soy mamá pienso que nosotras nunca vamos a abandonar a un hijo y otra cosa, que siempre al peor lo tratamos de ayudar, al más hueón hay que tirarlo para arriba, porque el inteligente puede solo.

¿Algún otro político que le tinque?
-En su momento también me gustó Marco Enriquez Ominami, pensé que por genética, algo había heredado del padre -dice mientras mira el retrato de Miguel Henríquez.

¿Los futbolistas vienen al Quita Penas?
-Esta es la casa de Colo Colo pues, aquí nació, somos todos colocolinos. Yo soy católica, republicana y colocolina. Ha venido Bartichoto. Para el aniversario del club, vienen los jugadores a almorzar. También vienen los jugadores del 62 de vez en cuando como el Chita Cruz y a veces traen a Caszely.

¿Qué es lo que más se consume en el local?
-Lo que más se consume es el arrollado, el pernil y la chorrillana cuando vienen jóvenes que quieren compartir. El terremoto y el tintito es lo que más se toma. A veces un pelolais pide un whisky. Aquí viene mucho pelolais y mucho turista.

¿Cuántas personas trabajan acá?
-Tenemos dos maestros de cocina, ambos bolivianos y dos ayudantes de cocina. Más los garzones, que en su mayoría son venezolanos, el país más triste en estos momentos, es terrible que se tengan que venir arrancando, son gente muy preparada. Tenemos a once personas. Aquí trabajan casi puros extranjeros, porque lamentablemente los chilenos somos muy pillos. Hemos tenidos muchas malas experiencias, porque aquí no andamos encima del personal y se aprovechaban, nos han robado de todo, hasta el azúcar.

¿Cómo andan los precios? ¿El terremoto cuánto sale?
-$2.500 el medio y $6.500 el jarro grande. Los precios son como en todas las picadas. La comida igual, un buen lomo en cualquier lugar te va a costar $7.000.

Y el primero de noviembre ¿qué tal?
-Esa es la navidad de Quita Penas.

¿Le queda cuerda para rato al Quita Penas?
-Sí, a mí no me queda tanta cuerda, pero al Quita Penas sí.