Italia es un país de tradiciones antiguas y extrañas.

“Cuchillo italiano” es un concepto muy amplio. Cada región del país posee su propia esgrima y se caracteriza por sus peculiaridades. Hay dos grandes escuelas, de hecho, que se afirmaron por sobre las otras y que prevalecieron en estilo, y consecuentemente en las reglas del duelo.

El cuchillo de Calabria o cuchillo catalán es el que se usa en el sur de Italia, mientras que el cuchillo Romano o “Rasolino” es menos común pero más mortal en caso de duelo a muerte.

Existe una amplia tradición literaria sobre el tema. La “daga” es el arma tradicional del bandido, del guardaespaldas y del “Bravo” del señor aristacrático. Manzoni, en una de sus obras más importantes “Los Novios”, logra graficar varios momentos donde el cuchillo se transforma en el instrumento “entre la vida y la muerte”. En una de sus partes, un noble malvado quiere raptar la prometida del protagonista y lo hace enviando a su “Bravo”, su lacayo que armado de una navaja curva la amenaza y se la lleva durante una noche. En otro momento de la obra, el protagonista, Renzo, saca su navaja para defenderse de un grupo de personas que lo creían un difusor de la peste en Milán y estaban por matarlo.

En Roma, en los bares y tabernas se jugaba mucho a naipes y dados. Durante el juego, los cuchillos se clavaban debajo de la mesa. Si eras sospechoso de hacer trampa o culpable de no dar la mano con suficiente fuerza, o una simple mirada, podía crear una situación buena para batirse a duelo y eventualmente obtener satisfacción asesinando al que había ofendido.

Caravaggio, por ejemplo, era uno de armas tomar. Fue acusado por lo menos dos veces de matar a su adversario en “leal duelo”. Uno seguro en una playa de Toscana, por razones de naipes.

Esta antigua tradición renacentista tiene reglas y normas que se tradujeron en un espectacular y nunca antes publicado libro de esgrima medieval de espada y daga.

Hoy, existe una federación de esgrima de cuchillo, con reglas, standards y competiciones de nivel europeo.