El yerno de Joaquín Lavin, Isaac Givovich, con quien se mantiene distanciado, arribó la mañana de este jueves hasta la sede de la Nunciatura Apostólica para hacer entrega de una carta en la que se le reconoce como víctimas de abusos sexuales por parte de un miembro de la congregación Marista.

“Hace dos días recibí una carta de la provincia Santa María de los hermanos Maristas, a cargo de Chile, Perú y Bolivia. En esta carta se reconoce el que fui víctima de abuso sexual de un hermano marista a los 6 años, durante cuatro años. Hemos tomado la decisión de participar en la investigación previa que está ejecutando el sacerdote David Albornoz, que está encargada por los hermanos maristas. Esta carta que hemos recibido las víctimas, que ya se reconoce el delito que se cometió con nosotros, no hace más que profundizar nuestra convicción de que se puede llegar a la verdad, y que podemos estar frente a la verdad”, dijo al hacer entrega de la misiva.

Según Givovich, “lo que estamos pidiendo acá, es que esta investigación previa, que va a llegar a manos del Provincial de los Maristas, quien es quien tiene que sancionar, queremos que llegue a la Congregación de la Doctrina de la Fe. Estamos hablando de uno de los casos más grandes de abusos eclesiásticos en el mundo, de decenas de víctimas y de decenas de religiosos involucrados, y lo que buscamos es una reconciliación real con la Iglesia.
Para mí, en lo más profundo, ha sido muy reconfortante el ver que mi familia marista ya reconozca los hechos, asuma la responsabilidad y la enfrente”.

“Tenemos la convicción de que desde dentro de la Iglesia podemos sanarla”, agregó.

Tal como recogió The Clinic en el lugar, Isaac Givovich afirmó que “hay muchas víctimas que han dado el paso de sobrevivientes, es muy difícil. Yo desbloquié mis recuerdos recién hace cinco meses atrás, y han sido los momentos más difíciles de mi vida. Hay que respetar a las víctimas y darle su tiempo, pero a quienes no hay que darle tiempo es a la Iglesia para que investigue y avance lo más rápido posible. Si la congregación, en manos de su superior, reconoce ya el hecho de su abuso, ese hermano no puede seguir perteneciendo a ella. Si un sacerdote fue sancionado como Karadima, no puede vivir un retiro soñado y hacer misas privadas en un convento. Eso es lo que nos duele a los católicos”.