Nueve palos, nueve millones de pesos, gastados en putas.

La referencia es a la cuenta corriente de un tipo cualquiera, un chileno de 55 años, que con un matrimonio de 25 es sorprendido en algo que debe confesar, algo en lo que caen muchas personas como él: plata usada, y no poca, para pagar por sexo.

Aunque se trata de un tema tan viejo como el hilo negro, tan antiguo como la eufemísticamente llamada profesión más antigua del mundo, poco se habla en Chile de la adicción al sexo. Sea ésta por putas, masturbación, infidelidad, consumo desmedido de porno, etcétera.

Así entonces, La Tercera publica un reportaje en el que recogen la opinión de diversos expertos para abordar la cuestión, para dilucidar cuándo es adicción y cuando algo parecido a un hábito.

“El adicto, en definitiva, es un personaje bastante patético, que generalmente no es un don Juan, es un sujeto bastante poco selectivo. Cuando necesitas satisfacer una necesidad obsesiva compulsiva, tomas lo que se te ofrece. La selectividad representa un esfuerzo, un filtro, y por eso muchos adictos acuden a la prostitución”, dice el sexólogo Roberto Rosenzvaig.

En un tono parecido, la psicóloga y columnista habitual de The Clinic, Constanza Michelson, sostiene que “uno puede elegir el mal y no ir a terapia. Los más malos, por lo general, no van a terapia. Las personalidades más narcisistas se sienten súper bien haciendo lo que hacen. Un Weinstein no tiene ningún motivo para consultarse, estaba arriba de la pelota, para qué va a consultar, a no ser que quiera victimizarse. Y eso es lo que hacen los diagnósticos: te quitan responsabilidad y te victimizan”.

De acuerdo a lo que aporta la publicación, se dice que en Chile existe la adicción sexual, pero matizada.

 

“Pasa que hay gente que tiene amantes y están totalmente empotados y no pueden salir de ahí”, plantea Michelson. “Que a eso se le llame adicción al sexo cuando los pillan es una patudez. La adicción es una manera compulsiva de relacionarse con algo. Hay gente que es muy adictiva y todos tenemos nuestras adicciones en alguna fase y en diferentes niveles. A veces se entra en relaciones en que hay un apego sexual que no puedes parar, que es el empotamiento, pero eso no es una adicción”.

Por eso mismo es que Constanza Michelson expone que “hay muchos intereses de las farmacéuticas. Se hizo un manual psiquiátrico hace poco en que prácticamente todo es adicción y las farmacéuticas salen con que tienen el medicamento para tal o cual cosa. Es como las mujeres que están buscando viagra femenino porque ya no tienen ganas de tener sexo después de los 60. Ese diagnosticó nunca existió y ahora se creó una necesidad”.

 

Constanza del Rosario, también psicóloga y autora del libro Si la cama hablara, afirma que el chileno aún siente vergüenza de proponer el tema como un adicción, como una patología. Pero de todos modos, ofrece un perfil del adicto chilensis: “Es gente generalmente insegura en la cama, con baja autoestima y altos niveles de angustia, ansiedad y tendencias depresivas que intentan evadir a través de estas compulsiones. La adicción va muchas veces asociada a rasgos obsesivo-compulsivos y personalidades límites”.

Para Rosenzvaig hay patrones de conducta comunes (ojo acá) como relaciones sexuales temprana, mucho consumo de pornografía y masturbación compulsiva.

 

Al respecto, cita el caso de un paciente obligado a acudir a su consulta. Así se cuenta:

“Comencé a volverme loco hace unos 10 años, me volví putero. Mi droga es el sexo. Todas las semanas mujeres distintas, tenga que pagarles o no, en verdad me da lo mismo”. “Con ella puedo ser como soy”.

Rosenzvaig dice que la despedida fue abierta, pero que supo que ese hombre no iba a volver. Así fue. Simplemente, había cumplido con la petición de otro.

“La satisfacción opera a modo de descarga y hay un altísimo nivel de ansiedad que necesita descargarse”, aporta el experto, para quien “el adicto está encadenado a un escenario cíclico en que cada vez siente más deseo, más tensión y menos satisfacción. Está condenado. A cualquier usuario de droga o un ludópata le va a pasar lo mismo”.

Para Constanza Michelson, “cuando alguien dice que tiene una adicción uno tiene que ver de qué estamos hablando… que está poniendo el gorro, eso no es una adicción al sexo. Que se mete con putas o vea porno no es necesariamente una adicción al sexo. Depende de cómo te relaciones con ese objeto. Por ejemplo en el amor, cuando sabes que estás en una relación mala, tóxica, y no puedes parar, ahí hay una dependencia. Uno sabe cuándo se excede en algo cuando después de hacerlo se siente mal, se angustia. Esa desazón de que hay algo que se te va de las manos, que no controlo, que el bajón es más largo y la satisfacción más corta. Pero es caso a caso. No se puede generalizar”.

La columnista también refiere un dato en el que se advierte la diferencia entre géneros: “Las feministas critican a Frida Kahlo porque estaba pegada con Diego Rivera que la trataba mal y tenía otras mujeres, pero la mina estaba pegada, pegada. Esa es la adicción de las mujeres. Al amor, a ser amadas, aunque las mujeres también se empotan. Hay algo ahí”.