Hace 45 años, un día de marzo de 1973, llegaba con mi ilusión e inocencia de niño de 10 años a cursar el Quinto Básico en el Instituto Alonso de Ercilla de la Congregación Hermanos Maristas.

Mis padres, Margarita y Jaime, hicieron un gran esfuerzo para matricularme y pagar mi colegiatura.
Su esfuerzo valía la pena, ya que el Ercilla era uno de los colegios particulares más prestigiosos en el centro de Santiago por esos años. Como niño, pensaba que este nuevo colegio iba a ser un espacio seguro y confiable para vivir mi infancia y adolescencia, para convertirme en un buen hombre y mejor cristiano.

Algunos miembros de la Congregación Marista y algunos sacerdotes diocesanos y de otras Congregaciones, entre 1973 y 1980, me abusaron sexual, psicológica y espiritualmente. Otros fueron cómplices o facilitadores de estos crímenes. Otros, encubridores.

Para el niño que era entonces (la foto adjunta es la que me tomaron el primer día de clases de 1973) todo esto significó una fractura en mi infancia y adolescencia, en mi sexualidad, en mi masculinidad, en mi inteligencia emocional, en mi autoestima y en mi espiritualidad.

A partir de entonces, mi vida se convirtió en un infierno permanente, donde la culpa, el autodesprecio, la desconfianza y la inseguridad se apoderaron de mí.

Gracias a la manipulación psicológica y espiritual de mis abusadores, sus cómplices y encubridores me convertí en esclavo del silencio y del secreto. Sufrí en silencio y en soledad por más de 40 años.

El 14 de septiembre de 2017 acudí al Instituto Alonso de Ercilla para reconocerme como sobreviviente de abusos sexuales por parte del Hermano Abel Pérez, expresando mi desconfianza por la presencia de los Hermanos Jesús Pérez y Mariano Varona como Rector del colegio y Vocero de la Congregación, respectivamente.

Ellos fueron parte de la Comunidad de Hermanos Maristas en los años en que fui estudiante del Ercilla y se suscitaron los hechos mencionados y creo tener derecho a pedirles explicaciones por su actuación en esos años y en la actualidad.

Después de mi denuncia, agradezco la preocupación expresada y el acompañamiento realizado a mi proceso de sanación por parte de Ernesto Reyes y el Provincial de la Congregación Marista.

El 22 de diciembre de 2017 me visitaron en mi domicilio el Provincial y Viceprovincial de la Congregación Marista, quienes con mucho respeto y misericordia escucharon parte de mi relato y me entregaron una carta de reconocimiento de los abusos, me pidieron perdón y se comprometieron conmigo para acompañarme junto a mi familia en mi proceso de sanación, búsqueda de justicia y reparación.

Lamento que hasta la fecha el Instituto Alonso de Ercilla no me haya expresado, al igual que la Congregación Marista, su reconocimiento de los hechos, su arrepentimiento y su voluntad para acompañarme en mi proceso de sanación, búsqueda de justicia y reparación..

Mis padres le confiaron al colegio el cuidado y la educación de sus tres hijos y esa confianza fue traicionada y mis derechos humanos de niño fueron violados.

Mi denuncia es y será con respeto, con convicción y esperanza, en la búsqueda de la justicia, la sanación y la reparación.

Mi denuncia no intenta ni dañar ni destruir ni a la Congregación Hermanos Maristas ni a la Iglesia Católica. Sólo busco que los abusadores, sus cómplices, facilitadores y encubridores sean conocidos y sancionados de acuerdo a la Justicia Canónica, Criminal y Civil.

Tengo presente que, lamentablemente en Chile, los delitos que se cometieron en mi contra están prescritos. Por eso, que no descansaré hasta lograr que en nuestro país se respete el derecho al tiempo de las víctimas de abuso sexual y este delito sea imprescriptible.

Con mucho respeto y humildad solicito a la Congregación de los Hermanos Maristas y al Instituto Alonso de Ercilla que sigamos juntos cooperando con la Justicia y avancemos con respeto y misericordia en el acompañamiento de los sobrevivientes y sus familias para su pronta sanación y reparación.

Después de 45 años de sufrimiento creo tener derecho a una vida nueva y buena y no quiero que a mí y a mi familia nos sigan dañando.

¡Es justo y es necesario! ¡Nos cuidamos entre todos!

Jaime Concha Meneses y Familia Concha Meneses.