Autoras: Valentina Abarca, Coordinadora del Frente de Género Metropolitano y Paula Poblete, Secretaria General de Revolución Democrática.

Siempre fue con buena intención que quisimos estudiar, trabajar remuneradamente y jubilar.

Lo buscamos pensando que de esa manera, ganaríamos algo fundamental y básico: la
autonomía. Dado que dejaríamos de depender económicamente de un hombre y de sus
ojos para ver el mundo de allá fuera, le llamamos “emancipación”.

¿Y qué ganamos con la emancipación? Tremendo negocio: doble carga laboral.
El aumento en el acceso de las mujeres a la educación superior ha sido explosivo, siendo ahora incluso mayoría en la matrícula. Sin embargo, al no haber una transformación al interior de las familias y las escuelas, se continúan reproduciendo estereotipos que conducen a las mujeres hacia carreras que tienen baja valoración en el mercado, como las relacionadas con la pedagogía y la salud, restándose de las carreras científicas, matemáticas o tecnológicas.

El incremento de la participación laboral femenina también ha sido notable desde 1990 a la fecha, sin embargo, esa salida de las mujeres de sus casas hacia el espacio público no ha tenido un correlato en el ingreso de los hombres hacia el espacio doméstico.

Esto se traduce en que casi la mitad de las mujeres adultas trabaja en un régimen inferior a la jornada completa y muchas de ellas, lo hace como trabajadora por cuenta propia, para poder compatibilizar el trabajo remunerado con la vida familiar, a través de horarios ylugares de trabajo más flexibles.

Con salarios más bajos, la ausencia de previsión social para salud y pensiones, el escaso compromiso de los compañeros de vida para el trabajo doméstico y de cuidado, y la nula disminución de la violencia ejercida por parte de los hombres hacia nosotras, las mujeres prácticamente solo hemos conseguido precarizar nuestras vidas.

El cambio cultural que se necesita para revertir esta situación requiere la participación igualitaria de los hombres en las tareas domésticas, valorización de este trabajo en el sistema de previsión social y la erradicación de todas las formas de violencia hacia las mujeres. Nuestros diputados frenteamplistas Giorgio Jackson y Gabriel Boric hace 1 año presentaron el proyecto de ley 8M que proponía algunas medidas en esta línea.

Ojalá que los tiempos mejores que propone el nuevo gobierno lleguen tanto a hombres como mujeres, y se consideren propuestas como estas para ello.

Hombres y mujeres somos evidentemente distintos y esa diversidad es valorada. Lo que no aguantamos más es la desigualdad en oportunidades, en derechos y en deberes. Es hora que en pleno siglo XXI, las familias, los colegios, los medios de comunicación, la legislación y la institucionalidad pública se pongan a tono con las necesidades de un Chile donde la igualdad de género sea lo normal. ¡Concreticemos!