Card. Francisco Javier Errázuriz Ossa
Arzobispo emérito de Santiago
A los Presidentes de las Conferencias Episcopales
en América Latina y El Caribe

Santiago, 22 de febrero de 2018

Queridos hermanos en el episcopado.

He quedado desconcertado y dolido al escuchar las preguntas que me han hecho tres personas fidedignas – dos sacerdotes (uno de Brasil y otro de México) y una religiosa colombiana– acerca de la visita del Santo Padre en Chile, ya que numerosos medios de comunicación informaron en sus países que la visita había sido un fracaso, porque los chilenos recibieron mal al Papa por ser argentino. Después supe de otra noticia falsa: que los mapuches habrían rechazado el mensaje del Santo Padre en Temuco.

Al Vicepresidente de la Comisión Pontificia para América Latina le envié, a petición suya, un relato sobre la visita del Papa Francisco. Me valgo de ese relato para hacerles llegar a Uds. esta información fidedigna.

En conversación con la comisión preparatoria, el Santo Padre eligió tres ciudades para su visita: Santiago, Temuco e Iquique. Así tendrían la posibilidad de acercarse a él chilenos del centro, del sur y del norte del país. La elección de las ciudades y de las actividades en cada ciudad, fue muy acertada.

En Santiago, los sacerdotes, las religiosas y los diáconos permanentes no olvidarán la presencia del Sucesor de Pedro en la Catedral. Por otra parte, no había un lugar más amplio que el Parque O’Higgins para la misa multitudinaria que celebró al inicio de la visita. Muy acertada la elección del Santuario Nacional de Maipú para el encuentro con los jóvenes. Utilizó su presencia en el Palacio de Gobierno para hablarle a todo Chile. Tuvieron mucha repercusión sus palabras en la cárcel de mujeres. Su presencia en la Universidad Católica fue muy oportuna por el respaldo que le dio a la Universidad, a su Rector y a la pastoral universitaria. Simbólicamente, su presencia y sus palabras en esa universidad, fue un respaldo a la oposición de esa Casa de Estudios, desde un punto de vista ético, a políticas erradas del Gobierno. No faltó un necesario encuentro con víctimas de abuso por parte de sacerdotes. Todos comprendieron que visitara el santuario de san Alberto Hurtado S.J., y su encuentro fraterno con los padres jesuitas. Asimismo apreciaron su apoyó a la pastoral en poblaciones de mayor pobreza, al detenerse a rezar ante la tumba de Mons. Enrique Alvear.

Su presencia en Temuco lo puso en contacto con los mapuches, uno de nuestros pueblos autóctonos, con su cultura, y con la escasa valoración que existe de su aporte al país. Fueron muy apreciadas tanto su denuncia de tantas injusticias sufridas, como su invitación al mutuo reconocimiento y la mutua solidaridad, lejos de toda violencia, como artesanos de unidad. En Iquique estuvo cerca del santuario de Nuestra Señora del Carmen de La Tirana, capital de la geografía de la fe en el Norte Grande de Chile, y con los bailes religiosos que peregrinan a él. Fue muy significativa la coronación de las imágenes de la Virgen y el Niño que presiden el santuario.

Tanto en Temuco como en Iquique, los organizadores escogieron para la celebración de la Eucaristía lugares amplios, pero distantes de los centros poblacionales, y no planificaron el servicio de medios de transporte a bajo precio. Las distancias, recorridas por la mayoría a pie, impidieron una presencia más numerosa, y le abrieron las puertas a la especulación con el valor de los pasajes.

No fue tan acertada la fecha de la visita. En enero una parte de la población está en vacaciones. Además, como fue invitado por la Presidenta Michelle Bachelet, la visita ocurrió durante su mandato, pero después de haber sido elegido el futuro presidente de Chile, Sebastián Piñera. El presidente electo quiso tener una breve audiencia con el Papa Francisco, pero la comisión organizadora de la visita no se la concedió por motivos de protocolo. Este rechazo no fue bien recibido por un gran número de chilenos.

La acogida que le brindó la población al Papa Francisco fue excelente. No sólo durante las actividades oficiales. En las veredas eran innumerables las personas que quería verlo pasar, y que lo vitoreaban y saludaban con entusiasmo y alegría. Ningún líder nacional o mundial ha sido acogido con este cariño y admiración, salvo el Papa Francisco y san Juan Pablo II. Esta reacción es muy notable, si se piensa que provino de un pueblo, el chileno, que culturalmente es más parco que otros en la expresión de sus sentimientos.

Hay que considerar además que las circunstancias no eran tan favorables como las que caracterizaron el viaje del Papa Juan Pablo II. Él llegó a Chile después de haber actuado como árbitro en la disputa entre Argentina y Chile por las tres islas del Canal Beagle, y así de haber evitado una guerra inminente entre pueblos hermanos. Hizo su visita después de haber logrado un tratado de paz y amistad entre ambos países. Además, cuando gobernaba el general Augusto Pinochet, el Papa le abrió camino a la democracia. Las circunstancias actuales, sin esos motivos de gratitud, eran normales. Por otra parte, ocurrió cuando el proceso de secularización está más avanzado. Sin embargo, el Papa Francisco fue recibido con gran entusiasmo y admiración.

¿Fueron criticados sus mensajes? No conozco a nadie que haya criticado públicamente los mensajes del Papa Francisco., si bien es cierto que a algunos católicos más conservadores les dolió que el reconocimiento de su vergüenza por los abusos sexuales en el seno de la Iglesia y su petición de perdón, los hubiera hecho públicos precisamente en el Palacio de Gobierno. Pero fue, por el contrario, de gran valor que se hubiera expresado así ante todo Chile.

Impresionó profundamente su mensaje en la catedral de Santiago, ante sacerdotes, diáconos y personas consagradas por la profesión de los consejos evangélicos. A partir de un diagnóstico clarividente de la realidad de la Iglesia en Chile, deprimida y a veces abatida o desconcertada por efecto de los delitos y las acusaciones, sobre todo de abusos sexuales por parte de ministros suyos, nos invitó a enfrentar este dolor con humildad y valentía, a reconocernos pobres y pequeños, y a abordar adecuadamente nuestro trabajo pastoral a partir de esta situación dolorosa. Fue un mensaje, como él lo ha dicho, que le salió del corazón.

Todo Chile valoró su profundo encuentro, tan humano y evangélico, en la cárcel de mujeres. Es inolvidable tanto el discurso sincero de la mujer privada de libertad que le habló a nombre de todas ellas, como las palabras enaltecedoras y emocionantes del Papa Francisco, afirmando que se puede perder la libertad pero nunca la dignidad.

Impactó a los jóvenes en Maipú con sus palabras, en buena parte espontáneas, salidas de su experiencia y su compromiso con la juventud, con las cuales les inculcó la divisa que inspiraba al Padre Hurtado: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”

El sentir de los católicos en Chile, como también de muchos chilenos que no pertenecen a la Iglesia, fue que todos sus discursos nos transmitieron el mensaje que Jesucristo quería darnos a través de su Vicario en la tierra.

Sin embargo, Uds. habrán constatado que una nube arrojó sombra sobre la visita. Numerosos periodistas promovieron por esos mismos días un segundo foco de atención. Le dieron un gran espacio a los acusadores del Obispo de Osorno. Estos afirman que el Obispo como sacerdote fue testigo de abusos del Padre Fernando Karadima, y no los denunció. Para entender la relevancia que los medios le dieron a este tema, hay que saber que se habían reunido en un seminario, muy cerca de la Nunciatura Apostólica, numerosas personas que son conocidas internacionalmente por sus ataques contra la Iglesia, a propósito de los abusos sexuales de ministros suyos, y de la reacción débil de algunos Pastores. Entre ellos estaban también tres víctimas del P. Fernando Karadima, los cuales, inspirados por su abogado según se dice, también suelen difamar públicamente al Cardenal don Ricardo Ezzati y a mi persona como “encubridores”, “delincuentes” y “criminales”. Últimamente uno de ellos ha acusado hasta al Papa Francisco de inconsecuente, mentiroso y encubridor. Tanta calumnia pública sólo se explica, al parecer de muchos, porque el abogado que los representa ante los tribunales de justicia pretende presionar, a través de la opinión pública, a los jueces de la Corte de Apelaciones que deben sentenciar un recurso presentado por él contra una sentencia en primera instancia contraria a la demanda de indemnización que él presentó, alegando que la diócesis de Santiago fue supuestamente encubridora del P. Fernando Karadima. (Nada ha dañado tanto a la Iglesia en Chile como los abusos de poder y sexuales de este sacerdote y sus secuelas.)

Estimo que no fue la presencia – probablemente excesiva – del Obispo de Osorno, acusado por ellos de encubridor, la que hizo brotar con fuerza invasiva este tema. Estaba programado previamente. Por eso, numerosos periodistas, sobre todo de los medios audiovisuales, abordaban una y otra vez a este obispo en relación a su presunto encubrimiento del P. Karadima y a su posible renuncia como obispo de Osorno. Monseñor, en lugar de haberse retirado después de la concelebración del Papa con todos los Obispos, o al menos de haber optado por un segundo plano, no percibió la magnitud del problema. Por eso no eludía las entrevistas grupales. Daba la impresión de que las consideraba una oportunidad favorable para difundir su visión de las cosas y para defenderse de las acusaciones. Esta insistencia de los periodistas, que era retransmitida por radio y televisión, creó un foco indeseable y paralelo a la visita del Santo Padre, que desviaba la atención. El mismo Santo Padre al término de su visita salió en defensa del Obispo. Son conocidas las críticas que aparecieron después de esta intervención suya y de las aclaraciones siguientes, desviando también ellas la atención del valor inestimable de los mensajes pontificios.

Esta sombra que acompañó la visita del Papa mostró una debilidad de la Conferencia episcopal. Me refiero a su departamento de comunicaciones. En primer lugar, su vocero estuvo ausente. Nos acompañó una periodista joven y valiosa, pero sin la trayectoria y la autoridad que se requiere para dialogar con los periodistas y con las agencias de noticias. Se necesitaba un Navarro Vals, capaz de frenar a los periodistas de buenas maneras, manifestándoles que el Obispo de Osorno no daría más entrevistas, porque el centro de la visita del Sumo Pontífice estaba en su persona, sus gestos y sus mensajes, y no en episodios laterales.

Días después de partir de Chile, a raíz de las críticas a este obispo, el Santo Padre encargó a Mons. Charles Scicluna, Arzobispo de Malta, que es el experto más reconocido en temas relacionados con abusos sexuales, que viajara a Chile a escuchar las críticas para conocerlas y evaluarlas. Con su colaborador, un sacerdote catalán, ha escuchado a las víctimas del P. Karadima y a quienes han querido presentarse en la Nunciatura, recibiendo el reconocimiento de todos ellos por su acogida empática y evangélica. Antes de concluir su trabajo tuvo que ser operado de urgencia. Se le extrajo la vesícula. Dicen las malas lenguas que la dañaron los relatos sumamente dolorosos que escuchó, y que lo emocionaron hasta las lágrimas.

Conclusión

A pesar de los problemas enumerados, el balance global fue altamente positivo. La gente admiró al Santo Padre por el enorme esfuerzo que requerían tantas actividades, ante públicos tan diferentes, adaptándose al lenguaje y las aspiraciones propias, como también a los desafíos que enfrentaba cada uno. Este Papa incansable, cercano, sonriente, sabio y certero en sus diagnósticos y orientaciones, que siempre sembraba esperanza desde la Buena Noticia de Jesucristo, despertó la admiración más amplia que era posible lograr.

Quedó pendiente la tarea de asumir con fe, con la inteligencia y el corazón, los mensajes del Santo Padre, de enriquecer con ellos las orientaciones pastorales de la Conferencia Episcopal, y de ponerlos por obra con profunda gratitud, ya a partir del Congreso Eucarístico Nacional que se está preparando en todas las diócesis.

Concluyo estas líneas, enviándoles un cordial saludo y deseándoles, por intercesión de la Sma. Virgen, la abundante bendición de Dios para todos Uds. y para los obispos de las Conferencias que presiden.

Vuestro hermano en la sucesión de los apóstoles,

+ Fco. Javier Errázuriz Ossa

Carta en formato PDF: Carta Errázuriz -22.II.18-