Un acento inconfundible. Así describe Ene, un exalumno marista del Instituto Rafel Ariztía de Quillota, el tono de voz que escuchó al otro lado de la línea. El joven, en ese entonces de 25 años, estaba estudiando junto a unos compañeros en la universidad. Recuerda que se paró de inmediato y salió de la sala donde se encontraba. “Intuí la información que se venía”, rememora hoy.

-Estamos al tanto que tienes antecedentes del hermano Luis (Cornejo), que sabes muchas cosas y queremos conversar contigo- le dijeron con evidente acento español.

Mariano Varona, Superior de la comunidad marista de Sótero Sánz en esa época, le insinuó que podían “hacer algo para que el asunto no pasara a mayores”. Varona insistió a través de nuevas llamadas y correos electrónicos. Ene se sintió hostigado. “Recibía tres o cuatro llamadas al día. Esta gente tenía toda la información de uno, era como una mafia tremenda que me perseguía. Estuve muy paranoico por esta situación”, describe.

El 7 de mayo de 2015, Varona le envió un email. “Como te decía ayer por teléfono tengo mucho interés en conversar contigo. Necesito aclarar bien qué es lo que pasó con el Hermano Luis, cuánto les afectó, cuánta gente está al tanto de lo que ustedes saben, qué puede hacer la Congregación al respecto, cómo cerrar el caso”.

El correo electrónico es una de las pruebas que se adjuntará en la querella por abuso sexual que presentarán sus abogados, Juan Pablo Arévalo y Renato Gálvez de “Problemas.cl”, durante la próxima semana. Ene es el primer caso público de abuso sexual no prescrito en los Maristas.

Ente extraño

Ene ingresó al IRA a mediados del año 2001. Venía de un colegio particular de La Ligua y llegó a mitad de semestre a terminar el quinto año básico, debido a un traslado laboral de su padre a Quillota. Proveniente de una familia de clase media y conservadora, no tuvo inconvenientes para incorporarse a uno de los establecimientos más caros y prestigiosos de la ciudad. “Mis padres valoraban las redes de contacto y oportunidades de trabajo a futuro. Poder ascender en la escala socioeconómica. El típico sueño americano”, describe.

La primera impresión que le dejó el colegio no fue la mejor. Ene recuerda un ambiente marcial, frío y lúgubre. “Inspiraba miedo, tenía una violencia implícita y una estética de la marcialidad muy marcada. Educar con amor, que era su eslogan, no lo practicaban. Eran súper castigadores. Daba la impresión que si no cumplías con las expectativas, te humillaban”. Ene asegura, por ejemplo, que si no se aprendían la oración del mes de María y no se la recitaban completa al profesor, podían estar hasta las nueve de la noche en el colegio. “No me enseñaron nada, sólo miedos. Intentaban lavarte el cerebro. Eran como una secta tipo herbalife”, dice.

A mediados de la década del 2000 llegó al colegio Luis Cornejo, un exestudiante marista del Alonso de Ercilla de Santiago que se transformó en hermano marista luego de estudiar religión y llegó a encargarse de la Pastoral Vocacional de la red de colegios. Cuando llegó a Quillota asumió como profesor jefe del curso de Ene. La cercanía con los alumnos fue parte de su impronta pedagógica. Ene fue parte del grupo más próximo a Cornejo. “De cierta forma, fue bacán acercarme a un hermano marista que además era tu profe jefe. Era como codearse con la farándula del colegio”, recuerda.

Lentamente la relación alumno-profesor derivó en en un vínculo que Ene entendió como de genuina amistad. Cornejo visitaba la casa de varios de sus alumnos predilectos e incluso un par de veces almorzó en el hogar de Ene. Éste también lo hizo en algunas ocasiones cuando Cornejo lo invitaba a comer en la casa de los hermanos después del horario de clases. No tenía idea que estaba prohibido. “Yo pensaba que era bacán hacer cosas que otros no podían”, reflexiona hoy.

Cornejo siempre se trataba de hacer el simpático, asegura Ene, y le gustaba pellizcarle las mejillas a los alumnos. “Era muy de contacto, lo hacía con todos”, recuerda. El “hermano Lucho”, como algunos lo llamaban en confianza, se vestía con tenidas formales, utilizaba un trato suave con los alumnos y traslucía un carácter más bien tímido. “Tenía un aire infantil, como de eterno niño asexuado. Era como un teletubbie. Un ente bien extraño”.

La relación era tan estrecha entre los alumnos y su profesor que después de la peregrinación de las 40 horas al santuario de la virgen de Limache, realizada durante la última semana de febrero, se quedaban todos juntos en el internado de los maristas ubicado en la ciudad. La conducta de Cornejo hasta entonces era intachable. Todos dormían en una misma habitación en sacos de dormir.

A la edad de 16 años, Cornejo le ofreció a Ene convertirse en su guía espiritual. Estaba en segundo medio y aceptó porque había “una relación antigua de confianza”. “Encontré la raja contar tus problemas a alguien que te conoce desde chico y te entiende”. Desde entonces, el joven hermano marista comenzó un acompañamiento sicoespiritual con su futura víctima. “Creo que ahí se dio cuenta de algunas falencias mías en ese momento y se aprovechó de cierta inestabilidad emocional”, explica Ene.

Seguridad y confort

En cuanto ingresaron a la sala ubicada arriba del gimnasio del colegio, asegura Ene, Luis Cornejo le ofreció hacerle masajes. “Era un lugar pequeño, escondido, muy piola”, recuerda. “ Me imagino que alguien mucho más despierto que yo no iba a aceptar que un cura lo masajeara, pero en mi mente de adolescente tardío, súper inocente, no lo encontré malo”, agrega.

Luego de echarle llave a la puerta, Cornejo se preocupó de generar un ambiente que Ene describe como de “seguridad y confort”. “Armaba todo un contexto”, recuerda. Aquella vez, la primera, estaba a torso desnudo. Su guía espiritual, mientras acariciaba su espalda, le decía que no se preocupara si tenía erecciones. “Si te excitas es algo totalmente normal, no te asustes”, agregó sin inmutarse.

Las rutinas de masajes es una estrategia que también usaron los maristas en España. El pederasta Joaquín Benítez, profesor de gimnasia en el colegio marista de Les Corts en Barcelona, fue acusado de abusar durante más de 30 años de niños entre 9 y 17 años. Varios casos que terminaron en violación, fueron precedidos por sesiones de masajes.

Ene se enteró pronto que él no era el único que había recibido masajes del hermano Cornejo. Las prácticas eran un secreto a voces en el colegio, sobre todo en los alumnos más cercanos al religioso, y subían de tono en la medida que aumentaban las sesiones. La segunda vez que Ene fue abusado se quedó en calzoncillos y, la tercera, completamente desnudo. Ambas ocasiones fueron en el estadio marista.

La última vez fue la más intensa. Ene venía de un campamento solidario para niños de escasos recursos, a fines del año 2007, cuando Cornejo le preguntó si estaba muy cansado. Ambos acudieron a la enfermería del estadio. Ene, aquella vez, sólo se cubrió con una sábana. “Era la excusa que me dio para que no me diera frío. Él se aprovechó de la confianza y traspasó los límites. Poco a poco comenzó a tocarme en los glúteos y genitales, advirtiéndome que no había nada de malo en que me excitara. Que no me diera vergüenza”.

Aquella vez el asunto no escaló otro peldaño. Ene sintió que había perdido la confianza en su guía espiritual y decidió no acudir más a sesiones de masajes. Cornejo no sólo había transgredido la relación estudiante-maestro, también había intentado aprovecharse de la condición sexual de su alumno. “La verdad es que soy homosexual. Mi situación había sido tratada en un consejo de profesores y yo jamás le comenté esto a él. Ellos tienen buen olfato para buscar sus presas. A mí me aburrió el abuso de poder y el exceso de confianza. En ese momento no sabía mucho de lo que se trataba, ahora estoy seguro lo que fue”.

Ene dejó de asistir a las colonias y cortó relaciones con Cornejo después de salir del colegio. El único contacto que tuvo con su agresor fueron las llamadas que éste le hacía para su cumpleaños. La última que recibió fue desde Bolivia.

Destapar la olla

-Alguien me comunicó que le acababan de avisar que a Lucho lo habían apuñalado en el esternón y que estaba en coma en Cochabamba- recuerda Ene.

Fue en septiembre del año 2013.

La noticia se propagó rápidamente en Quillota. A la entrada del Instituto Rafael Ariztía se montó un altar y Cornejo adquirió temporalmente el estatus de mártir. La comunidad puso su foto, se llenó de flores y los apoderados rezaban el rosario. Todo cambió cuando comenzó a correr el rumor que el hermano había sido acusado de abuso sexual y que su estadía en Bolivia respondía a una estrategia de ocultamiento. No faltaron aquellos que sostuvieron que la estocada había sido producto de una vendetta a cargo de un sicario. “Siempre se ha comentado de más casos de abuso. Han circulado nombres. Yo estoy seguro que hay más personas afectadas. No puedo dar nombres, pero existen antecedentes”, asegura Ene.

Fue la misma congregación, a través de un escrito firmado por Mariano Varona, quien reconoció que la familia de una víctima de Cornejo se habría acercado al rector del IRA en el año 2013, manifestando su molestia por “una situación abusiva formulada por su hijo”. Además, en marzo del año 2015, se conoció por medios informales la existencia de otras eventuales víctimas. “La congregación se reunió con varios de los jóvenes afectados, y de acuerdo a los resultados de la investigación realizada, se estimó que había elementos suficientes para afirmar que se produjeron situaciones abusivas de connotación sexual”, señalaba el escrito.

No sólo se ha especulado con eventuales nuevas víctimas. El caso de Luis Cornejo es analizado hoy como un eslabón de un eventual modus operandi dentro de la congregación. “Es lo mismo que pasó con Adolfo Fuentes (otro hermano marista acusado de abusos) que también tuvieron escondido en Bolivia. Se repite el manual utilizado en los últimos 50 años”, reflexiona Ene.

Incluso, asegura que incluso el mismo Cornejo, desde Bolivia, habría llamado a algunos compañeros alertándolos de que estaba siendo investigado por abuso sexual infantil y que no le contaran a nadie sobre los masajes que habría realizado. La arista por eventual encubrimiento es una tesis que cobra fuerza, además, por los correos enviados por Mariano Varona a Ene donde insinúa propuestas para cerrar el caso.

Hoy, el joven de 27 años asegura que ha esperado pacientemente el momento oportuno para hablar. Consciente que es el único caso hasta ahora que no cae en la prescripción, asume el desafío de hacer justicia por otros. “Estamos hablando de vidas que se arruinaron, gente que ha somatizado enfermedades, otras que no han podido ser padres y nunca han podido tener relaciones afectivas sanas, algunos incluso se han suicidado. Es hora de destapar la olla”, sentencia.