Recientemente Cristóbal Bellolio argumentó en favor de la eutanasia y la necesidad de legislar respecto a ella en Chile. Mi respuesta en pocas palabras: este no es el momento.

No se trata simplemente de argumentos conservadores de una derecha cavernaria. Se trata solamente de que la discusión de algunas cosas requiere muchas veces, debatir antes de otras.

Sucedió con el divorcio que sólo fue posible discutirlo luego de la separación Iglesia-Estado: un sacramento puede ser eterno e indisoluble aún contra un nuevo acuerdo de las partes. Un contrato ante el Estado, ciertamente no. Cuando el matrimonio restringía los bienes de la mujer, se requirió antes que existiera el voto femenino para luego hablar de la separación éstos, lo que permitió una real autonomía de las partes dentro de la sociedad conyugal.

Con la eutanasia sucede lo mismo: Hablar de ella, sin haber conversado de suicidio asistido es poner la carreta delante de los bueyes. La eutanasia es entendida como la acción ejecutada por un tercero, en general un médico, para poner fin a la vida de un paciente aquejado de un sufrimiento o enfermedad. El suicidio asistido, en tanto, es la posibilidad de que existiendo ciertas condiciones, como ausencia de un trastorno del ánimo, a una persona se
le puedan facilitar los medios para que ella misma ponga fin a su vida.

Las razones para la existencia de este tipo suicidio son muchas, pero probablemente la más relevante, sea el respeto a la autonomía plena de la persona respecto a la disposición de su propia existencia, particularmente, en
aquellas cosas en las que sus acciones no producen ningún daño a terceros.

Se ha argumentado que “la vida no tiene precio”, o que la vida es lo más importante, sustrato de todo derecho y que por ende no se podría atentar contra ella: La falsedad de esto es evidente al contrastarlo con la realidad. La vida no tiene el mismo valor para todos, sobre todo en base a su contexto cultural. Así, está en nuestra historia el “vivir con honor o morir con gloria” de O´Higgins o los soldados kamikazes en Japón, por nombrar algunos: Todos
ponían el honor y el reconocimiento por sobre la vida.

Por lo demás, no son pocos los que valoran la calidad de vida y de la muerte por sobre la vida misma. Muchas veces, una agonía larga y dolorosa, implica que sea ese el recuerdo para una familia. Es totalmente legítimo que un
paciente decida terminar su vida para tener una muerte rápida y sin dolor. A su vez, desde un punto de vista liberal, si bien puede ser discutible que un médico deba realizar la eutanasia, no resiste análisis la pretensión de obligar a alguien a vivir, aún cuando la vida en sí, ya no sea valiosa o llevadera para esa persona.

Frente al suicidio asistido, la posición liberal, es muy sólida, y los buenos argumentos en contra, sin sustrato religioso, bastante escasos. Poniendo antes a la eutanasia es hacer ruido legislativo, con nula probabilidad de éxito. No olvidemos, que la política, es y seguirá siendo, el arte de lo posible.

Por: Juan Carlos Said, médico de la Universidad Católica. Especialista Medicina Interna Universidad de Chile. Militante de Evópoli.

Columna de Cristóbal Bellolio: El derecho a morir – The Clinic Online

Evidentemente, que la eutanasia sea una causa liberal no la hace por sí misma una buena causa. Sostener, a-la-Piñera, que sólo Dios puede dar y quitar la vida, es legítimo. Pero tendrán que mejorar sus argumentos si quieren vencer en la deliberación democrática.