El juez Mario Carroza condenó hoy a penas de prisión a siete exagentes de la CNI de Pinochet por el homicidio calificado de un opositor, cometido en la vía pública el 18 de abril de 1986, según informaron fuentes judiciales.

Juan Antonio Díaz Cliff, de 41 años, fue abatido a tiros por los agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI), la policía secreta sucesora de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), mientras caminaba hacia su casa por una calle del sector santiaguino de Recoleta.

En un fallo de primera instancia, el juez especial Mario Carroza, de la Corte de Apelaciones de Santiago, condenó a diez años y un día de prisión, como autor del delito, al exmayor del Ejército Álvaro Corbalán Castilla, en la época jefe operativo de la CNI en Santiago.

Corbalán se encuentra en prisión, cumpliendo varias penas, incluida una a cadena perpetua, por su implicación en varios crímenes de la dictadura de Augusto Pinochet.

Los exagentes Jorge Jofré Rojas, Víctor Ruiz Godoy, José Salas Fuentes y Carlos Palma López, fueron sentenciados a cinco años y un día de prisión, también como autores, mientras Eduardo Fuenzalida Pérez y Ema Ceballos Núñez fueron condenados a 541 días de presidio, con el beneficio de la remisión condicional de la pena, como encubridores.

Juan Antonio Díaz Cliff, dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), había regresado a Chile de forma clandestina desde el exilio para unirse a la resistencia contra la dictadura y los agentes, que seguían sus pasos, lo interceptaron en la calle y sin mediar palabra le dispararon, según dijeron testigos en el juicio.

La víctima recibió cinco tiros, uno de los cuales le perforó el pulmón derecho, ocasionándole una anemia grave que finalmente le causó la muerte, en el mismo lugar de los hechos, según el informe de autopsia.

El mismo día, en otro punto de Santiago, fue ejecutado de forma similar José Daniel Murga Medina, de 28 años, también miembro del MIR.

Según testigos, Murga Medina descendió de un autobús de la locomoción colectiva, siendo intimidado por hombres armados y aunque levantó los brazos para entregarse, fue acribillado a tiros.

De acuerdo con el informe de autopsia, Murga murió a causa de un politraumatismo esquelético visceral causado por las balas.

La dictadura difundió más tarde la versión de que “dos delincuentes subversivos murieron luego de enfrentarse a las fuerzas de seguridad”.

Durante la dictadura de Augusto Pinochet, según datos oficiales, unos 3.200 chilenos murieron a manos de agentes del Estado, de los que 1.192 figuran aún como detenidos desaparecidos, mientras otros 33.000 fueron torturados y encarcelados por causas políticas.