El famoso concurso de belleza Miss Venezuela, la “fábrica de reinas” que produjo título tras título de belleza, había logrado sortear la crisis económica del país, pero ahora sus organizadores se ven forzados a cerrar temporalmente sus operaciones ante el escándalo que ha dejado una supuesta trama de corrupción y prostitución denunciada por varias de sus participantes.

En su época dorada, el concurso trascendió la farándula: en sus 67 años no solo produjo prestigiosas modelos y presentadoras sino también candidatas a la presidencia, alcaldesas y gobernadoras. Incluso recientemente, una ex Miss Venezuela residente en Texas anunció su candidatura a la Cámara de Representates de Estados Unidos.

Pero ahora, ese concurso está en peligro y “Una noche tan linda como esta”, tal y como dice el coro de la canción que tradicionalmente entonan las jóvenes aspirantes en la gala de la belleza, quizás no se materialice en 2018. La Organización Miss Venezuela anunció una reestructuración interna tras las acusaciones que exmisses se hicieron entre sí a través de las redes sociales de haber obtenido beneficios económicos por supuestos vínculos con dirigentes del gobierno y del chavismo.

Las denuncias, que dejan en entredicho al certamen, son también una confirmación de las investigaciones realizadas por distintos medios de comunicación sobre lo que ocurría en la fábrica de bellezas.

“Por más de 40 años, la Organización Miss Venezuela se ha enfocado en la formación de talento con belleza interna y externa, capaz de competir con éxito en cualquier escenario nacional e internacional, contribuyendo así al empoderamiento de la mujer venezolana. La Organización nunca ha consentido ni aceptará ningún acto que perjudique de forma alguna su reputación y la de sus participantes”, afirmó a través de un comunicado Jonathan Blum, presidente de Cisneros Media, dueño de la franquicia.

Con la revisión interna, los representantes del concurso dijeron buscar controles adicionales para evitar actividades contrarias a la ética del certamen. Y mientras eso sucede, decidieron reestructurar el concurso y cerrar provisionalmente la famosa Quinta Miss Venezuela, la sede de la franquicia ubicada en Caracas. No queda claro en el comunicado de la organización cuánto podría durar este proceso y si la edición número 68 del certamen se llevará finalmente a cabo este año.

“Más que un certamen de belleza”

El escándalo arrancó en la segunda semana de marzo cuando una exparticipante del concurso, Annarella Bono, actual animadora de un programa de la televisión venezolana, la enfiló a través de las redes sociales contra una excandidata de otro certamen de belleza en Venezuela, Angie Pérez. Las acusaciones e insinuaciones llegaron a granel. Todas versaban sobre cómo las misses supuestamente se prostituían para conseguir patrocinios y sobre cómo otras llegaron a casarse por interés con altos funcionarios del gobierno chavista.

“¿Quien paga la película? ¿Cómo llega esta perra en avión privado?”, se preguntaba Annarella Bono en su cuenta en Instagram al criticar la elección de otra ex miss para participar en México en una película sobre Mónica Spear, la recordada Miss Venezuela asesinada por el hampa en Venezuela.

Después salió a relucir la relación de otra antigua reina de belleza con Diego Salazar, primo del otrora hombre poderoso del chavismo Rafael Ramírez, el expresidente de la petrolera estatal Pdvsa. La ganadora del Miss World Venezuela 2006, Claudia Suárez, fue señalada por el diario El País de España de depositar un millón de dólares en la banca de Andorra por sus vínculos con Salazar, hoy preso en Venezuela por el gobierno de Nicolás Maduro. Y como este, otros casos similares fueron ventilados para sorpresa de los venezolanos.

“El nuevo Guiso Guiness. Repartían alegría a los más necesitados y a ellas les llenaban la cuenta en dólares sacados del desangre de Pdvsa”, escribió otra ex miss, Hannelly Quintero, para referirse a la Fundación de Diego Salazar promocionada por varias ex reinas de belleza.

El escándalo ha sorprendido a la sociedad venezolana, donde en sus años de esplendor, el concurso tenía la capacidad de paralizar al país y las ganadoras del certamen eran recibidas por los presidentes.

El conocido humorista venezolano Profesor Briceño, quien trabajó por ocho años en la organización como entrenador de oratoria, no cree que este sea el fin del certamen: “Miss Venezuela no es solo una organización o un grupo de personas que realizan un certamen de belleza. Quién sepa reorganizar el concurso seguirá capitalizando la fanaticada y el hecho de que el venezolano disfruta del concurso, aunque no con el mismo fervor de antes”, opinó en declaraciones a Univision Noticias.

Para Briceño, lo sucedido obliga a la organización a enfrentar y resolver la situación con el anunciado plan de reestructuración. “Es importante aclarar lo que sucede realmente a lo interno del concurso y que no es fomentado desde los propios integrantes de la organización. Desde siempre, en el concurso han aparecido personajes que rondan los concursos buscando patrocinar muchachas y que esto genere una deuda de favores que luego se convierte en lo que se llama una especie de contrato personal”.

Lamentablemente, explica, alrededor del concurso existen managers que trabajan con las misses sin ofrecer un contrato escrito y luego las acorralan indicándoles que les adeudan altos montos, lo que les genera compromisos a las jóvenes que luego deben pagarlo de manera nada convencional.

Según Briceño, su renuncia al Miss Venezuela obedeció principalmente a los conflictos que en su momento tuvo con este tipo de personajes. “Cuando me fui, fue porque cumplí un ciclo dentro de la organización, pero también porque comencé a generar una relación complicada con algunos managers y eso fue parte de lo que me llevó a tomar la decisión de irme”.

La crisis también acabó el concurso
El certamen ya se había venido a menos en los últimos años debido a la crisis económica del país. La noche de gala en la que se elegía a las reinas de bellezas cada año es una muestra de ello. Si antes se llevaba a cabo, bajo el liderazgo de Osmel Sousa, en importantes escenarios en Caracas como el imponente Poliedro de Caracas, que contaba con 15,000 asientos para el público, en los últimos años apenas 300 invitados pueden disfrutar en vivo del certamen desde el Estudio 1 de Venevisión, el canal que por 40 años ha tenido los derechos de transmisión bajo la batuta de la Organización Cisneros. Tampoco se cuenta con suficientes recursos para contratar a artistas de fama internacional, sino a grupos y solistas reguetoneros locales.

La situación económica también afectó al concurso de belleza en cuanto a la logística y en la organización de su show de gala. Pero, según el Profesor Briceño, también puso en aprietos a las concursantes que requerían de suficientes recursos para costear su participación. “Habían exigencias económicas que muchas jóvenes no podían costear y era allí que entraban estos personajes oscuros que se ofrecen como patrocinantes. Esta situación no comenzó por la crisis en Venezuela, esto también ha ocurrido en certámenes de belleza en otros países”, afirma.

Un mes antes del escándalo de las exmisses, el llamado ‘Zar de la Belleza’ Osmel Sousa renunció a la Organización Miss Venezuela. Desde entonces, circularon rumores sobre si el concurso sería vendido a otro grupo de inversionistas cercanos al gobierno o a otro canal de televisión.

Briceño sostiene que siempre han existido interesados en la franquicia debido a que probablemente es una de las más rentables en el país en términos de inversión-retorno. “Durante toda la gestión de Osmel siempre aparecían personas que decían que lo podían hacer mejor que él y en este momento en que decide retirarse, pues es una oportunidad para darle entender que están allí pendientes de ser llamados por la Organización Cisneros o de hacer una oferta por la franquicia”.

Solo queda esperar si vuelve el brillo del Miss Venezuela y, aunque a la mayoría de la nueva generación venezolana no le presta tanta atención como en la época dorada, seguramente a muchos “esa noche tan linda” les distraerá de la crisis humanitaria, de la hiperinflación y la escasez por un rato.