*Este artículo fue publicado originalmente en Univisión
Bogotá está protegida por los cerros orientales, un pulmón verde de montañas andinas atravesadas por quebradas. En esa tierra de indígenas muiscas fue donde los conquistadores españoles buscaron sin éxito el Venado de Oro, una escultura mítica. Hoy se levanta allí un complejo futurista de amplios ventanales y jardines verticales que parece inspirado en Silicon Valley. Es el Instituto Humboldt, uno de los centros de investigación sobre biodiversidad más importantes del mundo.

El nombre de esta institución mixta (forma parte del Ministerio de Medio Ambiente pero recibe financiación privada) es un homenaje a Alexander von Humboldt, un explorador alemán que visitó Colombia a principios del siglo XIX, donde conoció a los héroes nacionales naturalistas Francisco José de Caldas y Jorge Tadeo Lozano.

Su directora desde 2010 es Brigitte Baptiste, una bogotana de 54 años que se ha convertido en una de las personalidades públicas más influyentes de la nueva Colombia en paz tras el acuerdo entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC a finales de 2016, tanto por su trabajo con el medio ambiente como por su activismo en defensa de la libertad sexual.

Esta bióloga considerada en todo el planeta como una de las voces más respetadas en su campo es transgénero. Hasta 1998 se llamaba Luis Guillermo. Ella es consciente de ser una excepción en una sociedad conservadora como la colombiana. “En mi caso ha sido fácil, porque cuando decidí mostrarme como mujer ya había avanzado en mi carrera y tenía un espacio ganado. Siempre me han tratado con respeto y doy gracias a Colombia por eso, pero tengo claro que hubiera sido más complicado si hubiera dado voz a Brigitte cuando tenía 15 años”, dice.

Su nombre está inspirado en la artista francesa Brigitte Bardot. “Lo saqué de una revista que tenía mi abuelo, como de Folies Bergère. Creo que tenía unos 7 u 8 años. Había fotos de actrices y me acuerdo claramente de su sonrisa, porque yo tenía los dientes como ella. Y quedé prendada de su juventud, de su frescura”, explica en el periódico colombiano El Tiempo.

En el cara a cara destaca su sentido del humor y su capacidad analítica, más allá de su imponente físico: por encima del metro ochenta, de manos poderosas y voz fuerte, con tatuajes que celebran la feminidad (una sirena en el brazo, una Venus en la espalda), escotes generosos y tacones, vestidos floreados a juego con los pendientes y la montura de las gafas y el pelo generalmente teñido con mechas azules, amarillas, rosas y otros colores chillones.

“Cuando naces en un cuerpo equivocado es algo que sientes toda la vida, desde la infancia, es una claridad en la experiencia de cada día. A los 18 años decidí vivirlo abiertamente, cuando se me acumularon las contradicciones y era insoportable”, explica. “Ya no podía ser yo misma en ninguna parte, no podía expresarme como quería. Coincidió con el fallecimiento de mi hermana y una crisis muy grande en lo personal que me hizo entender que vida solo hay una”.

Una mujer de ‘ciencia ficción’
“Para entender mi visión tienes que ver ‘ Sense 8′”. Así cuentan varios empleados del Humboldt que les recibe Brigitte Baptiste, entre bromas, el primer día que entran a trabajar en el instituto. Esta serie de Netflix es una creación de las hermanas Wachowski, responsables de la saga ‘Matrix’ e iconos del activismo transgénero. En ella, reflexionan sobre la conexión vital entre seres vivos, la identidad sexual y la espiritualidad.

Baptiste es una amante de la ciencia ficción y las obras de autores como William Gibson (considerado el padre del cyberpuk) e Isaac Asimov. En sus columnas en la revista colombiana Semana, en su frenética actividad en las redes sociales (donde antes se describía como “cyborg wannabe”) o en sus múltiples conferencias, esta bióloga especializada en ecología del paisaje aprovecha para difundir su original forma de entender el mundo.

Es feminista y admira a Florence Thomas, una psicóloga francesa afincada en Colombia que defiende los derechos de la mujer. Cree que el país ha avanzado mucho en derechos sociales relacionados con la igualdad de género. “Pero aún falta lo más importante: la sociedad colombiana sigue siendo machista y llena de prejuicios que discriminan”, lamenta.

“Naturalmente transgénero, impúdica y pagana. No soy la institución ni fabrico verdades electorales”, dice su biografía de Twitter, donde interactúa con el intelectual chileno Alejandro Jodorowsky y sube chistes de Mafalda mientras denuncia la deforestación de la amazonía o la desaparición del jaguar.

Contrasta esa doble faceta suya, entre la académica e investigadora de primer nivel internacional experta en conseguir recursos para la defensa de la biodiversidad en Colombia y la agitadora de pensamiento libérrimo y transgresor.

Discurso alternativo
En 2017 Brigitte Baptiste recibió el premio Príncipe Claus en Holanda, donde resaltaron la importancia de su “discurso alternativo”. Además, forma parte del grupo de expertos de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES). Este mes participó en la ciudad colombiana de Medellín junto a otros 800 especialistas de más de un centenar de países en el foro más importante del sector.

Su familia es una mezcla de sangres europeas y colombianas. Ella siente un arraigo especial por Cataluña, donde estudió un doctorado en Ciencias Ambientales a principios del nuevo siglo. “Tengo una tía que huyó de Barcelona en el 39 por la Guerra Civil en España”. Los abuelos de su padre eran franceses y se trasladaron a finales del XIX a los Llanos Orientales de Colombia, por entonces una tierra inhóspita para aventureros.

Vive en Bogotá con su mujer y sus dos hijas adolescentes, a las que educa en el respeto por las diferencias y la importancia del diálogo. “Quiero que descubran el mundo de una forma espontánea y libre, sin dogmas”, dice mientras pasea por el camino de gravilla que comunica su oficina con una pista de voleibol donde su equipo de 250 colaboradores (una heterogénea mezcla de antropólogos, economistas, comunicadores y otros profesionales de las ciencias naturales y sociales) se relaja al aire libre los días que no llueve.

“El 95% de los bogotanos no conoce sus montañas, estamos intentando que descubran esta riqueza”, cuenta. La Fundación Cerros de Bogotá organiza paseos que salen del instituto por estos senderos que se extienden a lo largo de 14,000 hectáreas en las que, además de los pinos y eucaliptos que se utilizaron para repoblar la zona (ahora se está recuperando la población original de nogales), hay más de un centenar de aves, orquídeas salvajes, reptiles, anfibios, cusumbos (un pequeño mamífero) y hasta tigrillos.

Expediciones en busca de nuevas especies
Colombia es el país más biodiverso del mundo por kilómetro cuadrado. “Es una afirmación un poco pomposa, pero no hay ningún otro que tenga acceso al Caribe y al Pacífico, que esté atravesado por los Andes, que posea llanuras, desiertos y ríos como el Amazonas “, dice Brigitte Baptiste.

Los datos son irrebatibles: 56,343 especies (el país está en los primeros puestos en diversidad de aves, orquídeas, peces marinos, mariposas y macrohongos), 102 comunidades indígenas, 37 páramos, 29 millones de hectáreas protegidas, 16 humedales… Y los expertos aseguran que todavía existen grandes vacíos de conocimiento.

Más de medio siglo de guerra ha provocado una tragedia: los colombianos no conocen su país, hay departamentos donde antes no se podía entrar. “Cuando era profesora en la Universidad Javeriana en 2004 y salía con mis alumnos a la naturaleza teníamos que andar con mucho cuidado. Había guerrilla, paramilitares, minas antipersonales… Si una generación crece cerrada, después cuesta mucho trabajo salir”, reflexiona Baptiste.

Las expediciones de Colombia BIO son su orgullo. Desde 2016 un grupo de 80 investigadores ha realizado 11 misiones en busca de nueva fauna y flora en territorios antes prohibidos por la presencia de las FARC.

Hasta el momento, han encontrado 93 especies que la ciencia no tenía identificadas, así como 131 endémicas. Entran en las profundidades de las selvas del Chocó, en la isla inhabitada de Malpelo, en las cuevas y grutas de Santander, en los bosques y montañas de Antioquia, en los ríos de Vichada, en el Parque Nacional de Chiribiquete donde hay tribus indígenas no contactadas…

El lugar donde el Instituto Humboldt conserva uno de los bancos de especies más importantes del mundo es tan fascinante como los espacios naturales donde éstas son encontradas: el claustro de la iglesia de San Agustín, un edificio del siglo XVI en Villa de Leyva, una población con encanto colonial donde se escapan los bogotanos el fin de semana. Para llegar hasta allí se demora cuatro horas en carro desde la capital.

Las colecciones son increíbles: libros de papel cartón donde conservan flores secas y ramas de plantas que han sido archivadas con sumo cuidado para respetar su forma original, esqueletos de serpientes en formol, especímenes marinos inmersos en tinajas gigantescas, insectos de formas inimaginables, aves coloridas cada una con su ficha técnica en una etiqueta, huevos minúsculos y otros del tamaño de la cabeza de un ser humano, cráneos de cocodrilo, mariposas de un cuento fantástico…

A finales de este año, concluye el segundo mandato de Brigitte Baptiste al cargo del Humboldt. Aunque la han intentado tentar desde la política, ella quiere seguir otros cuatro años, siempre que la junta directiva la ratifique. “No quiero ser utilizada por el poder, puedo ser más útil aquí en esta época de cambios”.

Cuando piensa en el futuro, se le iluminan los ojos. Es una persona optimista que se confiesa enamorada de su país por su increíble riqueza natural. Sin embargo, lamenta la desidia institucional. “El medio ambiente nunca le ha importado un pito a los gobernantes. Siempre han tenido bonitas palabras pero pocas acciones. Mi labor es trasladar la idea de que el bienestar de la gente depende de la biodiversidad, esa es la cantaleta mía de todos los días”.