La historia es así. Es la noche de San Juan de 1993 y John Wayne Bobbitt, a la sazón de 26 años, llega borracho a su casa. Viola a su esposa, cuestión que al parecer había hecho antes. Lorena decide entonces que será la última, que ya no más. Va a la cocina, agarra un cuchillo y vuelve al dormitorio. John duerme. En su memoria, ella recorre un historial de abusos. Eso la anima a levantar la sábana y rebanarle el pene.

Del hecho hay crónicas de la época e incluso una caricatura que se titula “El amor duele, una historia sin cortes”. En su momento, a principios de la década de los 90′, se convirtió en la castración más mediática de la historia.

Se dice que una vez que se envalentonó y decidió mediante esa escena acabar con una vida miserable, con una relación de pareja enferma, Lorena conduce por una carretera, con las manos ensangrentadas, y arroja el miembro por la ventan del auto. En paralelo, John visita a un médico y le pide que le reconstruya el pene. “¿Puedes reconstruirme, doctor?”.  “No tenemos el pene”, contesta Jim Sehn.

Medio resignado a quedarse sin su miembro, John le sugiere que haga lo que pueda.  La historia entonces da una especie de giro y, tras un patrullaje, la policía halla el pedazo de carne tirado en la calle.

El pene estaba intacto, “y muy bien cortado, en un tajo muy limpio. Llegó en una de esas bolsas de plástico herméticas, a su vez metida en una bolsa de papel para el almuerzo”, recuerda el médico.

La operación se extendió por diez horas y la reconstrucción finalizó con éxito.

En su momento, el hecho generó editoriales y el juicio entre John y Lorena Bobbit fue seguido por seis de cada diez estadounidenses.

Fue tanta la conmoción que por primera vez, en toda su historia, The New York Times ocupaba la palabra pene en su portada en lugar de “órgano sexual masculino”.

Finalmente, y luego de una deliberación que se extendió por horas, el jurado se inclinaba por “no culpable”.

En 1999, John se volvió a casar y terminó separado a los cinco años por una denuncia de malos tratos.

Lorena, por su parte, recuperó su apellido de soltera: Gallo.

“Es lo que pasa cuando un hombre empuja a una mujer demasiado lejos. Me encontré a mí misma en la calle con un cuchillo en una mano y un pene en la otra… así que mira, cosas que pasan”, diría la mujer alguna vez.