Te acusan de homofobia e incitación al odio. ¿Cuáles son los costos de sostener tu discurso? ¿Te han amenazado? ¿No temes que te pase algo como lo que le ocurrió a J.A.K?

-Tengo fobia a las alturas y a los ratones. ¿A las personas? ¡Jamás! Pero no voy a aceptar la pretensión de algunos de imponer una visión antropológica como verdad oficial. Soy respetuosa de la libertad ajena, y exigiré se respete también la mía. ¿Miedo? ¿A qué? ¿A un grupo de cobardes? En absoluto.

Ezzati dijo que “no porque a un gato le pongo nombre de perro comienza a ser perro”, lo que generó una ola de críticas y hasta una disculpa institucional de parte de Felipe Berríos. ¿Qué opinas de lo dicho por el arzobispo? ¿Está en sintonía con tu opinión? ¿Pedirías disculpas por las cosas que has dicho?

-Ezzati hizo referencia a un principio bien conocido y que comparto, el principio de no contradicción: una cosa no puede ser y no ser en el mismo sentido. El cardenal fue un poco tosco en su comparación, es verdad. Pero, ¿qué relevancia tiene? El debate político parece a veces conversación de centro de madres. No estoy para eso mientras mueren personas en Venezuela o Lula es condenado en Brasil.

Pido disculpas bien seguido, pero cuando estimo que corresponde. Jamás cuando viene alguien a exigírmelo, porque esa es la estrategia típica del que quiere desarticular la posición ajena desde la superioridad

¿No crees que es incoherente abogar por la tolerancia y, al mismo tiempo, decir que “un hombre disfrazado de mujer es un hombre disfrazado de mujer”, o “la homosexualidad da cuenta de una condición psicológicamente patológica? ¿Por qué?

-Pido- exijo- tolerancia, no coincidencia. Y si hay algo en lo que he sido coherente es en eso. ¿Has visto el tenor de las críticas que recibo? ¿Y el de las respuestas que doy?