¿Tu salida del INDH fue un especie de golpe blanco?
Si uno lo mira desde el punto de vista de las circunstancias, claro que fue un golpe blanco. Yo creo que fue una situación bien irregular, que no solamente yo pensé que era irregular, sino que la Corte de Apelaciones en primera instancia así lo dijo.

Estipuló que era ilegal y arbitraria…
Hay varios puntos, pero yo creo que el más fuerte de la sentencia es que la decisión no fue fundada, o sea, que existía falta de claridad, de argumentación y de derecho a defensa, incluso se habla de falta de proporcionalidad. Lo que está diciendo la Corte es que lo que se hizo no tenía plausibilidad y eso es bien grave para una institución del Estado. Además, esa falta de fundamentación en la decisión, infringe la ley y la Constitución.

Hace rato que te tenían ganas en el consejo… ¿Tenías indicios que el asunto podía ir por ese lado?
No es ninguna infidencia decir que había consejeras que me tenían ganas desde el primer día. Lo que pasa es que una vez que Lorena Fríes deja la institución, a nivel de imaginario público, ya existía una sucesora muy clara para ser la siguiente directora. El tema es que por diversos motivos y circunstancias, a medida que se fue conformando el consejo, la certeza de que la supuesta sucesora iba a ser elegida, se empezó a diluir. Y en ese consenso, un grupo de consejeros preguntó si estaría dispuesto a ser candidato para el cargo de director. Al aceptar, y obtener los votos, se generó una pugna muy fuerte entre los seis consejeros que votaron por mí, incluyéndome, y las cuatro consejeras que votaron por ella.

Ese fue el comienzo de la guerra civil…
Mirándolo en retrospectiva, sí se vivieron conflictos muy duros. Si uno revisa las actas, no me dieron la sal ni el agua. Cualquier cosa que decidía o movimiento que hacía, tanto en la gestión interna como las relaciones políticas, a ellas no les parecía. Fue así como la línea entre la gestión interna y las decisiones del consejo se empezó a desdibujar. Esas cuatro consejeras, en el fondo, intentaron hacer un cogobierno con el instituto. Yo planteé que la dirección y la gestión administrativa era responsabilidad del director, no del consejo. Ahí fue una pugna muy fuerte que duró por lo menos seis meses.

¿Todo partió por un cuestionamiento administrativo, verdad?
Sí, porque las decisiones que yo estaba tomando como director, a ellas no les parecían, no por un reproche que sea bueno o malo, simplemente no estaban de acuerdo. Y eso en realidad es parte de la legítima discrepancia en un órgano colegiado, pero que eso se lleve a una acusación, y que de ahí saltemos a una remoción, hay un trecho muy largo.

También hablaron de “desprestigio institucional”.
Claro, esas acusaciones que se vierten el 15 de enero yo las conocí en el mismo momento. Pero esto nunca se me presentó, no hay antecedentes, se hace una acusación vaga, genérica y no se me da ni siquiera la oportunidad de defenderme.

¿Cuanto influye la composición del consejo en estas luchas intestinas?
Cuatro de los once consejeros elegidos viene del parlamento, dos de la cámara y dos del Senado, y evidentemente en un Congreso binominalizado, existe de uno y otro lado. Aunque hay varios que provienen de ahí, he aprendido a tenerles un respeto tremendo, porque son personas muy justas en sus decisiones, pero tampoco me pierdo en que la forma de elección está influida también por eso.

El cuoteo, en el fondo, permite que se generen bandos.
Sí, pero los bandos van moviéndose, no hay bandos muy estables. Yo creo que se cruzan varias cosas en esta situación, como el tema generacional que también se ha visto en otros lugares como en el congreso.

¿Es una mezcla de egos, posiciones doctrinarias o de distintos enfoques en Derechos Humanos?
El consejo yo lo valoro porque tiene la posibilidad de sentar a la mesa a diferentes sensibilidades políticas e ideológicas que se ponen a debatir en materia de DD.HH. Eso, como concepto abstracto, porque hay una generación de luchadores de DD.HH. a la que solamente podemos admirar porque lucharon durante la dictadura, en los primeros años de democracia, pero muchos de ellos no dejan a las nuevas generaciones entrar también a este tema…

José Aylwin, por ejemplo, fue quien levantó el acta para facilitar la remoción.
Él cambió la tabla. Yo no quiero mencionar a personas en particular, pero hay mucha resistencia a que nuevas generaciones tengan protagonismo en temas de DD.HH..

¿Y la diferencia está en el tratamiento o el enfoque?
Creo que tiene que ver con el enfoque y cierto pensamiento generacional. Hay personas que tienen mayor edad y que todavía están innovando en materia de DD.HH., así como hay personas de mi misma edad que están totalmente pegados en prácticas superadas. Hay gente que tiene el estatus de haberse desempeñado en la lucha contra la dictadura, tiene jinetas; el tema es que yo no tengo ese estatus porque nací en 1985 y tenía 5 años en 1990, es decir, no formo parte de esa épica de lucha contra la dictadura. Tampoco comparto la misma red de contactos, las mismas lógicas, porque no participé en eso. Yo estoy fuera de las relaciones de confianza que se establecieron en esa generación de defensores de derechos humanos.

¿Tan hermética es?
Es bastante hermética, aunque no todos. Porque también hay personas que le tienden la mano a las nuevas generaciones y las apoyan. José Zalaquett, por ejemplo, tiene toda una escuela de defensores de DD.HH. que son de mi generación, porque él es generoso y abre las puertas para que las nuevas generaciones vayan tomando la posta. No así otras personas. El tema es que la épica de nuestra generación la vivimos con las manifestaciones estudiantiles del 2006 y del 2011.

¿Se sienten subvalorados?
Sí, para algunos somos niños que estamos jugando a ser defensores de los Derechos Humanos. Cuando asumí como director recibí, no de mala onda, mucha niñada, en el sentido de “ah, este director tan joven qué va a saber en materia de DD.HH.”. Entonces uno empieza en desventaja a hacer su trabajo.

¿Cuál es el promedio de edad del consejo?
Yo tengo 32, el que me sigue debe tener 38 y ahí nos saltamos como a los 46. Después, son de 60 para arriba. Es un consejo marcadamente mayor, pero no por eso todos son cerrados. Hay dos consejeros que me apoyaron, por ejemplo, y les tengo un tremendo respeto. Uno es Miguel Luis Amunátegui que es de Renovación Nacional y Eduardo Saffirio que es Demócrata Cristiano, y que pese a la diferencia de edad tenemos una buena sintonía.

¿Cómo trabajan estas generaciones más antiguas?
Siempre se trata de tirar cosas debajo de la alfombra o hacer una negociación. Quizás sea muy cliché hablar de la cocina, pero creo que la lógica de la cocina en generaciones anteriores relacionadas con la política es algo muy vigente. Aunque creo que también es muy transversal.

¿Hubo temas vetados en el INDH?
Por supuesto, por la misma integración plural del consejo, pero no lo veo como algo malo. Hay temas que por existir distintas sensibilidades no se iban a poder tratar nunca, por ejemplo, recuerdo que la Ley de Identidad de Género era un tema bien controvertido. El instituto en su informe anual sacó un capítulo de niños y niñas trans e intersex. Fue un capítulo muy debatido que iba y venía pero logró salir con un consenso amplio.

¿Qué otros temas eran controversiales de tratar y no se metieron?
Cuando yo fui director no se tocó aborto en tres causales, por ejemplo, eso ya estaba casi cortado.

¿Eso habla de un consejo bien fáctico o no?
¿En qué sentido?

En que hay cosas que se pueden hacer y otras que no.
Hay temas que no se van hablar más allá que haya conflicto de interés. Yo me he inhabilité respecto a la discusión sobre matrimonio igualitario, por ejemplo, y creo que el instituto nunca va a tener una posición clara sobre eso.

Porque es un consejo conservador…
Es un consejo que tiene distintas visiones y no alcanza la mayoría para poder tener una postura clara. Yo, por ejemplo, en materia de matrimonio igualitario fui asesor jurídico del Movilh en una demanda internacional y tengo bien claro que el matrimonio igualitario tiene que existir con adopción. Pero esa opción es muy difícil que sea respaldada por el consejo, entonces, yo simplemente no me esforzaría en hacerlo.

A eso te refieres cuando hablas de “cocina”…
Te lo pongo bien claramente, en el acta de mi remoción a mí se me invitó a renunciar. Yo lo encontré extremadamente injusto, pero probablemente esa era la forma de solucionar los conflictos con la vieja política, con esa generación anterior. Que tratemos de arreglarnos. Quizá si yo hubiera accedido a la renuncia, probablemente hubieran sacado una declaración pública alabándome, agradeciéndome, todos habríamos quedado como amigos y los problemas los habríamos tirado bajo la alfombra. Pero yo creo firmemente que mucha gente de mi generación, independientemente del partido que esté militando, no está dispuesta a seguir transando esto.

En el fondo te acusaron que te faltó política…
Mucha gente se me acercó diciéndome que mi remoción era porque me faltó relacionarme con los políticos. Y ahí yo me pregunto: ¿realmente el INDH, que tiene que darle garantía a todos los poderes del Estado y a todos los ciudadanos, se tiene que poner a negociar y a transar? Eso no se puede hacer, una institución nacional de DD.HH., que además es el símil de una defensoría del pueblo, no puede estar transando.

¿Se han transado cosas?
Yo no.

¿Te llamaban políticos para bajar algunos temas?
Para bajar temas no, pero siempre llaman políticos.

¿Para qué?
Siempre llaman, pero tengo que ser súper claro. Que te llamen políticos o autoridades del Estado es parte del trabajo, pero cuando las conversaciones son para tratar de influir indebidamente o pedir cosas que no corresponden, obviamente eso nunca lo toleré.

El informe del Sename generó bastante tensión. ¿Fue eso lo que generó el conflicto o hubo más cosas?
Yo creo que el Sename marcó toda mi dirección, fue una propuesta y un proyecto que sacamos luego del primer mes de dirección, cuando resolvimos realizar una gran misión de observación al interior del organismo. No se trataba simplemente de sacar un informe, sino cambiar el foco del instituto e incorporar la defensa de la niñez dentro de las líneas permanentes de la institución. Por eso diseñamos todo un mecanismo de visita, evaluación, un protocolo de derivación y notificaciones a los tribunales de familia, al Ministerio Público y el Sename.

Dijiste que habían consejeros que consideraban que el Instituto no debía intervenir en materia de infancia…
Habían algunos que solamente querían una intervención superficial, porque cuando yo propuse una misión de investigación de Sename, nosotros propusimos visitar los centros y entrevistar niños. Y en base a esas entrevistas, obtener información para hacer un informe e identificar casos de abuso y llevarlos inmediatamente a la justicia. Pero hubo consejeros que querían una visita light, o sea, ir sin pauta a un hogar, revisar, conversar con la gente y sacar un informe de percepción. Esa opción finalmente perdió, pero denota la forma en que se mostraba la oposición.

En esa postura participó Consuelo Contreras, la actual directora del INDH…
Esa información está en el acta. Ella lo que proponía era que la metodología no era adecuada, quería hacer una misión de observación más pequeña. Pero creo que con el nivel de crisis del sistema, no podía tolerarse una visita superficial.

Contreras fue directora de Corporación Opción, una OCA que prestaba servicios al Sename. ¿Crees que se debió haber inhabilitado?
Yo creo que sí, por supuesto.

¿Qué te pareció la señal al removerte y luego asumir ella?
Independiente de mi remoción irregular, el hecho de que llegue una ex directora de una OCA, en medio de esta coyuntura respecto al tema de los DD.HH. en la infancia, fue una muy mala señal. Con su llegada a la dirección del Instituto, el tema se volvió aún más relevante, o sea, hoy estamos hablando del conflicto de interés y de la misión del INDH en el Sename. Toda esta situación sobre mi remoción, se debe en gran parte a que Consuelo Contreras es la directora del instituto.

Has dicho que si la Corte Suprema ratifica tu reincorporación, volverás al INDH.
Vuelvo, porque es lo que corresponde y es lo justo.

¿Estás preparado para el eventual regreso?
Uno nunca va estar lo suficientemente preparado, pero estoy tranquilo de que voy a volver y tengo la confianza, o mejor dicho la esperanza, que los consejeros y consejeras que votaron la remoción ilegal y arbitraria, asuman su trabajo con profesionalismo y sigamos haciendo funcionar el Instituto.