Pasados algunos días desde las elecciones de consejeros políticos de Revolución Democrática, urge una análisis de lo que ocurrió ahí y de cuáles son los desafíos que tendrá el partido durante este año.

Lo primero que se observa al mirar los resultados es que, poco a poco, las miles de chilenas y chilenos que firmaron por RD se han interesado por la conducción del partido. La participación creció respecto a la última elección y aunque aún falta mucho para convocar a toda la militancia, las ganas de participar están creciendo paulatinamente. Este hecho guarda relación con otro muy relevante, cual es el incremento de la votación de aquellas listas que proponían una mayor participación de los espacios territoriales y de la gente común que engrosa las filas del partido y que tenemos el orgullo de representar como consejeras electas.

En ese sentido, el primer desafío del partido es seguir hablándole a esa militancia, no porque nos interese solo “la interna” como se nos acusó a veces, sino porque creemos que esos miles de militantes representan la diversidad de los chilenos que debemos convocar para ser alternativa en los espacios locales, en el Congreso y en el gobierno.
Como dijimos en nuestra campaña, la revolución parte por casa, pero no se queda ahí: toma como inspiración a quienes dieron ese primer paso de confianza al firmar por RD en el momento de mayor desprestigio de la actividad política y utiliza su ejemplo para volcarse al pueblo que sufre los embates de la sociedad hipermercantilizada y que hoy ha elegido a la derecha.

¿Cómo lograr atraer a esos millones de chilenos y chilenas hacia un proyecto transformador, que muchas veces corre a contrapelo de la cultura dominante? Nuestra propuesta es simple de expresar, pero compleja de poner en práctica: necesitamos reivindicar la actividad política en acciones y espacios concretos,, en las dificultades que viven nuestros y nuestras compatriotas día a día. Necesitamos ser articuladores del ejercicio del músculo político, que ha estado por muchos años en un estado de sedentarismo crónico, activado únicamente en las elecciones.

En esta disputa, es esencial instalar dos temas fundamentales. En primer lugar, el feminismo, logrando que permee en la sociedad y se entrame en nuestro proyecto político de izquierda. Se habla de la necesidad de sintonizar con el sentido común, pero actualmente ese sentido común es muchas veces capitalista, individualista, xenofóbico, homofóbico y patriarcal, por lo que la lucha feminista no tiene posibilidades de jugar en esa cancha. Si bien se trata principalmente de una posición ideológica y teórica, la disputa feminista es sobre todo cultural, y como tal, el único camino al éxito es propiciar un proceso real de deconstrucción que logre instalar nuevos sentidos comunes, a través de transformaciones retóricas y prácticas de lo que entendemos como sociedad y del lugar que a las mujeres nos corresponde en ella. Eso parte por la práctica cotidiana de la militancia y se reproduce sobre todo en el espacio local.

Ese es precisamente el segundo tema que nos parece crucial hoy: el espacio local y su articulación política. Desde el Territorialismo siempre hemos tenido ese objetivo, pero hoy, tras la emergencia del Frente Amplio y con la experiencia acumulada en algunos municipios, la necesidad de volcarse al desarrollo territorial y a la apuesta por el gobierno local se vuelve imperativa con miras a 2020. Si nuestra militancia representa la diversidad de voluntades y anhelos de millones de chilenas y chilenos, los espacios territoriales condensan los problemas y resistencias que genera la sociedad neoliberal. Las luchas socioambientales y urbanas y la movilización para enfrentar las distintas formas de depredación mercantil son el crisol de una nueva forma de hacer política, que mientras descentraliza su articulación, enseña sobre las capacidades de crecimiento y permite pensar en una apuesta de alcance nacional.

¡Por un RD feminista y volcado al territorio y al espacio local, vamos con todo este 2018!