“Un juicio bajo amenaza explícita de golpe de estado no es un juicio justo. Todo muy turbio. Estamos con Lula y el pueblo brasileño” escribía Gabriel Boric, para salir a defender al ex Presidente de Brasil, Lula Da Silva. El mismo Boric que ha afirmado que es incorruptible y que no le teme al maletín negro. El mismo que, frente al caso peruano, afirmaba que le daba vergüenza ver como se transaba la corrupción por impunidad.

¿Qué paso Gabriel? ¿Por qué el instinto te jugó una mala pasada y saliste a defender a tu amigo Lula sin medir las consecuencias de tus palabras?

Pasó que triunfó la ideología. Las misma que motivó al Frente Amplio a afirmar que esto era una maniobra electoral y que se había utilizado a la justicia para evitar la candidatura de un adversario político. ¿Y sobre la corrupción? Nada.

La pregunta de fondo es si aquí hay mala intención o ingenuidad. En el mundo globalizado en el que vivimos, todos tenemos acceso a la información y podríamos saber al detalle sobre qué y por qué se le acusa a Lula. Podríamos saber, por ejemplo, que su Jefe de Gabinete fue condenado a más de 30 años de cárcel por corrupción. Podríamos, además, leer la denuncia de la Fiscalía de Sao Paulo que acusa a Lula por lavado de dinero y ocultación de patrimonio.

Con solo leer las noticias, podría llegar a los audios entre Lula y Dilma para otorgarle inmunidad, y las gestiones para conseguir el silencio de imputados en la causa, los mismos que le valieron los cargos de soborno y obstrucción a la justicia. De ahí en más, se podrían entretener buscando cada una de las acusaciones de distintos jueces, y llegar a las dos condenas, en primer y segunda instancia, donde Lula recibe una sentencia por unanimidad por el delito de corrupción y blanqueo de dinero, con un total de 12 años de prisión.

Hasta aquí, nada de amenazas ni nada turbio como señalaba el Diputado Boric. Al contrario, cada una de las denuncias y cada una de las sentencias fue desnudando al ícono del progresismo latinoamericano, a la fuente de inspiración de muchos jóvenes políticos de izquierda. También afectó a otros como el ex Presidente Lagos o el ex Canciller Muñoz que, si bien son más viejos, añoran con nostalgia el recuerdo del mito de Lula y la mística que inspiró en sus pares. Pero el hecho de que los jóvenes del Frente Amplio, puristas por definición, hayan cedido ante tanta evidencia, es aún más lamentable.

¿Mala intención o ingenuidad? A estas alturas, da lo mismo. Lo que sí evidencian estas acciones, es una profunda incoherencia. Es el Frente Amplio el que ha promovido el discurso de la transparencia total y de la condena unánime a las malas prácticas. Es el Frente Amplio el que ha hecho del dedo acusador una herramienta hábil de acusación política y el que ha reventado públicamente a cualquier actor o institución que haya sido cuestionada o investigada por algo cercano a estos hechos.

Por eso resulta impresentable este nivel de incoherencia, cuando la evidencia es absolutamente contundente y cuando unánimemente, Lula ha sido condenado por corrupción por la justicia brasileña. ¿Cuál es el límite de la ideología, que los lleva a justificar estos actos de corrupción? Difícil de dimensionar. Pero deben ser motivo de estudio y de denuncia, porque en muchas materias actúan con un discurso totalitarista, y luego caen en la relativización cuando se trata de la democracia en Venezuela o la corrupción en Brasil o Argentina.

Como actores políticos, tenemos el deber de denunciar esta incoherencia. En materia de corrupción y malas prácticas, el sistema político chileno cometió graves errores. De una u otra manera, aceptamos, de manera transversal, que ciertas prácticas irregulares se sucedieran en materia de financiamiento político y no supimos marcar claramente la línea que separa lo público de lo privado. Pero lo que no podemos aceptar es que, en el nombre de esos errores, otros vengan a apuntar con el dedo y se alcen como los catones de la moral, siendo que avalan iguales o peores comportamientos en Chile y en el extranjero.

El tweet del Diputado Boric apenas duró unas horas, porque seguramente le recomendaron bajarlo por la evidente contradicción en sus palabras. Pero la condena a Lula durará varios años y el resto de los actores políticos tenemos la obligación de refrescar la memoria día a día y de exponer las incoherencias de la extrema izquierda. Así como hoy lo hicieron con Lula y ayer con Cristina Kirchner, el Frente Amplio seguirá defendiendo a Cuba, a Venezuela y un sinfín de causas de extrema izquierda antidemocráticas y corruptas. Y ahí estaremos para hacerles frente y para denunciarlos ante los chilenos, que tienen el derecho a conocer a fondo su inconsecuencia.