El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció el pasado viernes que atacaría con misiles las instalaciones asociadas al presidente sirio, Bashar al-Ásad, ubicadas en Damasco.

En su discurso de ocho minutos, pronunciado en un salón de la Casa Blanca, el magnate abordó los principales motivos que lo llevaron a ordenar la ofensiva, centrándose en el supuesto ataque con armas químicas que realizó al-Ásad el pasado 7 de abril: “Esta masacre fue una escalada significativa en un patrón de uso de armas químicas por parte de ese muy terrible régimen”.

“El malvado y despreciable ataque dejó a madres y padres, infantes y niños despedazándose en dolor y quedándose sin aire. Estas no son las acciones de un hombre, son los crímenes de un monstruo”, complementó.

En cuanto a los objetivos del ataque norteamericano, Trump afirmó que con su acción busca “establecer una fuerte disuasión en contra de la producción, proliferación y uso de armas químicas”.

“Hoy las naciones de Reino Unido, Francia y Estados Unidos han unido su justo poder contra la barbarie y la brutalidad”, añadió.

Sus palabras también dejaron entrever que las tropas estadounidenses no abandonarán la zona en el corto plazo, ya que “estamos preparados para sostener esta campaña hasta que el régimen sirio termine su uso de agentes químicos prohibidos”.

El discurso también estuvo dirigido a Rusia e Irán -países cercanos a al-Ásad y su régimen-, a quienes interpeló preguntándoles “¿Qué tipo de nación quiere estar asociada con el asesinato masivo de hombres, mujeres y niños inocentes?”

“Rusia debe decidir si continuará por este camino oscuro o se unirá al resto de naciones civilizadas como una fuerza de estabilidad y paz. Espero que algún día nos llevemos bien con Rusia y quizá con Irán”, remató.

Por último, dijo que “ninguna cantidad de sangre o tesoro americano puede producir paz y seguridad duradera en Oriente Próximo. Es un lugar afligido”.