Con el rostro inspirado en el de una mujer blanca de la alta burguesía y el cuerpo de una mulata humilde, la colosal escultura de la República de Cuba observa desde sus 18 metros de altura a los visitantes que se derraman, curiosos, por el Capitolio de La Habana, reabierto ahora tras una larga restauración.

Ocho años hace ya que cerró sus puertas en pleno corazón de la capital cubana uno de sus edificios más emblemáticos, el que fuera sede del Parlamento bicameral hasta el triunfo de la Revolución liderada por Fidel Castro en 1959, y aunque las obras prosiguen, algunas de sus principales estancias ya se pueden visitar.

El Capitolio habanero data de 1929 y fue construido durante el mandato de Gerardo Machado, previo concurso, por la empresa estadounidense Purdy & Henderson, la misma que firmó otras conocidas construcciones de la ciudad como el Hotel Nacional y la Lonja del Comercio.

Está considerado el tercero en importancia por su volumen, el único de sus características construido en el siglo XX, y su diseño es de los arquitectos cubanos Raúl Otero y Eugenio Rayneri.

Sobre el terreno donde hoy se erige con solemnidad la antaño sede cameral, a lo largo de los siglos hubo hasta un vertedero, pasando por el eje antiguo de la muralla que limitaba La Habana -demolida en el siglo XIX-, un jardín botánico y la primera estación ferroviaria.

Ahora, los turistas vuelven a subir jadeantes bajo el despiadado sol caribeño los 57 peldaños que dan acceso al edificio, al que se entra por dos enormes puertas apodadas “el libro de bronce”, que recogen en relieve escenas de la historia de la isla, desde los primeros aborígenes a la construcción del Capitolio.

La entrada principal la guardan dos enormes estatuas de Angelo Zanelli: una femenina que representa la virtud del pueblo y otra masculina que encarna el trabajo.

Zanelli firma también los frisos del frontispicio, aunque su obra magna en este lugar es la escultura de la República, que preside los 120 metros del llamado “Salón de los Pasos Perdidos”, un poético nombre al que se atribuyen dos posibles orígenes, según explica Mariana, la joven guía que recorre el lugar junto a los visitantes.

Los “pasos perdidos” pueden aludir a las cientos de personas que llegaban al lugar para solicitar una audiencia con las autoridades y se marchaban sin lograrlo, pero también podrían evocar las pisadas que se pierden en la inmensidad de la estancia, completamente simétrica.

En su centro, la República, inspirada en la diosa griega Palas Atenea y esculpida en bronce a imagen de dos mujeres cubanas: Elena de Cárdenas fue la mujer blanca de la adinerada burguesía de la época que le prestó el rostro, mientras el cuerpo fue modelado como el de la mulata Lili Balti, asegura la guía.

La enorme e icónica cúpula del Capitolio de La Habana se eleva precisamente desde el centro de esta sala.

Mide 91,7 centímetros, lo que le hace ligeramente más alta que el Capitolio de Estados Unidos, aunque según afirma la experta, el habanero no fue erigido a imagen y semejanza de su “tocayo” de Washington, como se cree popularmente.

Uno de los elementos que los diferencian son los patios interiores de estilo colonial del edificio cubano.

Durante la larga restauración se ha buscado, además, resaltar detalles simbólicos, algo que se aprecia especialmente en la cripta, donde puede visitarse la tumba del “mambí desconocido” -cuya identidad realmente sí se conoce-, un tributo a todos los caídos por la patria cubana.

Una llama eterna brilla en la estancia, en la que están las banderas de todos los países americanos, España y Portugal, la partitura del himno nacional, el escudo de armas de Cuba, una réplica de la “República” a menor escala y una ofrenda floral que envía cada semana el presidente del país.

Los hemiciclos que albergaron antes de la Revolución la Cámara de Representantes y el Senado también han sido restaurados, y aunque no se prevé que la Asamblea Nacional (Parlamento unicameral) traslade aquí sus reuniones, ya que en la Cámara no caben los actuales 605 diputados, sí se emplea ya para actividades oficiales.

La zona restaurada incluye además varias salas en las que pueden verse vajillas de la época y de la etapa colonial, los moldes originales de las estatuas y frisos de Zanelli y el “Patio del Ángel Rebelde”, presidido por una de las pocas estatuas dedicadas al ángel caído que existen en el mundo.

Se prevé que la rehabilitación del Capitolio, incluida su famosa cúpula, concluya el próximo año con vistas al quinto centenario de La Habana, que se celebrará el 16 de noviembre de 2019.