LIMA, Perú. – Movilizarse en transporte público ya no era una opción para Javier Corro. Los precios de los pasajes en el estado venezolano de Barinas subían frecuentemente, así que decidió usar su bicicleta para movilizarse y animó a su esposa a hacer lo mismo. A través de las redes sociales conoció a varios cicloviajeros e incluso hospedó a algunos en su casa. Sus largas charlas con ellos empezaron a animarlo a realizar un periplo en bicicleta en su país y tal vez por Sudámerica. Le habían dicho que lo principal era tener las ganas de hacerlo, lo demás era cuestión de organizarse.

Pero la complicada situación económica de Venezuela no le daba tregua. El sueldo que ganaba como coordinador del departamento de audiovisuales de la gobernación del estado ya no le alcanzaba y cansado de la situación decidió buscar mejores opciones fuera del país y lo haría en su bicicleta.

Sus amigos cicloviajeros le habían dado varios tips para cuando tuviera que realizar trechos largos e incluso uno de ellos le facilitó una ruta para llegar a Lima, cruzando Colombia y Ecuador, así que empezó a estudiarla y a calcular las distancias que tendría que hacer a diario. Entre 60 a 100 kilómetros diarios había calculado. El acondicionamiento de la bicicleta no fue fácil. Los repuestos que necesitaba se hacían cada vez más caros. Sólo un neumático le costaba tres salarios mínimos. Las alforjas para que pudiera llevar sus cosas las tuvo que hacer él mismo con ayuda de su madre.

Desde que Javier, de 31 años, tomó la decisión de salir de su país hasta que pudo hacerlo pasó un año. Abandonó Venezuela con 75 dólares que juntó a punta de privaciones y esfuerzo. “Un viaje de tal magnitud causa algo de temor, de zozobra a cualquiera. Causa susto salir solo, pero tenía que hacerlo para lograr superar el tema económico por mis hijos (de 6 y 9 años), por mi familia”, dijo Javier a Univisión Noticias. Pero lo consiguió y recorrió buena parte del camino con otros tres ciclistas que conoció por el camino.

El 10 de febrero inició el viaje y su esposa lo acompañó en su bicicleta hasta las afueras de la ciudad. De allí en adelante, pensó, estaría por su cuenta y solo.

El grupo

Dos días antes, Jesús y su hermano Johnathan se despidieron de su mamá y de su hermana en el estado de Miranda, en el centronorte del país, agarraron sus bicicletas cargadas con sus cosas y emprendieron viaje rumbo al Perú.

Antes de hacerlo Jesús, un ingeniero de Telecomunicaciones y Sistemas de 34 años, y Johnathan, un estudiante de Marketing próximo a cumplir 22, abrieron en Facebook el grupo “Ciclistas venezolanos a Perú” anunciando su intención de salir del país e invitando a que se les unan en un viaje en caravana que duraría aproximadamente 28 días. “Nuestros miembros deben tener la voluntad y la fuerza necesaria para afrontar desgaste físico, dormir a la intemperie, soportar el frío, lluvia y sol, asistencia médica y apoyo a otros compañeros en la logística para la alimentación e hidratación y asistencia técnica para las bicicletas”, se lee en la descripción del grupo.

La idea inicial de los hermanos era salir de Venezuela en bus, pero lo que juntaban para comprar los pasajes no les alcanzaba ante las constantes alzas de los precios.

El grupo que crearon les fue muy útil por las recomendaciones que fueron recibiendo sobre ejercicios y alimentación que deberían tener en cuenta para aguantar el tremendo desgaste físico que implicaba un viaje de esa magnitud, más aún para ciclistas aficionados como ellos. También les enviaban consejos sobre medicinas, carpas y repuestos para las bicicletas. Las expresiones de solidaridad los recargaba de energía aún más.

De las cien personas que inicialmente se habían sumado a la caravana, solo quedaron los hermanos Berríos. Problemas con el pasaporte, falta de dinero para alistar las bicicletas, malas condiciones físicas, desnutrición fueron algunos de los inconvenientes que tuvieron los que inicialmente se habían sumado.

Jesús y Johnathan decidieron no seguir postergando su partida y el 13 de febrero llegaron a la frontera con Colombia. En la ruta conocieron a Javier Corro.

Dura travesía

Cruzar la frontera no fue cosa fácil, recuerda Jesús. El éxodo venezolano ya había captado la atención de la prensa internacional y la Guardia Nacional impidió el pase a los ciclistas porque llamarían la atención. “Nos dijeron que nos presentemos al día siguiente temprano, cuando no hubiera periodistas”, dice. Además, tuvieron que esconder los dólares que tanto esfuerzo les costó juntar dentro de los neumáticos de las bicicletas porque les habían advertido que se los podrían quitar en los controles.

“Ya en Colombia la cosa fue diferente. Nos consideraron como un caso atípico, nos pidieron la factura de las bicicletas y nos hicieron preguntas, pero finalmente nos sellaron los pasaportes”, comenta Jesús. Allí se les sumó Víctor Carrillo, con más experiencia como ciclista, y los cuatro no se separaron más.

En Colombia las dificultades continuaron. La cantidad de venezolanos que ingresa diariamente al país está provocando que algunos colombianos no reaccionen bien. Según las autoridades migratorias de esa nación, el año pasado 796,000 venezolanos ingresaron a este país con pasaporte, de ellos 552,000 se quedaron legalmente y 374,000 permanecen ilegalmente.

Datos del organismo de las Naciones Unidas para la migración muestran que más de 1.6 millones de venezolanos han abandonado su país desde el 2015, siendo Colombia, Estados Unidos y España los destinos principales de la migración.

Ese éxodo masivo de ciudadanos que huyen de la crisis política y económica en la que está sumida su país genera recelos en los países destino, como dan fe los propios ciclistas. “Tuvimos problemas por ser venezolanos, xenofobia, pues”, recuerda Jesús. “De Pamplonita (Colombia) prácticamente nos botó el alguacil, policía. No querían saber nada con nosotros por ser venezolanos”, recuerda Jesús.

Tuvieron que dormir en estaciones de servicios, turnándose para cuidarse, pasaron frío, pedalearon hasta quedar exhaustos, no pudieron bañarse por varios días y además tuvieron que detener su viaje porque les informaron que guerrilleros no estaban dejando pasar en una zona de Barrancabermeja.

El apoyo de sus conocidos en el grupo de Facebook que crearon fue clave para superar los obstáculos. Allí y, a través de Johandry, hermana de Jesús y Johnathan, que iba informando sobre los avances de los ciclistas, solicitaban ayuda y sugerencias cuando las necesitaban.

Algunos de sus seguidores les hicieron donaciones que les permitieron agilizar el viaje e incluso les ofrecieron sus casas para poder descansar.

“Cuando llegamos a Bogotá, el panorama cambió completamente de allí en adelante. En Armenia, nos ayudaron ciclistas profesionales, incluso nos hicieron un aporte económico. En el camino la gente que nos veía con nuestras banderitas venezolanas nos daba comida. Estamos muy agradecidos con ellos”, dice el mayor de los hermanos Berríos.

En total, permanecieron 20 días recorriendo Colombia y cuando llegaron a la frontera con Ecuador, tuvieron que esperar más de 12 horas para que les sellen los pasaportes. Allí lograron comprar pasajes gracias a donaciones que recibieron y, tras permanecer un día, salieron rumbo a la ciudad fronteriza peruana de Tumbes.

Van por más

Con 35 días de viaje prácticamente ya habían conseguido su meta, llegar a Perú. Solo faltaba enrumbar a Lima.

Les habían advertido sobre los problemas de seguridad en algunas zonas del país, así que con aportes de sus seguidores, lograron comprar pasajes en bus para poder llegar a la capital peruana y, tras 17 horas de viaje por tierra, arribaron el 15 de marzo.

Poco más de un mes de su llegada a Perú, estos cuatro venezolanos aún están procesando todo lo que han tenido que pasar para buscar mejores condiciones de vida, que en su país ya no encontraban.

No tienen claro aún si permanecerán en Lima o continuarán más adelante su viaje, cuando se repongan y se establezcan más. No les ha sido fácil adaptarse a la inesperada condición de migrante que ahora tienen. Los horarios extenuantes de trabajos precarios, la falta de comodidades y sobre todo estar lejos de la familia son temas duros de sobrellevar.

“Somos los pioneros en mi familia y amigos en salir de Venezuela. Muchas veces son las barreras mentales que uno mismo se pone lo que no nos deja avanzar, pero tenemos que seguir. Habrá miedos, habrá obstáculos, pero se superan”, afirma Johnathan.

Javier Corro piensa igual. Es más, quiere juntar dinero en Perú y luego seguir su viaje en bicicleta, esta vez a Argentina para conocer la Patagonia, Ushuaia específicamente, para luego establecerse en alguna provincia de ese país.

“He comprobado que los ciclistas siempre van a tener ayuda en cada lugar al que van a llegar, los ciclistas son como una gran familia. Las historias de los cicloviajeros que he conocido son las que me motivan a no dejar de luchar por mis sueños”, dice y no descarta animar a sus compañeros de viaje a continuar con la aventura.

Texto de Mónica Vargas publicado primero en Univision

*Imágenes cortesía de Jesús Berríos para Univision