“No creo en el legado de Michelle Bachelet” (Osvaldo Andrade, ex presidente Partido Socialista), “Nuestro desafío, más que ser custodios de un legado, es construir un proyecto futuro” (Ernesto Velasco, presidente Partido Radical), “No podemos estar solamente defendiendo un gobierno que ya quedó atrás” (Rabindranath Quinteros, Senador Partido Socialista). Con estas declaraciones, que se suman a tantas otras, los partidos políticos iban escribiendo el epitafio de lo que fue la Nueva Mayoría, un intento de respiración artificial a la ex Concertación, que nació, se desarrolló y murió transiciendo luego de la dictadura.

Desde la llegada de Michelle Bachelet a Chile para asumir una nueva candidatura presidencial, marcada por las movilizaciones sociales y la necesidad de liderar un conglomerado más amplio que la antigua Concertación, la ex presidenta tuvo que lidiar con una oposición feroz, donde no sólo la derecha jugó un rol importante, sino que también sectores que se comprometieron a impulsar el programa de avances y reformas de Bachelet, fueron abandonando paulatinamente el barco o al menos desviando su rumbo.

La derecha tuvo a los medios tradicionales y a las cúpulas de la Nueva Mayoría como sus mejores aliados, intentando generar la idea de que con cada reforma o intento de ella el barco iba derecho a colisionar con el iceberg de la inflación desatada, el desempleo y la demagogia.

Así, comenzaba a gestarse la formación de una fuerza alternativa que veía con desconfianza la posibilidad de que la Nueva Mayoría pudiese generar las transformaciones que la sociedad venía reclamado. El Frente Amplio buscaba canalizar el descontento que se expresaba en las calles y en los hogares chilenos. Por ello, mientras Michelle Bachelet tenía que ceder a los sectores conservadores de su coalición, ante la amenaza de un quiebre o incluso de no dejarla terminar su gobierno, el Frente Amplio irrumpía con fuerza en la política chilena.

Sin duda, los resultados electorales de 2017 fueron un indicador de que la ciudadanía no quiere más de lo mismo y que, luego de casi medio siglo, los tres tercios vuelven a disputar las ideas y proyectos nacionales. El Frente Amplio nace con la tarea de plantearse con responsabilidad la construcción del Chile de derechos que desplace al país de los especuladores y consumidores empedernidos. Dicha tarea comprende entender la necesidad de interpelar a diversos sectores de la sociedad chilena que pertenecen al campo popular, pero que hoy no se sienten convocados a este espacio, ya sea por algunas voces que acusan una cierta inmadurez política o por aquellas reparticiones del tablero ideológico que dejan al Frente Amplio a la ultra-izquierda, en un extremo delimitado y cercado, muy cómodo para quienes desean mantener el status quo.

Hoy, a un mes de gobierno de la derecha vemos como la retroexcavadora de Sebastián Piñera comienza a retroceder lo avanzado por el gobierno de la presidenta Bachelet, piso mínimo para transitar hacia un escenario postneoliberal que nos permita superar las lógicas de acumulación para unos pocos y desprotección social para los muchos.

Evidentemente, entre quienes apoyaron a Bachelet hasta el último día de su gobierno y quienes fuimos oposición desde la izquierda democrática, tenemos diferencias sobre el cómo vemos sus 4 años de gobierno, sin embargo sabemos que para construir una fuerza popular y democrática debemos ser capaces de construir con unidad, con sentido común, con más conciencia de pueblo que de coalición, dejar de pensar solo en nosotros y nuestras orgánicas, ponernos de acuerdo es urgente y necesario por quienes comenzarán a vivir de la precariedad de este gobierno y su proyecto de retrocesos y restricciones sociales.

Creemos que la crítica y la autocrítica son fundamentales para avanzar hacia una nueva etapa, no estamos para buscar culpables y lavarnos las manos de las responsabilidades que cada uno y todos tenemos con la producción del destino que construimos. Entendemos que cuando decidimos lanzarnos a la batalla debemos acumular fuerzas y calcular bien, porque si la perdemos nuestra fuerza se va hacia el enemigo, potenciándolo y debilitándonos. Apostamos por la construcción de una mayoría popular que se legitime y apele al sentido común, a la gente.

Tenemos que saber conquistar la esperanza, el apoyo, la sensibilidad y el espíritu emotivo de la ciudadanía. Somos oposición, pero seremos gobierno, y en ese sentido es momento de tomar posturas a nivel regional y nacional, seguiremos más que nunca construyendo puentes entre las demandas de la gente y las instituciones, poniéndonos a disposición de las luchas democráticas, populares y transformadoras que movilizan a nuestro pueblo, pero teniendo presente que la mayoría política y popular no caerá del cielo a punta de marchas y movilizaciones, sino que se dará en la medida que seamos capaces de generar certezas a la ciudadanía, de pactar con los de abajo, de construir la unidad ciudadana, no para resistir, sino para ganar.

*Juan Pablo Sanhueza Tortella, Equipo Político Poder Ciudadano – Frente Amplio.
Felipe Parada Méndez, Bacheletista – ex Nueva Mayoría.