A principios de enero de este año, un grupo de históricos militantes de la DC, encabezados por Mariana Aylwin, anunciaba su salida de la falange tras décadas, en algunos casos la vida entera, comulgando con el partido. “Nos mueve el haber llegado a la dolorosa conclusión que la Democracia Cristiana ha tomado un rumbo que – a nuestro juicio- se aleja de una visión propia de la sociedad, desdibujando su identidad. La Nueva Mayoría dejó de ser una alianza de centro izquierda, al estar bajo una clara hegemonía de una izquierda refundacional, renegando del patrimonio de la transición y los gobiernos de la Concertación y abandonando a un vasto sector de la sociedad que no se sintió interpretado por el espíritu rupturista y de confrontación que la caracterizó”, decían.

Entonces, lo de Soledad Alvear este último fin de semana no es nuevo, pues de a poco se ha ido desgranando el choclo.

El primero en desentenderse del partido había sido el vicepresidente de la tienda, Sergio Espejo, cuando en agosto de 2017 anunció “un partido que se traiciona a sí mismo, traicionará luego a Chile”.

La decisión de Espejo pasaba por dos consideraciones. Uno, la candidatura de Ricardo Rincón, cuestionado por un caso de violencia intrafamiliar, y dos, por el periodo de reflexión al que por esos días ingresaba la exabanderada Carolina Goic.

“Necesitamos más liderazgos y no más renuncias”, profería el diputado Fuad Chahín, quien no sabía, porque no tenía cómo, que las dimisiones estarían a la orden del día. Y llegarían de la mano de referentes como ex autoridades de gobierno.

Tras Espejo, quien fuera ministro de Hacienda de Frei, Eduardo Aninat, era quien optaba por cesar su vínculo partidista. “Empieza a apagarse la opción humanista de centro”, anunciaba tras los enjutos resultados de Goic en la primera vuelta presidencial.

Progresismo con Progreso

La renuncia de Mariana Aylwin, más que la de los 30 militantes que la acompañaron el 5 de enero pasado, era acaso tan esperable, o más,  que la materializada por Alvear. A la hija de Patricia Aylwin la había llevado hasta el tribunal supremo por su guiños al movimiento de Andrés Velasco y ella misma había anunciado que en el balotaje no votaría por Alejandro Guillier.

“Nos vamos con la esperanza de poder confluir más adelante con el partido al que hemos dedicado nuestros mejores esfuerzos, donde hemos construido lazos de amistad y, junto a otros, volver a ocupar el espacio político que la Democracia Cristiana hoy ha abandonado, aquel que interpreta a millones de chilenos que quieren cambios, pero defienden su dignidad y su esfuerzo, y no quieren poner en riesgo lo logrado con mucho trabajo”, se leía también en la carta que junto con Alvear habían rubricado Álvaro Clarke, Ana Luz Durán, Baldemar Higueras, Carlos Correa, Clemente Pérez, Delia Del Gatto, Ernesto Tironi, Felipe Del Río, Gabriela Ruitort, Gino Servato, Guillermo Le Fort, Héctor Sánchez, Hernán Garfias, Hernán Herrera, Hugo Lavados, Julio Bustamante, Luciano Gligo, Luis Felipe Cristi, Luis Lizama, Manuel Inostroza, Manuel Llanos, Mariana Aylwin, Mario Jerez, Mauricio Olavarría, Miguel Patricio Aylwin O., Oscar Acuña, Patricio Sesnich, Raúl Martínez, Rodrigo Pablo, Santiago Venegas y Sergio Hernández.

Habrá que esperar ahora si es que a Alvear se le suman otros decé de toda la vida, como su marido, el exdiputado Gutenberg Martínez. “Para mí la Democracia Cristiana es mi segunda familia y no va a dejar de seguir siendo, de manera tal que no voy a hacer ningún daño, todo lo contrario”, ha dicho ella.

Por lo pronto, 600 militantes dejaron la colectividad en lo que va del año, cifra que se suma a los 3.600 de 2017.