Superado el júbilo inicial tras conocerse los resultados de las pasadas elecciones parlamentarias -y la primera vuelta presidencial-, durante los últimos meses el Frente Amplio ha vivido un intenso proceso de reordenamiento interno. Y es que no todos sacaron cuentas alegres.

Dentro de las 13 organizaciones que lo componen, un número importante de éstas comenzaron un proceso de reflexión interno. Mientras unos buscaban componer alianzas “para equilibrar hacia la izquierda”, otros querían una explicación para impensadas derrotas electorales. Las alternativas barajadas no eran muchas: Disolverse, sumarse a un partido más grande o fusionarse entre ellos. Esta última alternativa es la que ha tomado más fuerza y ha sido bautizada como proceso de “convergencia”.

Dentro del Frente, hay al menos cuatro organizaciones que en los últimos meses han iniciado conversaciones para aunar fuerzas, estrategia política, incidencia y trabajo de base. Se trata de Izquierda Libertaria (IL), Nueva Democracia (ND), Socialismo y Libertad (SOL) y el Movimiento Autonomista (MA). Aunque aún no está claro si la “convergencia” decantará en un partido o movimiento político, la idea de todos es más o menos la misma: plantearse como una fuerza real de izquierda en el Frente y hacerle contrapeso al partido más numeroso y fuerte del conglomerado, Revolución Democrática.

—La la idea no es ser un rejuntado de siglas, como la Nueva Mayoría. Nuestro compromiso es conformar una izquierda del siglo XXI que esté constituida sobre una vocación por la crítica, una mirada contemporánea de los problemas del neoliberalismo, una vocación democrática radical de construcción y una concepción de la política como actividad
cotidiana. Si logramos converger pujaremos por gravitar en las definiciones de la coalición, en el marco de nuestra diversidad que vemos como un valor en sí misma- explica Constanza Schönhaut, secretaria general MA.

“No nos interesa ser un partido político lleno de lotes”

Las siglas a las que hacía referencia Schönhaut tienen un pasado en común. La mayoría viene encontrándose en distintos ciclos de movilización desde el año 2001. Compartieron espacios universitarios y de base, se enfrentaron en debates y se nutrieron unos a otros. Y, también, se pelearon.

De las cuatro organizaciones que hoy discuten la convergencia, el movimiento político Socialismo y Libertad (SOL), es el más pequeño y de nacimiento más reciente. Surgidos tras una escisión de Izquierda Libertaria -cuyos miembros provenían mayoritariamente del FEL (Frente de Estudiantes Libertarios) y el OCL (Organización Comunista Libertaria)- se constituyeron oficialmente tras un Congreso en abril de 2017.

Según dicen algunos, fue este grupo el primero en instalar públicamente la opción de la “convergencia”. En enero de 2018, publicaron una carta en La Tercera, en la que invitaban a un amplio espectro de organizaciones dentro del FA a discutir la necesidad de converger.

“Para ser una izquierda pequeña, tenemos una abundancia de siglas indescifrable”, se planteaba la columna, firmada por Antonia Orellana y Soledad Ramírez.

A esa altura, la militancia de SOL –aproximadamente unas 200 personas divididas en seis regiones- ya había zanjado la necesidad de aunar fuerzas. “Como éramos tan pocos, nos demoramos menos en discutir la necesidad de la convergencia”, bromea Antonia Orellana, miembro de la dirección ejecutiva del movimiento.

Para Orellana, existía una necesidad de darle cuerpo a la izquierda del FA, para otorgar equilibrio en una coalición que cuenta con “un sector más progresista, más cercano a la NM, que está muy bien articulado”. Lucas Cifuentes, secretario general de Izquierda Libertaria, comparte el diagnóstico: “La izquierda dentro del FA tiene muy poca capacidad de articulación”.

Estos grupos, junto a Nueva Democracia, comparten definiciones similares: se consideran parte de la izquierda revolucionaria chilena, aspiran a alcanzar una vocación de masas, han discutido largamente –y luego abrazado- la participación institucional y el cómo proyectar un modelo de sociedad post-capitalista. Además del cariz feminista que atraviesa, prácticamente, a todo el FA.

El Movimiento Autonomista, originado en 2017 luego de la expulsión de Izquierda Autónoma de algunos de sus miembros –entre ellos Gabriel Boric-, es el único que no utiliza la palabra “revolución” en su relato. No obstante, las diferencias políticas, afirman en su interior, son mínimas.

—Puede haber momentos problemáticos, pero los procesos eleccionarios de Chile y Latinoamérica dan cuenta de que ahora estamos en otro momento. No podís seguir con la fragmentación de la izquierda—, resume Antonia Orellana.

Referéndum y la opción de un partido

La necesidad de converger, reconocen algunos, tuvo orígenes dispares. Nueva Democracia, organización ligada a la Unión Nacional Estudiantil (UNE) y constituida oficialmente en 2016, enfrentó un sisma que casi lleva a su desaparición. Tras no lograr ningún puesto en las parlamentarias del año pasado, durante este verano se plantearon dos opciones: o se fundían con Revolución Democrática o se adscribían al proceso de convergencia.

“Nuestras grandes apuestas quedaron fuera. Aceptando el fracaso del proyecto, pensamos en la tesis de convergencia, asumiendo que bajo la lógica de hoy, casi ninguna organización de izquierda iba a acumular fuerza por sí misma; había que dar un paso más allá”, explica Marjorie Cuello, dirigente de Nueva Democracia.

Tanto para Nueva Democracia como para Izquierda Libertaria y Socialismo y Libertad, la nueva opción debiese tratarse de un nuevo partido político, referente de la izquierda en el FA. Pero el Movimiento Autonomista se ha tomado las cosas con más calma. Con el triple de militantes de base que Izquierda Libertaria, además de tres diputados que actualmente se encuentran en el Congreso, el MA aún no termina de deliberar el futuro de esta nueva
alianza. Durante la primera semana de mayo se debería ejecutar el referéndum interno donde se decidirá si se adscriben o no la convergencia. Y también en qué términos.

Para ello, el MA impulsará entre su militancia un referéndum similar al realizado para otorgarle o no el apoyo a Beatriz Sánchez como candidata presidencial. A través de un portal intranet, votaron 1395 militantes, de los poco más de tres mil que tiene su padrón total.

La única diferencia es que, ahora, se sugerirán nuevas preguntas, relativas a la “forma” que debería tener el nuevo proyecto. “Entendemos que con el autonomismo no basta para promover el proyecto político que Chile necesita, con miras a la superación del capitalismo”, argumenta Constanza Schönhaut.

Si bien hay territorios donde la discusión interna está prácticamente zanjada, como en Tarapacá, la dirigencia del MA prefiere no adelantar una postura. “Es necesario ordenar al Frente Amplio en torno a proyectos políticos, y no sólo en torno a sobrevivencias orgánicas”, asume Schönhaut.

Los tiempos y el peso de RD

Si bien la mayoría de los dirigentes evitan referirse directamente a sus camaradas de Revolución Democrática, se asume la necesidad tácita de hacer frente a la hegemonía del partido más grande del FA, el cual los multiplica en diputados y militantes y que salió más fortalecido tras la candidatura de Beatriz Sánchez.

Aunque, según los involucrados, hay algunos riesgos que amenazan el proceso. Para Lucas Cifuentes, uno de ellos riesgos es la ansiedad. “El resultado de las elecciones parlamentarias provocó un cierto apuro por desarrollar procesos de unidad que antes de las elecciones no existía (…) a ratos hemos visto mucha ansiedad”, reconoce.

Antonia Orellana, por su parte, identifica más de un peligro. El primero, es que la “convergencia” tarde tanto que los vuelva a pillar “mal parados o no legalizados como partido” en las próximas elecciones municipales. El segundo, es que una vez tomada la decisión de converger, la “forma” termine siendo discutida entre las cúpulas.

Si los cuatro movimientos llegaran a converger, juntos llegarían a aproximadamente 3.500 militantes de base. “En RD, formalmente hay más de 30 mil militantes, pero en las últimas elecciones de su Consejo Político votaron menos de tres mil”, dice Orellana, y añade: “dentro de los movimientos que buscamos la convergencia, la militancia se vive de forma muy distinta. Esta es mucho más activa”.